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P.Sánchez, crispado, intenta disimular su fracaso catalán, atacando al PP

“Un gran error es arruinar el presente, recordando un pasado que ya no tiene futuro” Anónimo
Miguel Massanet
domingo, 10 de febrero de 2019, 09:37 h (CET)

No por inesperada y sorprendente, la evolución que se le ha dado al caso catalán, no deja de ser unas más de las estrategias usadas por el señor P.Sánchez, enfrentado a una situación a la que no esperaba enfrentarse e, impulsado por una reacción que nunca pensó que se pudiera producir entre los miembros de su propio partido aunque, en realidad, ya estaba avisado por algunos de sus varones de que, el pretender forzar la marcha en el tema catalán, pasándose de la raya roja que se le había marcado en el propio congreso del PSOE, seguramente sería recibido de una forma poco amistosa, criticada y agresiva por aquellos barones que, aparte de tener posturas contrarias a cualquier negociación con los separatistas que pudiera entenderse como una cesión que pudiera considerarse como contraria a los intereses de España, por añadidura, concurriera con la circunstancia de que estamos a poco tiempo de las elecciones autonómicas y municipales y, si dejamos aparte la cita europea en la que, tanto nuestra nación como los partidos políticos, se jugarán parte de su futuro, como sería en el caso de que las izquierdas o los populismo consiguieran una implantación importante en el nuevo Parlamento Europeo.. No me cabe la menor duda de que, la intervención del señor Felipe González con un verdadero exabrupto dirigido a Sánchez respecto a la patochada de querer incorporar, a la mesa de negociaciones con los separatistas catalanes, a una especie de mediador, primero como observador extranjero y luego, ni ellos mismos supieron cómo definirlo, hablando de una suerte de “relator” al que la señora Calvo fue incapaz de fijarle una misión concreta, en la rueda de prensa que concedió, metiéndose en un jardín del que no supo salir, dejando a la prensa tan in albis como lo estaba antes de acudir a la conferencia de la vicepresidenta.



El frenazo que ha supuesto el anuncio del Presidente de que se habían roto las negociaciones con los políticos separatistas catalanes, nos pone ante una serie de escenarios que se prestan a distintas interpretaciones. El primero, la más evidente, un intento tardío de intentar vaciar de contenido la magna manifestación, convocada para los ciudadanos españoles para demostrar su repulsa respecto a cómo se está llevando el tema catalán, dónde es evidente que más que negociaciones lo único que sucede es que los catalanes siguen arrancando, poco a poco, sucesivas concesiones del Gobierno, mientras éste sigue empeñado en conseguir el apoyo a los PGE, cueste lo que cueste, cumpliendo ( ahora ya se conocen) la lista de peticiones que los negociadores catalanes le entregaron al señor Sánchez y que él se guardó, sin darlas a conocer al resto de españoles hasta que, han sido los propios separatistas del señor Torra, quienes les han dado publicidad; seguramente con el propósito de forzar a Sánchez a que apoye su causa a cambio del compromiso de que ellos apoye, a su vez, los PGE socialistas.



No supo prever la reacción rápida y fulgurante del señor Casado que supo encender, entre la ciudadanía, la idea de que en los encuentros Estado-Generalitat, se estaba fraguando una traición a España y al pueblo español. Es por ello que, tocado por la estrategia de la oposición ha tenido que hacer marcha atrás, para intentar salvar lo que pueda de esta legislatura y procurar evitar lo que ya se da por seguro en todos los mentideros políticos: la celebración de unas nuevas elecciones para mayo o, más posiblemente, para el otoño próximo. Ambas posibilidades tienen sus inconvenientes si tenemos en cuenta que, en mayo, tenemos las autonómicas y municipales junto a las europeas, lo que crearía una situación en la que los ciudadanos tendrían que votar tres veces con la correspondiente posibilidad de que se creara una gran confusión, debido a los distintos objetivos planteados en cada una de dichas consultas. Y si hablamos de octubre ya es muy posible que, algunas de las promesas imposibles que, durante el principio de su mandato, había prometido a los ciudadanos, no se hubieran podido o querido llevar a cabo; la presentación de una España floreciente y con un empleo creciente se hubiera disipado debido a que ya está bastante generalizada la idea de que vamos a enfrentarnos a una contracción de la economía, los empresarios no contratan con tanta alegría como lo venían haciendo últimamente y menos lo harán si dejan de utilizarse los contratos a corto plazo, lo que redundaría en una contracción de las ofertas de trabajo, la resistencia a invertir en ampliaciones de instalaciones o aumentos de producción, alertados ante la posibilidad de que la contracción de la economía no acabara convirtiéndose en una nueva crisis, como la que nos llegó a partir del 2008.



También el cambio de estrategia de P.Sánchez puede suponer un último intento para que, los separatistas y Podemos ( de hecho todas las pegas que había puesto P.Iglesias a apoyar los PGE de los socialistas se han esfumado por completo y ya le ha dicho al líder socialista que cuente con ellos) ante el peligro de que la Derecha pudiera volver al poder como parece anunciarse en las elecciones autonómicas y municipales, en las que la suma de PP, Ciudadanos y VOX, podrían dar posibles mayorías, como la que se ha inaugurado en Andalucía, acabaran con sus posibilidades de mantener en el poder a las izquierdas. Con esta advertencia avisa a los separatistas que si la actual legislatura tiene que adelantar elecciones, debido a la falta de apoyos al actual Gobierno, hay la posibilidad de que las derechas o sus coaliciones les aparten del gobierno y, en tales circunstancias, las posibilidades de que los catalanes pudieran aspirar a mejorar su situación serían remotas y, por el contrario, se aumentarían las de una nueva implantación del 155 que, en esta ocasión, sin duda alguna, no sería tan moderado, inocente o limitado, como sucedió en la anterior ocasión en la que se implantó. Un riesgo que todavía está por ver si, el día 12, fecha en la que se van a discutir los presupuestos para el 2019, no tuviéramos la sorpresa de que acabaran por apoyar de nuevo a los socialistas.



Claro que la situación interna entre los distintos partidos que apoyan la secesión de Cataluña, dista mucho de ser favorable a acuerdos comunes y la propia ERC sigue sin estar de acuerdo con el PDECat y éste, pese a ser carne de la carne del señor Puigdemont, su antiguo presidente, tampoco está en completa sintonía con el nuevo partido de éste último, la Crida por Cataluña; lo que hace imposible pronosticar aquello que vaya a suceder en dicha fecha y los resultados finales de la votación. Tenemos la sensación de que, a pesar del desprecio que, externamente, el Gobierno socialista demuestra ante la concentración popular que se espera para mañana, domingo, si la participación, como se espera, llega a ser masiva y Madrid queda convertida en una magna y multitudinaria concentración de españoles que exhiban la bandera nacional y coreen vivas a España, es evidente que nadie podrá dejar de entender el mensaje o hacer oídos sordos al hecho de que exista una parte importante de los españoles, representados en la concentración, que no están de acuerdo con el rumbo al que conducen a España los gobernantes y grupos políticos de izquierdas que, no debiéramos olvidarlo nunca, fueron los verdaderos causantes de que nuestro país afrontara, de la peor manera posible, una crisis que significó que llegáramos a cotas de desempleo que duplicaron y triplicaron la del resto de países europeos.



Y una tercera posibilidad que no supone excluir los motivos anteriores, sino complementarlos. Se trata de la necesidad en la que se ha visto P.Sánchez de calmar a sus propios seguidores y, en especial, a aquellos de sus barones que, en esta ocasión ya se han dejado de disimulos, componendas o simples puntualizaciones, para declarar abiertamente su disgusto y disconformidad con la forma en la que el equipo de Sánchez estaba llevando las negociaciones con los soberanistas catalanes. Sin duda, en esta ocasión, el astuto y cauteloso líder del PSOE no ha calculado las consecuencias de su salida de tono que, si no se produce alguna nueva circunstancia que le favorezca, es muy posible que se produzca una inflexión en la política nacional que pudiera poner en marcha una nueva consulta ( no, por supuesto, el referéndum solicitado por los políticos secesionistas) electoral en la que, como ya debía de haber hecho el señor P.Sánchez, si hubiera cumplido las promesas que hizo cuando formuló la moción de censura contra Rajoy, sean los votos de los españoles y no una combinación, legítima, sin duda, pero poco democrática de aprovecharse de un procedimiento excepcional y, previsiblemente, mero antecedente de una convocatoria electoral; los que decidan qué clase de gobierno quieren para España.



Cuando escuchamos a una señora como, Ester Capella, consellera de Justicia de la Generalitat, en una entrevista que le hizo el señor Herrera de la Cope, una persona que presume de su amor por la justicia y su respeto por las leyes, desbarrar acerca del problema catalán, repitiendo una y mil veces la palabra “espacios de diálogo”, cuantos más mejor, para ir tratando el problema catalán que, por supuesto, no lo trató como una simple actitud de desobediencia, de prevaricación cometida por unos funcionarios que deberían cumplir las leyes y la Constitución, una desobediencia al Tribunal Supremo y al Constitucional. No se le ocurrió a esta “experta jurisconsulta” que nadie está por encima del imperio de la Ley y que, ni ella ni los demás que se están sublevando contra la legalidad y el Estado de Derecho, son nadie ni tienen competencia alguna para plantear una reivindicación como es pedir al Estado español que conceda la independencia de una parte del mismo, sólo porque a una minoría ( se olvidan cuando hablan de un 80% de ciudadanos que piden el referendo ) que existen en Cataluña más de un 50% de catalanes que no desean la independencia de la autonomía catalana. ¿Discutir sobre qué, señora mía? ¿Se olvida esta señora que, en cada ocasión en la que se han reunido con representantes del Gobierno central, nunca han estado dispuestos a dialogar sobre nada, ni sobre financiación tampoco, que no contemplara la celebración del referendo y de tomar en serio y prepararse para una futura segregación de Cataluña de España?. Ahora mismo, quien escuche a este lunático de Torra, podrá enterarse de que este señor no busca más que dos cosas: la una el perdón o, mejor dicho la anulación de los cargos existentes contra los encarcelados sometidos a juicio y, la otra, el poner los primeros peldaños para la concesión de la independencia a la “república catalana”. Fuera de estas cuestiones es evidente que no les importa nada más de lo que se les pudiera ofrecer, incluso cosas que el resto de autonomías no están dispuestas a conceder.



O así es como, señores, desde la óptica de un ciudadano de a pie, nos hemos alegrado de que, por fin, alguien haya decidido protestar abiertamente contra una política nefasta que, aparte de poner en duda la unidad de la nación española, amenaza con implantar en nuestro país un sistema de gobierno autoritario, intervencionista, tolerante con el delito y contrario al derecho de propiedad, todo ello acompañado de una limitación de las libertades individuales, un adoctrinamiento de izquierdas y una enseñanza que apoya por encima del trabajo, el esfuerzo, la aplicación y el mérito, el fomentar la vagancia, permitiendo que individuos, por el mero hecho de pertenecer a las clases menos favorecidas, tengan derecho a becas, aunque su rendimiento en los estudios esté por debajo del simple aprobado. Todo lo contrario de los que se debería hacer, dando preferencia a disfrutar de las becas a los alumnos con mejores calificaciones, que más rendimiento han tenido en sus estudios y que más empeño han puesto a lo largo de su periplo por las aulas. Ya era hora de que, el pueblo español, reaccione y salga a la calle para demostrar a quienes pretenden cambiar al país desde las algaradas callejeras, que también hay españoles que saben manifestarse aunque sea pacíficamente y en orden.

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