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Etiquetas:   Hablemos sin tapujos   Política   Cataluña   Pedro Sánchez  

Cataluña ocupada. El Rey, un invitado no deseado, es rechazado

Y mientras, el señor P.Sánchez sigue insistiendo en dialogar con los independentistas
Miguel Massanet
martes, 26 de febrero de 2019, 14:57 h (CET)

No alcanzamos a entender cuáles puedan ser los argumentos que se puedan seguir arguyendo para seguir esta farsa que tiene montada el actual gobierno del Estado español, para seguir insistiendo en mantener el “diálogo”, las reuniones, los contactos secretos o el ofrecimiento de más cesiones a quienes ya han dado suficientes muestras de no estar dispuestos a otra negociación que no sea para determinar la fecha y las condiciones con las que se les debe entregar la comunidad catalana, a aquellos que siguen insistiendo en conseguir su independencia.

De hecho, no es muy difícil seguir la estrategia que el señor P.Sánchez y su gobierno tienen pensada para darle un vuelco total a la democracia española y, de paso, acabar de un plumazo con el sistema actual de gobierno, recogido en nuestra Constitución de 1978. La brusca virada del líder del PSOE y todos los que forman su actual Gobierno ( ahora ya sin excepción alguna) hacia posiciones que ha pasado de centro izquierda a otras mucho más equiparables a las de Podemos, suponemos que con la aviesa intención de apoderarse de sus votantes para conseguir arrimar el ascua a su sardina que, en esta ocasión, conlleva el atraerse a muchos de sus antiguos militantes que creyeron encontrarse mejor representado en las filas de Pablo Iglesias, cuando se produjo el boom de la irrupción del comunismo bolivariano en España.

Sin embargo, el señor Pedro Sánchez, como es habitual en su gobierno camaleónico, tiene capacidad de mostrarse bajo un distinto aspecto según le convenga a sus designios. Se muestra afable y educado cuando trata con Felipe VI; contundente y grosero cuando ataca a Casado; al señor Albert Rivera, de Ciudadanos, le reprocha que no pactase con ellos y con los suyos, antes de abandonarlos cuando decidieron aliarse con los catalanes para poder formular la moción de censura contra el señor Rajoy. Con VOX ya no se mete, porque sabe que es un hueso demasiado duro para poderlo roer, por lo que prefiere ignorarlo y sólo lo menciona para reprochar al PP que, en Andalucía, confíe en sus votos para poder gobernar. Sin embargo, no hace más que coquetear con la república, en esta ocasión encarnada por la utópica que pretenden sostener desde el extranjero el señor Puigdemont y su satélite en Cataluña, el señor Torra y toda su camarilla de separatistas que, tristemente, y gracias al apoyo que reciben del señor Iceta y del propio Sánchez, en lugar de estar formando parte de aquellos que están siendo juzgados ante el TS por su calidad de presuntos delincuentes que han atentado contra la integridad de España.

Resulta poco menos que ridículo, absurdo, sectario, exasperante y desleal para España y sus instituciones, en este caso el poder judicial, la forma completamente carente de todo fundamento jurídico, técnico, razonable y legal con la que la prensa, las TV y las radios catalanas están siguiendo el discurrir del proceso contra los políticos catalanes que, presuntamente, atentaron contra los intereses de España y contra su unidad territorial. Periódicos supuestamente objetivos, llevan años que han dejado de serlo completamente, entregados a la causa del catalanismo más extremo. La Vanguardia del grupo Godó no deja de aprovechar cualquier oportunidad que se le presenta para que, a través de sus editoriales o de columnistas tan destacados por su cerrilidad, empecinamiento, obnubilación catalanista y sectarismo, como la señora Rahola que no cejan, desde su columna en el periódico catalán, de lanzar diatribas en contra de España, sus instituciones, sus gobiernos y ahora, especialmente furibundos a la par que carentes de cualquier fundamento, intentando dar la sensación de que, los discursos políticos a los que están intentando apelar la defensa de los enjuiciados separatistas ( a nuestro juicio completamente ajenos a lo que se está juzgando, que no tiene nada que ver con ideologías y sí, muy concretamente, con infracciones específicas de determinados artículos de nuestro vigente Código Penal que, fueren cuales fueren los que incurrieren en los delitos en el tipificados, excepto el Rey, deben responder ante la Justicia, sin que valga contra la acción de los tribunales encaminada a juzgarlos y, en su caso, sancionarlos con las penas contempladas para cada uno de ellos, argumentos de tipo político, idealistas o religioso. La Ley está para ser cumplida y todo aquel al que se le demuestre haberla infringido, debe ser sancionado de acuerdo con las normas penales que correspondan serle aplicadas.

Resulta cansino, pesado y, evidentemente, intencionado y fuera de lugar, el hecho de que el periódico de los Godó no pase día que no cargue a través de su equipo de periodistas y desde todos los ángulos posibles, contra el tribunal, los fiscales y la acusación particular; como si, en lugar de ser el equipo de profesionales que representan leal y profesionalmente a la Justicia de la nación, fueran los inquisidores de tiempos del famoso Torquemada. El apoyo que se hace por este periódico que, a veces, parece más un panfleto que una publicación que presume de objetividad, resulta desde todos los puntos de vista una pretensión de prejuzgar a quienes están acusados de delitos tan graves como sublevación, secesión, prevaricación y malversación de caudales públicos, entre otros, como desobediencia o asumir funciones que no les son propias; no se entiende que, en contra de todas las opiniones de expertos en la materia

(Catedráticos, magistrados, jueces, jurisconsultos etc.). Aquellos que, con una mayoría avasalladora, apoyan la labor de los magistrados del TS y, apenas unos pocos (curiosamente casi todos catalanes), sean los que se atreven a opinar en contra, más de la mano de sus sentimientos personales que desde apoyos documentales y técnicos.

Pero se trata de alimentar el morbo popular, no dejar que decaiga ni un momento la batalla que han decidido librar en contra del Estado español mientras intentan, a través de su diplomacia externa, involucrar a países o grupos políticos para conseguir el apoyo para su causa aunque, hasta este momento, no hayan conseguido obtener de ningún país o institución europea el respaldo solicitado. Pero, como ocurre con el señor Puigdemont, un sujeto con más conchas que un galápago que ha sabido librarse de la cárcel mientras, desde su refugio en Bélgica, sigue intentando mantenerse en el machito, con la intención de gobernar desde la lejanía a su particular “república” catalana mientras, los que se quedaron para afrontar las consecuencias de sus actos, llevan un par de años de privación de libertad y sometidos a un juicio que puede acabar en sentencias que los lleven a permanecer en la cárcel durante muchos años. Si, como se viene pidiendo por aquellos que saben que la retirada prematura del 155 de Cataluña fue la causa de que los separatistas, sujetos pero no vencidos, pudieran volver a recobrar las fuerzas que la intervención del 155 les había mermado y las emisoras y periódicos catalanes, que tanto influyeron en la celebración del ilegal referendo del 1.O y sus inmediatas consecuencias, incomprensiblemente, no fueron cerradas y desmanteladas, siendo sometidos a juicios quienes se destacaron en el apoyo a la acción revolucionaria que, una parte de los catalanes, intentaron llevar a cabo y, en parte, lo consiguieron.

Por raro que nos pueda parecer, el Jefe del Estado español está vetado en una de las comunidades del país. Don Felipe VI tiene que, cada vez que acude a Cataluña, pasar por las Horcas Caudinas de ser sometido a desplantes, manifestaciones y acusaciones que, evidentemente, el gobierno del señor Sánchez, en lugar de mirar hacia otro lado, no debiera de haber permitido en ninguna de las ocasiones en los que, semejante trato al rey, se ha producido. Sólo la serenidad, la valentía y la fortaleza que Felipe demuestra en todas estas ocasiones, permiten que la monarquía salga ilesa de todas las pruebas a la que es sometida. Y es que todo hace suponer que, en estos momentos de gran convulsión para los españoles, nadie pone en duda que por mucho que el señor Sánchez se muestre correcto con los reyes, si llegado el caso de que, los comunistas o separatistas, para seguir apoyando al socialismo, le pidieran que acabara con la monarquía, con toda seguridad haría lo posible para conseguirlo. Otra cosa es que lo lograra, porque esto ya son higos de otro costal.

Es imposible comprender como, a estas alturas de la cuestión catalana, cuando llevamos años soportando las mismas reclamaciones, los mismos desplantes, las mismas acusaciones y la gran vergüenza a la que nos han sometido los gobiernos de izquierdas y derechas que se han sucedido durante los años en los que, los separatistas catalanes se han reforzado, han ganado apoyo ciudadano y han intentado convertir su particular lucha para conseguir su independencia en un problema internacional, con la pretensión de que fuera tratado en el mismo Parlamento Europeo ( hasta ahora, afortunadamente, sin el menor éxito); no haya habido ningún gobierno que haya puesto las cosas en su sitio librándonos de esta continua amenaza que, en casos de un gobierno débil como es el socialista que ahora nos gobierna, entraña el gran peligro de que cualquier advenedizo, como es el caso de P.Sánchez, solamente para garantizarse un poder que nunca había soñado alcanzar, llegue a tener la tentación de llegar a acuerdos espurios con los políticos catalanes, en los que les haga promesas de más independencia, de tipo federalista, que, si no ahora, dentro de uno o dos años, pudieran hacer valer si las circunstancias les fueran propicias

O así es como, señores, desde la óptica de un ciudadano de a pie, sentimos que, lo que antes se entendía como una democracia unida bajo una Constitución, con unas instituciones que eran garantes de que la salud democrática de que España nunca pudiera ser puesta en cuestión; bajo la batuta de un señor que ha dado muestras de su cerrazón mental, sus brotes de sicopatía totalitaria y su falta de respeto por los preceptos constitucionales; pueden llegar a ser la causa de que en esta nación, los ciudadanos españoles, las instituciones y todo aquello que nos ha acompañado durante años de convivencia, pudiera llegar a desmoronarse, si es que se les permite a todos estos que vienen intentando convertir al país en un estado descompuesto, quizá expulsado de Europa y en manos de aquellos que nunca pudimos pensar que volverían a formar parte de la política patria, seguir dirigiendo el país. Mucho nos tememos que no tengamos tiempo a reaccionar adecuadamente si no somos capaces de sacudirnos el yugo de esta izquierda, dispuesta a acabar con el orden, la Justicia, la convivencia y las libertades del pueblo español, nunca tan puestas en cuestión como en estos momentos de gran tormenta política por los que estamos pasando. O nos rebelamos contra ello o claudicamos y nos resignamos a formar parte de una nueva nación bananera

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