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Etiquetas:   Hablemos sin tapujos   Política   Europa  

¿Qué sucede en Europa? La reacción inesperada hacia la derecha

¿Hablamos de extrema derecha o simplemente de derechas a las que, los perdedores de la izquierda y los incapaces del centro, intentan demonizar?
Miguel Massanet
martes, 18 de diciembre de 2018, 00:00 h (CET)

Se ha querido dar un vuelco al sistema capitalista y con ello, tanto por la falta de empuje de los partidos centristas o, mejor dicho, de centro derecha o de centro izquierda (ambos adoptaron esta denominación por no querer ser encasillados como de derechas o izquierdas, simplemente impulsados por un falso rubor de no ser de tendencias capitalistas los primeros o de ideas comunistas los segundos, algo que, según ellos, los podría perjudicar a la hora de acudir a las urnas), como por la falta de moderación, intransigencia, radicalización y fracasos económicos de los partidos de izquierdas, siempre en manos de falsos liberadores de las masas populares convertidos, inexorablemente, en verdaderos dictadores capaces de los mayores recortes de libertades individuales pretendidamente justificados siempre por lo que, para ellos y para la demagogia que emplean, es “el bien de los trabajadores, pobres y demás desheredados de la fortuna”; un eslogan que han venido utilizando desde que el mundo es mundo y que nunca, a través de los siglos, ha significado para ninguna nación en las que han conseguido ostentar el poder, salir de la pobreza, mejorar su estándar de vida o corregir la situación de los más necesitados, sino todo lo contrario, ya que, los únicos que consiguen enriquecerse en estas naciones de regímenes totalitarios de izquierdas, son aquellos que logran mantenerse a la sombra del poder, mientras el resto de ciudadanos, ya tarde para reaccionar ( como sucede en Venezuela), tienen que aceptar verse sometidos a un poder tiránico que, lo único que hace, es someterlos a la extrema pobreza.


Europa ha entrado en una fase de incertidumbre, sometida a diversas corrientes de opinión y a una cierta tendencia a la desmembración que, cada día que pasa, parece consolidarse. Lo que actualmente, muy a la ligera, se lo denomina como partidos de extrema-derecha, en realidad, no son más que colectivos que hartos de unas burocracias que se ha demostrado que no han servido para conseguir los objetivos que se propusieron los que apostaron por una Europa unida, bajo una sola constitución, con unos mismos objetivos, constituida en un fuerte bloque económico y con todas las instituciones propias de una superpotencia, dispuesta a olvidar todo aquello que desunía a todas las naciones que se integraban en el bloque y a emprender, bajo un mando común, la nueva etapa que se supondría que conseguiría el nuevo estado federalista y no confederado como, en realidad, se viene demostrando que es lo más parecido a lo que existe actualmente, debido a la historia de las diferencias entre las naciones europeas, llena de enfrentamientos y guerras, que han causado entre sus miembros recelos, rencores, prevenciones y desconfianzas contra las cuales resulta muy difícil luchar. El caso del brexit de la Gran Bretaña, por muy discutido que sea y por muy graves que puedan ser sus consecuencias para la GB y el resto de Europa, es evidente que viene motivado por estos restos de orgullo británico, nación otrora muy poderosa, con infinidad de dominios de ultramar y con la bota de su potencia militar sobre muchos países en los que ejerció su poder omnímodo. Una nación con semejante historia es posible que tenga grandes razones para no querer someterse a una democracia en la que su parecer no es más que uno más dentro de los 27 países de la UE.


España, señores, forma parte de esa Europa que ahora se está debatiendo entre tendencias de partidos que no se sienten cómodos perteneciendo a una organización de naciones que no ha conseguido más que una parte de sus objetivos y que siguen pensando que, volviendo a los límites territoriales de cada una de las naciones, que recobrando su moneda tradicional y que recuperando aquellas competencias que tuvieron que ceder para poder formar parte de la denominada “ Gran Europa”, tendrían la posibilidad de desenvolverse mejor. Esto, como es natural, no agrada a los que siguen creyendo en una Europa de las naciones, unida y formando un gran lobby económico capaz de competir con los EE.UU, con China, la India y Rusia en condiciones de igualdad. Esto no ha sucedido y, por el contrario, en esta Europa poco cohesionada, donde cada país intentan conseguir más beneficios de la unión y donde siguen existiendo instituciones sobre las cuales parece que el Parlamento Europeo no consigue imponer criterios únicos como, recientemente, en España hemos tenido ocasión de comprobar ante la inutilidad de esta forma teórica de abreviar los trámites, siempre largos y complicados, de la extradición de criminales, que intentó agilizarse mediante un procedimiento abreviado que suponía la confianza de Europa en la Justicia de todas sus naciones, de forma que: cuando una nación, de las integradas en la UE, pidiera la entrega de un presunto delincuente para ser juzgado o de un penado para que cumpliera la pena en virtud de una Euroorden u Orden de Detención Europea ( definida como: La orden de detención Europea consiste en una solicitud de detención y entrega para su procesamiento, o para la ejecución de una pena, presentada por una autoridad judicial de un país miembro de la UE para que se realice dicha detención de una persona en otro país miembro. El mecanismo se basa en el principio de reconocimiento mutuo de las resoluciones judiciales y es ejecutable en todos los países de la UE”); presupuesta la confianza en el funcionamiento de los tribunales de cada nación no era preciso retardar, con trámites inútiles, la entrega solicitada. La realidad: un fraude inútil y perfectamente prescindible.


Pero no ha sido así, demostrándose una vez más que la supuesta existencia de una colaboración total, sin desconfianzas, sin maniqueísmo, sin supuestos celos y sin pretender imponer a los demás una supuesta superioridad de sus instituciones, en este caso los tribunales, sobre las de sus vecinos ( como ha sido el caso de la Justicia belga, la alemana y, aunque no pertenezca a la UE, la suiza, que han actuado con una soberbia y un desprecio hacia la justicia española que, sin duda, si hubiéramos tenido otro tipo de gobernantes, hubiera podido dar lugar a una reclamación en toda la regla ). Ya no hablemos de este bodrio de Tribunal Europeo de Derechos Humanos que, con sus desconcertantes resoluciones, hacen dudar de que sea la equidad la que preside su trabajo y no una serie de influencias de tipo político y de tipo idealista, que da la sensación de que no sirven para garantizar la ecuanimidad que se le pudiera pedir a un tribunal de tanta responsabilidad.


El empeño en desprestigiar una tendencia europea que, cada día que pasa, va recibiendo más adeptos, sólo porque entre sus objetivos existen algunos que no son del gusto de las izquierdas o incluso de los centristas, entre los cuales hay muchos que, con tal de que no se les toquen sus intereses particulares, prefieren consentir que algunas naciones, como es el caso de España, vayan deslizándose por el tobogán de la decadencia económica, moral, social, del orden, de la falta de unidad y del anti patriotismo; entrando en una fase en la que la unidad de la nación ya no parece ser la preocupación principal de algunos de sus ciudadanos, que la conservación de la seguridad de las personas, de mantener sus libertades, de la libertad de mercados, de la propiedad, de la libertad de expresión en algunos lugares de España en los que, como en Cataluña y el País Vasco el hablar en español puede considerarse como una ofensa y ya no hablemos que aquellos que se atreven a pedir que sus hijos sean enseñados en el idioma nacional que, por muy raro que pudiera parecer a aquellas personas que saben que tenemos una Constitución que lo garantiza, es algo imposible en Cataluña y que, el desgraciado que intenta reclamar sus derechos lo único que consigue es que se le margine y se le considere como una persona non grata dentro de la comunidad catalana.


Todos aquellos que no comulguen con lo que las izquierdas españolas y los separatistas sostienen, es considerado como de extrema derecha. Las izquierdas pueden manifestarse violentamente, como los separatistas; en cambio las derechas no pueden hacerlo pacíficamente sin que grupos de intolerantes intenten atacarlos. El señor P.Iglesias, de Podemos, puede hablar y dar conferencias donde le dé la gana, sin embargo, la señor Rosa Diez es abucheada cuando pretende hablar en una universidad española. La democracia en España sólo es entendida si favorece a los políticos que se oponen a la vigencia de nuestra Constitución, porque a los que la defienden se los califica de indeseables a los que hay que impedir que formen parte de las instituciones. Las elecciones de Andalucía fueron un barómetro de hasta donde se ha ido desgastando la política en España. Ante el gran avance de los partidos que se pudieran considerar conservadores y el partido VOX que, por ser un defensor de políticas más conservadoras, de pensamientos relacionados con el orden, la autoridad, la igualdad, la necesidad de poner coto a los desafueros de algunas de las autonomías y de erradicar el independentismo, poniendo a buen recaudo a aquellos que sin el menor escrúpulo, vergüenza y respeto por la Justicia, no han parado de insultar, despreciar, desobedecer, incumplir y rechazar las leyes patrias y las sentencias de los tribunales de Justicia españoles, llegando hasta el límite de que, cuando el Gobierno quiere celebrar una reunión del Consejo de Ministros en Barcelona, no sólo se les niega sino que una serie de esbirros de la separación están proyectando una gran manifestación en contra de su presencia en Cataluña.


Y por si faltara algo más en este drama nacional, el señor P.Sánchez, presidente del gobierno socialista en España, no ha tenido inconveniente en pedir, solicitar, implorar y arrastrase por el fango para conseguir que el sicópata que actualmente está al frente de la Generalitat catalana, le conceda una entrevista para después de la celebración del mentado Consejo de ministros. Y, señores, en esta nación no hay nadie, ni una sola persona u autoridad que sea capaz de impedir que todas estas cosas puedan suceder en nuestro país.


O así es como, señores, desde la óptica de un ciudadano de a pie, somos incapaces de entender cómo ha sido posible que hayamos llegado a este grado de ignominia que, si es verdad que podemos achacarla a todos estos políticos impresentables que han ido surgiendo de los últimos comicios pero, a la vez, nos resulta igualmente incomprensible el cambio experimentado por nuestros ciudadanos que parece que han entrado en una fase en la que, lo único que les preocupa, incluso por encima de sus intereses personales y como ciudadanos, es acabar con todo aquellos que les huela a derechas. ¡Que sigan por este camino y pronto tendrán ocasión de ver hacia donde nos conduce su ceguera política!

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