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Opinión
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¿Es pecado ser de derechas en España?

Las izquierdas hacen campaña para demonizarla
Miguel Massanet
domingo, 7 de abril de 2019, 07:06 h (CET)

¿Podemos afirmar, con la seguridad de no estar equivocados, que esta España de hogaño es una verdadera nación democrática? ¿Estamos, de verdad, convencidos de que tenemos un Gobierno que se ajusta, en cuanto a su forma de gobernar, a los principios políticos, éticos y funcionales que inspiraron la división de los tres poderes básicos que deben existir en cada Estado, según el filósofo Montesquieu? Y, aun así, suponiendo que aceptemos que los tenemos ¿funcionan todos ellos de acuerdo con las reglas que, cada uno de ellos, está previsto que respete?


¿Existe y es aceptado, en España, el derecho de cada individuo a tener su propia ideología?, ¿ Es posible manifestar libremente lo que uno piensa, cualquiera que fuere su ideario político, sus creencias religiosas, filosóficas o su concepto de Estado? ¿Tenemos, de verdad, en esta España de hoy, la suficiente libertad de expresión que permita, a cualquiera, declararse de derechas o, aún voy a decir más: decir en voz alta que comparte muchas de las ideas del régimen anterior, sin que ello suponga quedar expuesto a una avalancha de descalificaciones, insultos, amenazas y, posiblemente, según donde se dijera, agresiones físicas? Podemos decir que existe democracia en nuestro país pero, de hecho, existen muchas posturas, ideas, pensamientos y sentimientos ( no precisamente de tipo nazi o fascista) que, aunque siguen arraigados fuertemente en el pecho de muchos ciudadanos, a los que los cambios que llegaron con la transición, especialmente la legalización del PC o la reconversión de las regiones y provincias en autonomías, no los han digerido y continúan creyendo que fue un gran error el que la descentralización del país, como se ha visto a posteriori, haya llevado a España a una situación en la que la unidad de la nación española depende de que, los que aspiran a gobernar el país tengan que ceder ante los separatistas catalanes y vascos y someterse al chantaje que se les exige, para poder seguir en el poder.


Si usted tiene que vivir en Cataluña, deberá acostumbrarse a cerrar la boca y abstenerse de expresar según que opiniones sobre el independentismo y soberanismo catalán, si no quiere tener el peligro de tener que enfrentarse a algún energúmeno que, lo menos que le va a decir, es que Ud. es un “español de la mierda” y, seguramente, no tardará en añadir que lo mejor que puede hacer es marcharse de Cataluña porque, esta autonomía, “no pertenece a España y sí a los catalanes”. Pero, no es solamente en Cataluña y el país Vasco donde está mal visto ser español y de derechas, sino que han sido tantas las cesiones de los actuales gobernantes del país, los socialistas de P.Sánchez, que han ido otorgando a los partidos de izquierdas y extrema izquierda; que hemos entrado en una fase en la que todo lo que no sea declararse incondicionalmente como defensor del feminismo; entusiasta de las lesbianas y los homosexuales; partidario de los matrimonios entre estas gentes y de que puedan adoptar hijos estas familias de gay y lesbianas o, mostrarse de acuerdo con la estrella de las reivindicaciones feministas y comunistas: el aborto libre, como máxima expresión de la facultad de las hembras de disponer libremente de todo lo que haga referencia a su cuerpo.


No se atreva a hablar de supresión de autonomías, de limitación y recorte drástico de sus competencias o no tenga la debilidad de decir que, quienes están robando a los españoles y gastando el dinero de nuestros impuestos, no son, como ellos se cansan de decir para fomentar el odio de los catalanes hacia España, los españoles sino el gobierno de Cataluña que invierte el dinero de la financiación del Estado, del FLA y de las subvenciones que se les dan, en poner en marcha el llamado “process” encaminado a conseguir la independencia y en empezar a dotarse de una serie de instituciones catalanizadas para, cuando llegue el momento de tener que sustituir a la Administración del Estado, estar preparados para poder reemplazarla inmediatamente. Esta es, señores, la cacareada libertad para expresarse libremente que, a sensu contrario, ellos, los de las izquierdas hacen gala de no tener obstáculo alguno para poder decir todo lo que les dé la gana sin que tengan peligro de que se les acuse de violar la Constitución ya que, se han acostumbrado a que dicha institución, que debiera de ser la referencia absoluta para todos los españoles, ya se está convirtiendo en algo que cada uno que se lo proponga, se encuentra en condiciones de ningunearla siempre que, claro, no sea alguien de la derecha, en cuyo caso el peso de la Ley caerá inexorablemente sobre él.


Y luego los hay que todavía sigue extrañándose de que se produzca el extraño fenómeno de la crecida exponencial de VOX. Un partido que no ha tenido objeción alguna en aceptar todo aquello que, apenas hace unos años, antes de la llegada de esta vapuleada democracia en la que nos tenemos que mover, era normal en todo el país, aquellas reglas de convivencia que nos hermanaban a todos, aquella unidad apenas amenazada por pequeñas muestras separatista en Cataluña y las barbaridades de ETA con su cadena interminable de crímenes. ¿Qué se ha hecho de la herencia romana o de la cultura judeo-cristiana? Si, a la Guerra Civil de 1936, se le quisiera encontrar una justificación, un motivo o una utilidad para los españoles, que pudiera justificar el derramamiento de tanta sangre, seguramente se podría concretar en la necesidad de poner orden en un país en el que, la II República, se había convertido en una verdadera caricatura de lo que debía ser una sustitución de una monarquía, a la que se le achacaba la pobreza del pueblo, una forma de gobierno que, en pocos días, consiguió acabar con todas aquellas esperanzas que muchos ilusos habían puesto en ella y que se derrumbaron poco después de ser proclamada cuando, los crímenes que ya se estaban cometiendo antes de su proclamación, no sólo no disminuyeron sino que fueron adquiriendo, a medida que pasaban los días, la forma de una epidemia que amenazaba con la autodestrucción del Estado y, lo que fomentaba la URSS de Stalín, la promotora de los frentes populares en Europa, la implantación de un régimen soviético en la península Ibérica. El 18 de julio de 1936, a diferencia de cómo lo quieren pintar las izquierdas y los prevaricadores de la Memoria Histórica, fue solamente aplicar la medicina que, en aquellos momentos de caos, necesitaba urgentemente la nación española. Sin duda, sin aquel levantamiento la historia de Europa seguramente habría tenido otro relato, en manos de aquel asesino de masas que fue José Stalin.


Seguro que nos esperan tiempos difíciles porque, como sucede frecuentemente a través de las distintas etapas por las que ha ido pasando la humanidad, como ya dijo Cicerón mediante aquella frase tan conocida: “Historia magistrae vitae est”, la mejor fuente en la que deberíamos poner nuestra mirada ante la necesidad que, en ocasiones, tenemos de intentar anticipar lo que va a suceder en un futuro, de volver la vista hacia lo que nos enseñan los acontecimientos parecidos con los que se enfrentó, en tiempos pasados, la humanidad e intentar sacar provechosas enseñanzas de lo que sucedió en aquellas ocasiones. No son, precisamente, demasiado halagüeñas las informaciones acerca de lo que prevén las encuestas para los comicios del día 28 de este mes y, tampoco, lo que se nos anticipa con la constatación de que cada vez el orden en las calles, los controles de los delitos y delincuentes, el aumento de determinados crímenes e infracciones, especialmente contra la propiedad privada y las personas, un concepto devaluado por las insistentes y obtusas actuaciones de las administraciones en manos de la izquierda que, sin que parezca que nadie se queje con fuerza contra tamañas arbitrariedades, no dejan de ponerse, cuando les conviene, la Ley por montera para tomar decisiones, como las de la señora Colau en Barcelona, que, aparte de constituir claras intromisiones en el ámbito de la propiedad privada, comportan importantes pérdidas para ciudades como Barcelona que, debido a las prohibiciones y moratorias que afectan directamente al turismo de la ciudad, es evidente que el sector hotelero está pasando por un mal momento y, lo que todavía es peor, un descuido municipal respecto al desorden, la suciedad, la inseguridad en las calles, el aumento de los delitos de hurto y el problema de la invasión de los manteros, factores que ya están empezando a presentar factura al sector turístico de la ciudad, por mucho que se intente ocultar por la prensa catalana, que intenta disimular estas carencias cuando se está en plena campaña de propaganda independentista, para que no se pueda decir que Cataluña se ha convertido en un refugio de malhechores, punkies y okupas.


Sin embargo, es preciso que seamos capaces de mantener en pie lo que siempre ha sido característica de la derecha: la cordura y el saber sobreponerse a la adversidad sin desfallecer en el intento de superar las pruebas que se nos pongan delante. El mantenernos firmes ante los acontecimientos con los que está amenazada nuestra patria, si los socialistas forman gobierno con comunistas e independentistas, intentando mantener el espíritu de lucha con el que siempre se ha conseguido superar las adversidades, no dando tregua a quienes, con toda seguridad intentarán destruir mucho de lo conseguido durante años de trabajo que les han precedido, una de las consecuencias del paso por los gobiernos de las izquierdas, para concluir, cuando se les acabe el dinero y hayan dejado exhaustas las Arcas del Estado, como le sucedió a Rodríguez Zapatero, abandonando sus responsabilidades para traspasarle a la derecha la misión de arreglar el desbarajuste.; momento en el que estaremos en condiciones de exponer, usando el método de poner en evidencia, ante la ciudadanía, los efectos nefastos de una administración de gasto público desmesurado y de falta de control del endeudamiento público y el déficit público desmesurado; los resultados de una política trasnochada, como es la que piensan poner en práctica los aspirante de las izquierdas a formar nuevo gobierno.


O así es como, señores, desde la óptica de un ciudadano de a pie, vemos como, cada día que pasa, se va acercando el momento de acudir a las urnas sin que seamos capaces de entender cómo, después de los casos de incompetencia, rectificaciones, trampas, utilización desmesurada e injustificada del sistema extraordinario de publicar leyes, por medio de decretos-ley y la evidencia de que, la izquierda entera y el independentismo, se han conchabado para evitar el triunfo de la derecha; todavía, la gran mayoría de los ciudadanos, que no comulgan con las teorías de la izquierda de acabar con la unidad de España y de emprender políticas de aumento del gasto público que, como es obvio, significará que nos van a poner impuestos por todas partes; no se hayan concienciado de que es preciso arrimar el hombro y votar, en conciencia, a quien veamos capaz de acabar con esta avalancha del comunismo venezolano y el separatismo catalán. 

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Anna Llusent i Nuri 07/abr/19    14:27 h.
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