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Etiquetas:   Hablemos sin tapujos   Inmigración   Política   -   Sección:   Opinión

¿Por qué extrema derecha y no, simplemente, derecha?

Si usted se atreve a opinar en contra de una invasión indiscriminada de inmigrantes, inmediatamente será calificado de xenófobo
Miguel Massanet
martes, 11 de septiembre de 2018, 08:23 h (CET)

“En mi opinión, el futuro de la política es, sin lugar a dudas, el liberalismo social, casada con el conservadurismo económico. Lo que significa que tenemos que hacer un argumento económico a los liberales sociales, que está bien de votar por nosotros. Pero no vamos a dirigir la economía en el suelo al mismo tiempo.” Luisa Mensch.


Nadie puede negar la conexión del gran incremente de la inmigración europea que se ha venido produciendo durante los últimos años, en parte motivado por las crueles guerra en Irak y Siria o las, no menos sangrientas en el Yemen, en las que el Estado Islámico ha venido siendo protagonista, juntamente con los rebeldes que han pretendido derrocar a los regímenes que han estado dominando aquellos países durante años que, no obstante, se han convertido, guste o no, para Occidente en el último baluarte entre el Extremo Oriente y la Europa comunitaria, que los ha venido defendiendo de que la frontera oriental de la UE haya sido objeto de los ataques de los yihadistas que, sin embargo, sabemos que tienen como objetivos de sus futuras conquistas países, como España, por considerarlos tierras de su propiedad a las que han que devolver a colocar bajo la protección musulmana, de la que hace siglos gozaron antes de la expulsión de Boabdil el Chico por los Reyes Católicos, en noviembre de 1492.


Con este fenómeno del crecimiento de la derecha a la que califican de homófoba, que parece que se va extendiendo en Europa y que tanto preocupa a algunos sectores, especialmente los de las izquierdas comunitarias, que ven en ello un peligro para sus políticas de abrir Europa a la corrientes migratorias que nos llegan desde Oriente y desde el norte de África, cada día con más intensidad y, todo hay que decirlo, con más medios y organizaciones dedicadas a este nuevo negocio consistente en facilitar el transporte a todos aquellos oriundos de países en los que la miseria es algo habitual, con la promesa de llevarlos a la “tierra prometida” que la sitúan en Europa y, en la actualidad, cerrada por Salvini la entrada por la Italia meridional, desviado, especialmente, hacia las costas españolas y las fronteras, permeables por su escasa protección, de las ciudades africanas de Ceuta y Melilla; se ha corrido, fomentada por los partidos de izquierdas interesados en que el tema de la inmigración no decaiga, entre otras razones porque ven, en todas estas pobres personas empujadas por la miseria y sin medios para subsistir, un magnífico caldo de cultivo para conseguir nuevos acólitos que engrosen sus posibilidades de conseguir buenos resultados en unas posibles elecciones.


De hecho, ya se sabe que en España, en el pasado 2017 estaban censadas nada menos que 4.572.807 personas, casi un 10% respecto a la población total, de extranjeros residentes en España. Un dato significativo es, sin duda alguna, el gran crecimiento de los musulmanes que residen en nuestra patria que ronda los 2 millones de los que, una curiosa particularidad, es que el 42% son españoles. En nuestra nación, son 186.031 los chinos legalmente registrados, según la Estadística del Padrón Continuo del Instituto Nacional de Estadística, que señala que la mayoría de ellos viven en Madrid (49.831) y Cataluña (49.773), seguidos por la Comunidad Valenciana (20.475) y Andalucía (19.496 en total). Tienen su propio banco y seguramente, como está ocurriendo en muchos países de África, esta migraciones están favorecidas desde su país, China, que viene demostrando una inteligente política de irse introduciendo en muchas naciones, sin despertar recelos, para ir, poco a poco, situándose dentro de la estructura económica del país de acogida.


De hecho, pese a que una gran mayoría de españoles siguen hipnotizados por sus sentimientos de acogida, de hospitalidad, de preocupación por todas estas “pobres” gentes; nadie puede objetar, y así se está viendo en la propia Barcelona en la que, la señora Colau y otros partidos, hablaban de acoger a todos los que llegasen de forma indiscriminada y ahora se han dado cuenta de que carecen de las estructuras y los medios necesarios para acoger a los que llegan, en especial menores de edad, y no tienen más remedio que dejarlos ir a su libre albedrío. Los incrementos de manteros, de robos y hurtos y los principios de rechazo por parte de los ciudadanos puede que todavía no sean preocupantes pero, es posible que pronto veamos lo que sucede cuando, como ocurre en la parte del sur de España, las llegadas de pateras, barcos de ONGs o por el resto medios de comunicación de los que se valen ( en el sur, las llegadas de inmigrantes diarias pueden calcularse en unos 500 diarios) consigan entrar en tales multitudes que motivan que, los centros de acogida existentes, estén saturados y que muchos de los acogidos en locales provisionales se fuguen con gran facilidad, para ir aumentando el lumpen de las grandes ciudades españolas.


Cuando alguien avisa de los peligros que ello comporta para España y el resto de la UE, siempre salen los de extrema izquierda o los que se niegan a contemplar la realidad, unidos a todos aquellos hipócritas que, desde sus confortables poltronas, saben que mostrarse favorables a la admisión de inmigrantes, sean cuales sean ( no olvidemos que, debido a las grandes olas que se presentan en nuestras fronteras se producen colapsos en su recepción), es evidente que se cuelan de matute personas que, probablemente, pertenecen al EI, o son malhechores que huyen de la policía o forman parte de bandas organizadas de delincuentes de estas que, de repente, van apareciendo en nuestras ciudades para asombro y preocupación de la policía que no estaban acostumbrados a este tipo de delincuencia organizada.


Sí señores, si usted se atreve a opinar en contra de una invasión indiscriminada de inmigrantes, inmediatamente será calificado de xenófobo, carente de sentimientos o fascista. Todavía no hemos podido ver la lista de los que cometen los llamados delitos de género, de estos que tanto nos preocupan y que son objeto de las recriminaciones al gobierno de turno por los colectivos feministas; o de los que abusan de las mujeres en las grandes aglomeraciones (por cierto nos sorprende que las feministas no dijeran nada de aquella pobre mujer catalana que retiraba lazos amarillos y que fue agredida salvajemente por un separatista recalcitrante, o ¿es que, para este feminismo de izquierdas, se distingue entre mujeres que defienden a España y aquellas otras que pertenecen a aquellos grupos separatistas que actúan en contra de la unidad del, país? Una forma harto torticera de defender los derechos de las mujeres. Si uno se fija un poco en las nacionalidades de la mayoría de casos en los que hay crímenes pasionales o de género, como se los califica ahora, podrá darse cuenta de que, al menos en la mayoría de casos, los sujetos de tales delitos son de procedencia extranjera, muchos de origen hispano-americano. ¿Sería mucho pedir que el Gobierno, publicara las listas de los casos de crímenes de género que se cometen en nuestra nación, consignando la nacionalidad de sus autores, para que pudiéramos comprobar cuántos han sido cometidos por ciudadanos españoles y cuántos por personas venidas de fuera? Creo que tendríamos una sorpresa al conocer estos datos.


Sólo un apunte más: mientras en España la natalidad están en regresión y según las últimas noticias se ha quedado en 1´5 recién nacidos por pareja, mientras que, entre los musulmanes, el promedio es de 2´9 hijos. Con la particularidad añadida de que, entre los europeos se producen más fallecimientos que entre los musulmanes lo que, a la larga, va a significar que, el crecimiento de los musulmanes (aparte de los conversos a la religión islámica) con respecto al de los españoles va a producir que, de aquí a unos años, sean la raza dominante en nuestra tierra. Algo que no conseguirían, con toda seguridad, a través de una yihad o guerra santa, pueden conseguirlo, sin necesidad de disparar un tiro, apoderándose pacíficamente de nuestras instituciones simplemente por ser más numerosos que el resto de los españoles.


Sí, señores, es posible que se nos tache de inhumanos y de poco acogedores, pero tenemos la impresión de que, a medida que los mandatarios europeos vayan cediendo, cada día más, en cuanto a la acogida de todos aquellos que han decidido trasladarse a países donde, sin haber hecho nada para tener derecho a ello, ni trabajado para conseguirlo, vayan a encontrar seguridad social, medicinas, asistencia sanitaria, y trabajo; de modo que, como acaban de decidir en el Congreso, la asistencia médica va a ser universal pero de momento, pagada por los españoles que residimos en las comunidades españolas. Algunos se sorprenden de que el error de la Merkel, o lo sucedido en Suecia con el gran crecimiento de los partidos de derechas, o lo ocurrido en Italia o lo sucedido en Hungría o lo que parece que se avecina en Francis y ya no hablemos con lo que viene sucediendo en Alemania dónde la irritación de los alemanes cada día se hace más notoria, en contra de las facilidades que el actual gobierno ha dado para que se produzca una invasión de migrantes que no respetan sus costumbres, a sus mujeres y constituyen un verdadero peligro para la seguridad de sus calles. ¿A esto le llaman xenofobia o, en realidad, no es más que un rechazo natural a tener que convivir con unas gentes que no tienen su misma cultura, que no respetan la de los oriundos o desconocen cómo se han de comportar en la forma de convivir con sus vecinos del país?


O así es como, señores, desde la óptica de un ciudadano de a pie, creemos que debería profundizarse más en el tema de la migraciones, tomar en cuenta, no tanto lo inmediato de su presencia en nuestro país, sino sus consecuencias mediatas. ¿Cuántas personas, cuántos españoles que, de buena fe, decidieron que se acogieran a los inmigrantes?, cuando los tengan conviviendo en sus barrios, tengan las mezquitas y a los ulemas junto a sus domicilios y se los encuentren en sus mismos lugares de reunión, intentando implantar sus propias costumbres, no va a llegar un momento en el que empiecen a considerar una molestia el verse obligados a convivir con ellos. Sí, es posible que haya casos en que no se produzcan estos enfrentamientos, pero todos sabemos, que en relación a la convivencia, basta que los roces sean mínimos para lo que se le consentiría a un compatriota, cuando se trate de un recién llegado con costumbres completamente opuestas, es posible que la convivencia se convierta en insufrible. Puede que esté equivocado, pero es lo que pienso.

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