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G-8: Planes de Vladimir Putin

Yuri Filíppov
Redacción
domingo, 5 de marzo de 2006, 05:32 h (CET)
El presidente de Rusia Vladímir Putin escribió el artículo programático, extractos del cual fueron publicados en Wall Street Journal y en otras publicaciones influyentes del extranjero. Este verano San Petersburgo será, por primera vez, la sede de la Cumbre del G-8, donde se darán cita líderes de los principales Estados del mundo. Con tal motivo, ya ahora el mandatario ruso estimó necesario explicar a la comunidad mundial por qué Rusia recomienda discutir tres problemas fundamentales: seguridad energética global, medidas de combatir las enfermedades infecciosas y educación.

Los capítulos dedicados a la necesidad de erradicar las infecciones y a la educación faltan en Wall Street Journal, sin embargo, los tiene la RIA “Nóvosti”. ¿De qué escribe Putin y qué problema, a su modo de ver, ha de ser objeto de preocupación global? Lo son las infecciones, causantes de un tercio de muertes en el mundo. Por supuesto, el progreso se observa: la humanidad erradicó la viruela, ya está a punto de combatir la poliomielitis y rápidamente acabó con el mal de las “vacas locas”.

Pero los virus erradicados o aislados se ven sustituidos por otros nuevos: los médicos no pueden aún curar el SIDA y todo el planeta ya ha vivido momentos de un ligero pánico provocado por la “gripe aviar”. Los especialistas no descartan la posibilidad de la pandemia de la gripe en años próximos, capaz de segar millones de vidas humanas.

En efecto, escribe Putin, los terremotos, inundaciones y tsunami multiplicados por la urbanización, ampliación de las redes de transporte y la infraestructura industrial hacen vulnerable en extremo a la humanidad. Pues, los cataclismos se acompañan de las infecciones que rematan a los sobrevivientes.

Importa señalar que a diferencia, por ejemplo, de los “tsunami” financieros o crisis energéticas, las infecciones y los desastres naturales no dividen a la humanidad en vencedores y vencidos. Las epidemias afectan en igual medida a los ricos y pobres, a los superdesarrollados y atrasados, mientras que el Arca de Noe para salvar de las catástrofes y enfermedades existe hoy por hoy solamente en las leyendas bíblicas y relatos fantásticos. La mera posibilidad de salvar a toda la humanidad a escala planetaria y no sólo ciertos estratos de ésta escondidos tras la empalizada de las fronteras nacionales, jamás se examinaba en el marco del “G-8” en todos los tres decenios de sus reuniones.

Es posible que Rusia logre sacar la discusión del cero. Pues, probablemente, desde el punto de vista de vulnerabilidad epidemiológica Rusia se encuentre en las mismas condiciones, si no peores, que EE UU que tiene la frontera “agujereada” con México, o la Unión Europea sin las fronteras interiores, abierta a migrantes (y, por consiguiente, a las infecciones) procedentes de todos los confines del planeta. Pero Rusia que no es tan rica como sus socios occidentales, de hecho no tiene la frontera debidamente acondicionada con Kazajstán (que se extiende a unos siete mil kilómetros), siendo transparentes sus fronteras con Bielorrusia y Ucrania, esta última desfavorable en extremo desde el punto de vista de la propagación del SIDA.

A lo dicho se debe agregar la caótica migración universal, el empobrecimiento de las regiones enteras, los desórdenes civiles, las particularidades de la conducta sexual y de la alimentación de diversos grupos culturales y nacionales. La conclusión es una sola: ya va siendo hora de adoptar las medidas profilácticas sin esperar lo peor. Además, los ricos y pobres tienen que hacerlo juntos y simultáneamente, en el marco del sistema global único orientado a erradicar las infecciones. Es posible que la última fórmula sea interpretada como prematura por los miembros del G-8, sin embargo, hace falta adoptar sin demora medidas pertinentes en este sentido. Con tal motivo, Vladímir Putin se refiere a la necesidad de crear la infraestructura de emergencia única capaz de enfrentarse a las epidemias, dotada de su propio sistema de monitoreo, intercambio de información y metodologías científicas.

Conviene aclarar que no se debe al azar la propuesta de Rusia de discutir en el marco del G-8 precisamente el problema de combatir las infecciones. El desarrollo del sistema de salud pública en el país tiene estatus privilegiado de proyecto nacional. Al adelantarlo, el presidente Putin dijo que el Estado tiene que devolver la deuda a sus ciudadanos y a todo el sector social que en la década del 90 se encontraba en estado deplorable. Otro proyecto nacional incluido en la agenda del G-8, se refiere a la educación. Aquí, en opinión de Rusia, también se deberá hablar de la devolución sui generis de las deudas, tanto dentro del país como a escala mundial.

Putin califica de “desastre humanitario” y “grave amenaza para la comunidad internacional” el hecho de que en muchos Estados y regiones ni siquiera la enseñanza primaria esté al alcance de los pueblos. Escribe que el analfabetismo masivo es el caldo de cultivo para los ideólogos que siembran cizaña entre las civilizaciones, hacen propaganda de la xenofobia y del extremismo nacional y religioso, en resumidas cuentas, para la actividad terrorista internacional”. Por esta razón, Putin invita a formar una actitud sistémica hacia la educación que ha de abarcar todos los niveles de enseñanza desde la primaria hasta la superior y, además, tanto en los países en vías de desarrollo como en el mundo entero. Lo necesitan tanto los ricos como los pobres. Llegará el día en que ellos tendrían que volver a estudiar compartiendo el mismo pupitre. De lo contrario, la migración mundial podría ser considerada como agotada. Ella reportará no tanto el aumento del bienestar, como nuevos y nuevos roces entre las culturas que acusan la tendencia de acumularse y desembocar en pogroms.

Los elementos generales de la educación como instrumento de la adaptación intercultural, pueden ser calificados de una proyección más del Arca de Noe actual para los habitantes de la Tierra. Baste recordar siquiera la Europa anterior a los Tratados de Westfalia, donde los pueblos de distintas culturas y confesiones religiosas peleaban a lo largo de siglos exterminando unos a los otros con no menor eficacia que lo hacía el colibacilo. Pero bien se sabe que Europa de aquellos tiempos fue salvada de las destructoras guerras intestinas por las fronteras nacionales soberanas universalmente reconocidas que, en la acepción antigua de esta palabra, hoy tiene solamente el Japón insular y monoétnico.

Es imposible volver a tales fronteras, tampoco podemos volver del siglo XXI al XVII. ¿Sabrán desempeñar su papel, sea en parte, los enfoques globales hacia la educación y la salud pública? Esta interrogante parece inesperada. Pero los líderes del G-8 se reúnen todos los años para dar respuesta a las interrogantes inesperadas.

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Yuri Filíppov es analista de RIA Novosti.

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