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Opinión
Etiquetas:   Hablemos sin tapujos   Cataluña   Política  

Donde hablamos de chaqueteros, incremento del paro catalán y otros

“Los científicos se esfuerzan por hacer posible lo imposible. Los políticos por hacer imposible lo posible”. (Bertrand Russell)
Miguel Massanet
sábado, 20 de abril de 2019, 09:10 h (CET)

Es posible que para algunos sea una necesidad, algo inherente a sus personalidades e, incluso, un hábito de autodefensa, pero es evidente que resulta feo, feísimo y dice poco de la hombría, la autoestima o la fiabilidad de aquellos que practican este, desgraciadamente bastante común, vicio del cambio de chaqueta, cuando las circunstancias políticas amenazan cambios y se barrunta que si se mantienen las ideas, las posturas personales, las lealtades o una línea determinada de opinión, es muy posible que pinten bastos, si los cambios previstos tienen lugar. Para algunos puede representar la pérdida de un trabajo, para otros la censura de sus propias opiniones o, incluso ser condenados al ostracismo y no faltarán, tampoco, quienes sientan miedo de que sus propios negocios pudieran peligrar si se mostraran demasiado críticos con aquellos que amenazan con hacerse con el poder, si estos tuvieren medios y facilidades para poder hacerlo.


Y si se habla de ello es porque ya es corriente entre los diversos medios de información, ya no hablemos del sector público, sino del privado, en los que se perciben cambios de criterio, movimientos significativos en cuanto a las valoraciones de determinados temas que antes se aceptaban con complacencia y ahora, ante la posibilidad de un cambio radical en lo que pueda ser el gobierno de la nación española, con un previsible, aunque no deseable, movimiento hacia las izquierdas, muy posiblemente más radicalizado de lo que, en un principio, pudiera parecer; que se podrían considerar como el anticipo de un ¡sálvese quien pueda!, entonado por todos aquellos que, con el cambio que piensan que se avecina, pensaran que tenían mucho que perder de mantenerse firmes en sus convicciones e ideales, a las verdes y a las maduras y decidieran que ya haya llegado el momento de cambiarse la chaqueta azul de la gaviota para enfundarse la roja con la “estelada” catalana y los claveles socialistas. Que con su pan se lo coman, porque todavía quedamos quienes pensamos que hay que resistir con firmeza cuando la suerte se nos pone de espaldas.


Pero, con ser importante que haya personas que a la menor señal de alarma huyan como ratas de la nave que presienten que se va a hundir, sin duda que lo que tenemos por delante, incluidos los dos debates que finalmente van a tener lugar en la TV1 y la Antena 3, va a ser decisivo para el futuro de España. Puede que hayamos dejado en un segundo plano el tema catalán en cuanto a lo que viene significando para la propia Cataluña, aparte de la importancia que se le viene dando por la evidente influencia que los políticos independentistas tienen sobre el señor P.Sánchez y los más que posibles indultos que se viera obligado a otorgar si llegase al poder y los presuntos delincuentes catalanes que están siendo juzgados por el TS fueren condenados por su rebelión contra el Estado español.


Pero puede que, en el caso catalán, fruto del desgobierno que existe en esta autonomía a causa de su absorbente obsesión por el llamado process, que tiene a los políticos soberanistas pendientes de lo que hace relación con sus presos; de sus posibilidades de extender los problemas catalanes al resto de Europa, para intentar internacionalizar el conflicto respecto; de sus posibilidades de conseguir que un nuevo gobierno español fuera más maleable en cuanto a una reforma constitucional que beneficiara sus aspiraciones soberanas y, por encima de todo, cooperar en todo lo posible para que el nuevo gobierno que salga de la consulta del 28 de abril no sea, en modo alguno, de derechas o de una posible coalición de los tres partidos que aspiran a sacar al señor Sánchez de su despacho de la Moncloa. Y es que lo que, en estos momentos, puede que sea lo más perjudicial para los intereses de los propios catalanes, sean soberanistas o de los que están en contra de cualquier tipo de acuerdo con ellos y pretenden seguir siendo españoles aunque vivan en la autonomía catalana, es que, pese a quien pese la vida sigue en las ciudades catalanas, sus comercios necesitan vender sus productos, sus industrias producir mejor y más barato que su competencia interna y externa, los ciudadanos acudir normalmente a su trabajo para poder cubrir sus necesidades y las de sus familias y los estudiantes, tan implicados en todos los actos políticos, en todas las algaradas callejeras, en sus escraches estudiantiles impidiendo la libre expresión de cualquier conferenciante que no sea de izquierdas; quizá sean los más perjudicados al fin y al cabo, porque sus faltas continuas a sus clases para ocupar las calles y plazas con su presencia; serán, sin duda alguna, los que van a salir más perjudicados si, al final de curso, no han recibido la preparación programada aunque, la desidia y complicidad de sus profesores ( en ocasiones, los que más los incitan a rebelarse contra el orden establecido) en el momento del examen fueran más indulgentes con su falta de conocimientos.


Y es que los datos oficiales objetivos, no las elucubraciones, lo que la prensa interesada en apoyar el process dice o lo que las TV catalanas informan; indican una situación que nada tiene que ver con la que la autonomía catalana tenía antes de que la crisis del 2008 hiciera impacto en nuestra nación. En efecto, en los últimos cinco años Cataluña ha pasado de liderar la recuperación del empleo a situarse, el pasado mes de marzo, por debajo de la media española. Por mucho que intenten camuflarlo e ignorarlo, la realidad es que de los miles de empresas que decidieron trasladar sus sede fuera de Cataluña ( 5.500 hasta diciembre del 2018), a otras comunidades como Aragón, Valencia o, especialmente a Madrid, apenas unas pocas han regresado, mientras la mayoría siguen manteniéndose fuera del avispero catalán. El Servicio Público de Empleo Estatal, perteneciente al Ministerio de Trabajo, habla de una desaceleración de la reducción del paro en Cataluña que la ha situado por debajo de la media; cuando, desde el inicio de la recuperación en el 2015 la diferencia respecto a la recuperación de empleos siempre había sido favorable a Cataluña en relación a la media nacional y regiones equivalentes, esa diferencia desapareció en el 2018 y se ha invertido en el 2019.


Lo que más debiera exasperar a los separatistas catalanes es el hecho irrefutable de que desde hace dos años su furia independentista ha provocado el impulso de la economía de su mayor rival, Madrid. Según datos del Colegio Nacional del Notariado la brecha entre la apertura de negocios en Cataluña y Madrid se ha ido agrandando de modo que hasta llegar a ser la mayor en los últimos siete años. En el 2018, la distancia alcanzó la cifra de 2.447 sociedades a favor de Madrid, por el desplome de la constitución de sociedades en Cataluña, que ya acumulaba un retroceso del 13´4% desde el inicio del proceso independentista en 2016. Malas noticias, pues, para aquellos que bravuconeaban de que, una Cataluña libre fuera de España, iba a ser el ejemplo de Europa y que podría ser autosuficiente. Y todos estos señores, metidos en luchas internas por alcanzar el poder, preocupados por mantener vivo el espíritu del independentismo catalán, sosteniendo la antorcha en las instituciones donde tienen representación y obligados a gastar millones de euros para sostener todo el aparato que necesitan para mantener a los fugados perseguidos por los tribunales españoles, pagarles sus sueldos, subvencionar a la prensa cómplice, pagar abogados carísimos para sus procesados, seguir incrementando su plantilla de funcionarios, especialmente las plantillas de mossos de escuadra lo que, para ellos, constituye el núcleo de un futuro ejército para su utopía independentista.


Es de estos de los que depende el señor P.Sánchez y, de su apoyo en las Cortes generales, es de donde ha conseguido ir aprobando la revalidación de todos los decretos-ley que, por necesidades de captación de votos, se han visto obligados los socialistas, en una demostración de lo poco que les importan los medios de que se valen, siempre que acaben siéndoles favorables, pese a que, para cualquier observador imparcial, estos procedimientos utilizados en periodo electoral se considerarían reprobables, faltos de ética y, evidentemente, rozando la inconstitucionalidad. Pero a ellos sólo les importa el alcanzar el poder cualquiera que sea el precio que tengan que pagar por ello.


O así es como, señores, desde la óptica de un ciudadano de a pie, todavía sorprendidos por la evidente y forzada rectificación de última hora del señor P.Sánchez, dando una vez más la razón a todos aquellos que dicen que solamente acierta cuando rectifica algo que, por lo visto, se ha convertido en práctica habitual en su gobierno y que, como se ha podido comprobar, muchas de sus ministras se han visto obligadas a hacer después de sus numerosas metidas de pata. Esperemos que los dos debates programados, muy juntos por celebrarse en dos días consecutivos, sirvan para aclarar las ideas a los españoles y muestren quienes son los que tienen un plan beneficioso para todos los españoles y los que van de bluf, intentando dar la sensación de que son capaces de resolver, de un tacazo, la cuadratura del círculo apelando la credulidad de muchos que todavía creen que el maná cae del cielo sin necesidad de esforzarse, trabajar y ganárselo con el sudor de su frente. Luego vendrán los desengaños.,

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