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Opinión
Etiquetas:   Carta al director  

Los visitantes

José Carlos Navarro (Mérida)
Redacción
sábado, 6 de mayo de 2006, 04:15 h (CET)
No se vaya a creer que le estoy hablando de una nueva civilización extra-terrestre que visita nuestro planeta. Están en España y son humanos. Son cada vez más y en condiciones más precarias. Algunos de ellos llegan al suicidio, son incluso denunciados. Otros que no tienen siquiera esa categoría llegan incluso al asesinato. Se les ve pulular desde 1.981 hasta hoy. El año pasado se favoreció la forma de pertenecer a este selecto club, mediante una ley. Sólo pueden visitar a sus hijos cada dos fines de semana porque se lo dictan ordenes superiores, en el caso más favorable, siempre y cuando no se lo impida quien cuida del visitado. Hace un año el fiscal general del Estado, Cándido Conde-Pumpido hizo un informa favorable para que no existieran estos visitantes, pero hasta la fecha sus mandato jerárquico ha servido de poco para eliminar su existencia, porque al ser obligatoria la decisión de los fiscales, éstos no están por la labor. Los visitados entran en una categoría especial de menores con padre y madre. Ahora Conde Pumpido dice que legitima a los fiscales a actuar contra los medios de comunicación que vulneren los derechos del menor, se entiende de todos ellos. Sin embargo hay muchos menores que no tienen esos derechos -proclamados universalmente- a disponer de padre y madre por igual, aún teniéndolos, puesto que es el Estado el que obliga a uno de ellos a ser visitante. Es evidente que me refiero al padre que se le condena a ser visitante por decisión judicial, como consecuencia de una separación o divorcio.

El visitante no destroza el planeta, sino que sufraga los gastos de manutención del visitado y muchas veces de la persona que vive con éste. Son cada vez más numerosos y en tres meses hoy en día, se puede obtener el título de visitante, habiendo casos incluso de desconocido visitado. Menos tiempo si el que tiene opciones a visitante es denunciado por malos tratos.

No hablen de derechos de los menores, cuando la existencia en sí del visitante es el mayor insulto, en primer lugar a la protección de los derechos de los hijos, y en segundo lugar a la dignidad humana de estos visitantes que son sus padres.

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