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Etiquetas:   Tinta indeleble   -   Sección:   Opinión

The wall

Richard Yovera
Redacción
sábado, 14 de enero de 2006, 22:51 h (CET)
Cuenta una de las tantas leyendas del mundo que por el año 1961 se construyó una gran serpiente ondulante de hormigón tan sólida que dividió en dos caras la frívola Europa, tan fuerte y maciza que fue llamada 'El Muro de Berlín'. Ahora en la frontera con Estados Unidos y México esta historia pretende repetirse.

Hace un mes la Cámara de Representantes de Estados Unidos aprobó la construcción de un muro que cercará la frontera sur de este país, con la excusa de parar la inmigración de cientos de latinos que cada día intentan atravesar la línea de la muerte en busca de esperanzas económicas. Todos, absolutamente todos, en condición de ilegales.

La inmigración, más que un problema, es un fenómeno que está ocurriendo en todo el planeta, es el indicador de que todo anda mal en los lugares de procedencia, en los países de origen que les dan la espalda; de que todos quieren aferrarse al más grande y poder sobrevivir como sea. En el límite de Estados Unidos con México ocurre lo mismo, pero con casos muy caóticos.

Antes de llegar a la frontera, se respira el olor nauseabundo de algún cadáver bajo los árboles secos que conforman el desierto de norte de México y bajo el sofocante sol. Otros, a su vez, negocian con algún incauto que busca los servicios de los 'espaldas mojadas' para ser ayudados a cruzar la frontera por un canal. El resultado: asaltados y despojados de todas sus pertenencias.

El Muro, 'The wall', como la musiquilla de Pink Floyd, o como la adaptación cinéfila de Allan Parker, refleja el mundo conceptual y real de una sociedad paranoica y neurótica con pesadillas interminables. Un muro a consecuencia de la división Alemana, hecho de partes de coches, de televisores y de objetos de la vida cotidiana que en ese tiempo se vivía en Inglaterra, Rusia y Alemania. Ahora parece que esa cultura se ha esparcido por Norteamérica.

Una parte apocalíptica del film es cuando el muro se desintegra y algunos niños recogen los restos para construir una réplica. Como lo hará Estados Unidos; cayó el Muro de Berlín hace 15 años, ahora desea que esa frontera imaginaria sea hecha de egoísmo y hormigón; de vanidad y de discriminación.

Recuerdo -en un reportaje periodístico- cuando Ronald Reagan le exclamó aquella frase a Mijaíl Gorbachov: '¡Tire abajo ese Muro!' Supongo que ahora el mundo dirá lo mismo al señor George W. Bush. Una serpiente de cemento, tan caprichosa que encerrará a una sociedad moderna con su 'Estatua de la Libertad' como icono en un mundo de vanidad; un muro que más allá de sus indiferencias sociales representará el orgullo, el nepotismo y, sobre todo, sus miedos.

En fin, será que algún día un niño señalará el gran muro indicando lo que significará Estados Unidos.

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