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Etiquetas:   Hablemos sin tapujos   Justicia   ETA   -   Sección:   Opinión

¿Es el Tribunal de Estrasburgo quién impone la Ley en España?

“Muchos jueces son absolutamente incorruptibles; nadie puede inducirles a hacer justicia.” Bertolt Brecht
Miguel Massanet
miércoles, 7 de noviembre de 2018, 00:43 h (CET)

¿Qué les pasa a estos jueces del tribunal de Estrasburgo que parecen ser los representantes oficiales de los terroristas que han intentado acabar con la democracia en España, afortunadamente sin conseguirlo? ¿Qué clase de información es la que reciben acerca de nuestros tribunales, de nuestras leyes, de nuestra Constitución que les hace creerse superiores y en condiciones de dictarnos lecciones de cómo los españoles tenemos que dirigir nuestros destino, aplicar nuestras leyes y, en especial, como deberemos luchar contra estos gudaris que, como este individuo, Otegui, no tuvieron inconveniente en masacrar o colaborar con quienes lo hicieron, ignominiosamente, a cientos de ciudadanos españoles, intentando justificarse con la excusa de que España estaba invadiendo su territorio, la famosa e imaginaria “patria vasca”, una de estas invenciones fantasiosas de un sujeto, Sabino Arana, que quiso imponer en el país vasco sus ideas independentistas que ha estado haciendo creer, a los vascos, que eran, como hizo Hitler con el pueblo alemán, una raza superior, privilegiada y, por supuesto, superior al resto de los ciudadanos alemanes.


Si Europa, como parece evidente, está en un momento de horas bajas, si los ciudadanos de la GB han decidido separarse de ella cuando más importante era mantener la unidad y si, para más INRI, esta comunidad de países no ha conseguido poder aprobar una Constitución, para toda ella, que fijara las directrices legales para todos los países miembros, debido a las muy arraigadas raíces que los ciudadanos de los distintos países mantienen en su interior que los diferencian de los otros que, a diferencia de otras comunidades en las que los reunidos tienen grandes similitudes, buenas relaciones de vecindad, un pasado común y costumbres parecidas, en el especial caso de Europa no ocurre lo mismo y, las cicatrices de los duros enfrentamientos, en ocasiones sangrientos, que han tenido lugar de unos contra los otros, no han permitido que, aunque hayan aprendido a tolerarse, mantengan relaciones comerciales entre ellos y hayan conseguido crear algunas instituciones comunes con la intención de limar asperezas; lo cierto es que, en muchas ocasiones se producen roces, se tensan las relaciones y se crean circunstancias adversas en las que el sentimiento patrio, independiente y poco propicio a dejarse gobernar desde fuera, explota y sale la raza que, por mucho que se haya intentado doblegar y dominar, continúa viva en el fondo de los patriotas.


Y sucediendo, como sucede, que los problemas que se vienen produciendo respecto a diferencias entre naciones de la comunidad, de disputas en el propio Parlamento de Bruselas en cuanto a las distintas ideologías políticas que se dan en sus seno, agravadas por los populismos, recientemente surgidos, y por aquellos que están deseando volver a la situación anterior, recuperar sus monedas y su plena independencia, disgustados por no haber alcanzado aquellas ventajas que pensaron que se iban a derivar de la unión europea. De pronto se produce algo insólito, algo que parece incomprensible que se de en un organismo creado especialmente para solucionar los conflictos relativos a las posibles infracciones de los tan cacareados derechos humanos. Todos entendemos que lo primero que hay que preservar, sin duda alguna, es el derecho de todo ciudadano europeo a ser respetado, a ser defendido contra aquellos maleantes que, de alguna forma, intenten perjudicarlo, ya fuere físicamente o mediante la palabra, la coacción, el chantaje, la amenaza o cualesquiera otros medios que, de alguna manera, pudiera causarle malestar o temor.


Sin embargo, hete aquí que toda una colección de togados, jueces de distintas procedencias, lenguas o pensamientos políticos, que integran este presuntuoso tribunal, resulta que a pesar de la apariencia de estar por encima de cualquier error o influencia, sin embargo, resulta que no son inmunes a lo que dice la prensa, no dejan de ver lo que las TV quieren hacernos tragar y, tampoco son tan rígidos que no se dejen tentar e influir por quienes tienen la habilidad de desvirtuar, trasformar o denigrar la verdad, fabricar pruebas falsas o representar, convincentemente y con marrullería ( hay abogados en Europa especialistas en estos menesteres, como hemos podido comprobar en el caso de Puigdemont y sus compinches separatistas) verdaderos sainetes, donde sujetos como el etarra Otegui, cuya historia de gulari convencido y colaborador distinguido de ETA, es conocida de todos menos de aquellos que han preferido dejarse engañar por quienes siguen intentando crear un ambiente contrario a la democracia española y que encuentran, en estos terroristas o separatistas, una valiosa ayuda para reforzar sus intentos de acabar con el orden y la Ley en España.


Si en esta nación no estuviéramos en manos de un gobierno completamente superado por los acontecimientos; si quienes gobiernan no estuvieran atados de pies y manos por sus compromisos con quienes tienen la llave para que puedan seguir al frente del país o si las izquierdas, hoy en el poder, tuvieran un mínimo de patriotismo, no estuvieran completamente entregadas a intentar acabar con la oposición de derechas, escarbando en el guano de la indecencia, refocilándose en el estiércol de la desvergüenza o poniendo en funcionamiento la KGB hispana, capaz de hurgar en el pasado de sus adversarios, con la repugnante intención de encontrar alguna falta, descuido o pecado de juventud que poder sacar a la luz, para fregárselo con fruición por la cara de cualquiera que haya tenido el atrevimiento de opinar de forma distinta a la suya y no haya sido capaz de vacunarse contra semejantes virus humanos.


Una vez más y ¿cuántas contamos ya? Una sentencia viene a apoyar a un delincuente, etarra, responsable de no se sabe cuántos actos cometidos directamente o mediante el apoyo a la banda ETA, defendiendo a los abertzales vascos en su intento de conseguir emanciparse de España para implantar en Euskadi la república comunista, que hace años intentan establecer. Dicen los magistrados que no se han respetado sus derechos y que el tribunal que lo juzgó no supo otorgarle los medios para defenderse ni se tuvieron en cuenta sus objeciones al procedimiento utilizado. ¿Qué dirían estos magistrados del Tribunal de Estrasburgo si alguien, en su país respectivo, quisiera independizar a un Lander o provincia mediante el procedimiento de aterrorizar a la población civil, asesinar a personas inocentes o dejar a familias enteras sin padres, abuelos o hermanos, simplemente, porque unos viles asesinos, sin piedad, deciden como si fueran Dios, sobre la vida y la muerte de sus víctimas?


Y nos preguntamos, simplemente por mera curiosidad: ¿Quiénes son los que nombran a los componente del Tribunal de Derechos Humanos?, ¿Se han elegido, todos ellos, simplemente por los méritos contraídos en el ejercicio de la judicatura o se han tenido en cuenta sus tendencias políticas o si, como ocurrió con un magistrado catalán que estuvo en dicho tribunal, se le permitió que, durante todo el tiempo que se mantuvo en él, no dejase de maniobrar en contra de España y de su gobierno, debido a sus ideas separatistas? Lo que ocurre es que, en esta España desconocida en la que vivimos, fruto de todos estos progres, activistas, independentistas, antisistema, bolivarianos, vividores, pasotas, drogadictos, okupas y demás chusma irresponsable y violenta; ya ha desaparecido lo que ahora se considera una cursilería y que, para otros, es la esencia de cualquier país que estime el orden, la seguridad, la paz, el progreso, la prosperidad y el respeto mutuo. Se trata del orgullo de ser español, de respetar los signos que representan la unidad de España y acatar nuestras leyes, la más importante de las cuales, nuestra Constitución de 1.978. La consecuencia de todo ello es que nadie en el Gobierno va a salir a protestar contra esta continua intromisión, por parte de países extranjeros, en lo que es nuestra Justicia, donde se respetan los procedimientos y los derechos de las personas, con tanta minuciosidad y respeto por las leyes, como puede ocurrir en cualquiera de las naciones que se creen con derecho a criticarnos, algunas de las cuales ya se darían con un canto en los dientes si tuvieran una Justicia como la nuestra.


Ya es hora de que los pazguatos que hoy en día están dirigiendo, mal dirigiendo, nuestro país, aprendan a comportarse como verdaderos ciudadanos españoles y sepan protestar en donde fuere preciso hacerlo, con toda la energía que fuere precisa y sin que, la opinión de las izquierdas que, en realidad, son las que tienen la responsabilidad de que en Europa sucedan estas cosas, permita que actuemos con la contundencia necesaria, exigiendo que este presunto tribunal de derechos humanos, sea en realidad un defensor de los mismos, de los de todos aquellos que han sido víctimas de la violencia terrorista y no se dejen embaucar por la propaganda de quienes han decidido defender a los criminales. En ello les va su prestigio y la confianza de aquellos que entienden, como se debe, la verdadera Justicia.


O así es como, señores, desde la óptica de un ciudadano de a pie, empezamos a pensar que, si seguimos manteniendo esta actitud sumisa, si nos dejamos asustar por aquellos que han decidido anularnos y convertirnos en sus esclavos, si permitimos que todo lo que durante años se ha conseguido en España ahora, cuando la izquierda pretende hacerse con las instituciones e imponer sus nuevas ideas, mamadas del comunismo bolchevique o si no alzamos nuestras voces clamando por la vuelta al orden, la Justicia, la paz, la sensatez y la seguridad; es posible que llegue un momento en el que las posibilidades de recobrar todo lo que nos estamos jugando con una actitud tolerante, sumisa y entregada, ya no tengamos la oportunidad de levantar de nuevo al país, para volver a situarlo en el lugar del que nunca debió de haberse apeado.

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