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Etiquetas:   Opus Dei   Religión   -   Sección:   Opinión

Opus Dei: Comentario crítico a una carta (LVI)

¿Qué se puede esperar de una organización en la que sus miembros, lo único que saben es que deben obedecer ciegamente a los directores?
Antonio Moya Somolinos
@tiotognin
lunes, 6 de agosto de 2018, 07:28 h (CET)

Continuando con el comentario a la carta de Ocáriz, ya avanzado el punto 7, este recoge una cita de Juan Pablo II que me parece muy interesante: “ser discípulo de Jesús, consiste en «adherirse a la persona misma de Jesús, compartir su vida y su destino, participar de su obediencia libre y amorosa a la voluntad del Padre»”.


A renglón seguido cita a Benedicto XVI: “(…) la libertad cristiana no es en absoluto arbitrariedad; es seguimiento de Cristo en la entrega de sí hasta el sacrificio de la cruz. Puede parecer una paradoja, pero el Señor vivió el culmen de su libertad en la cruz, como cumbre del amor. Cuando en el Calvario le gritaban: “Si eres Hijo de Dios, baja de la cruz”, demostró su libertad de Hijo precisamente permaneciendo en aquel patíbulo para cumplir a fondo la voluntad misericordiosa del Padre”.


También hay un texto esencial de Benedicto XVI en Deus Cáritas Est en el que el Papa emérito señala que la religión cristiana no es una doctrina, sino el encuentro con una Persona, con Cristo.


Aunque gracias a Dios no conozco las interioridades actuales del Opus Dei, me huelo que algo intuye Ocáriz en el sentido de que hay que hacer reformas, y quizá la primera de ellas sea orientar hacia Cristo a los miembros del Opus Dei, demasiado orientados hacia san Josemaría. Parece como si a la vuelta de 90 años se hubieran dado cuenta de que, ante todo, son o deberían ser cristianos, es decir, discípulos de Cristo, cuya vocación y camino es Cristo, algo tan sencillo como eso.


No está mal que vayan cayendo en la cuenta de esto.


Unas líneas más adelante exclama Ocáriz: “Qué liberador es saber que Dios nos quiere como somos, y nos llama en primer lugar a dejarnos querer por Él”. Me parece muy bien que Ocáriz se haya dado cuenta de esto. No estaría nada mal que él y quienes le rodean en el gobierno de esa secta imiten a Dios Nuestro Señor y quieran también a los demás como son, no solo a los de la secta – que no sería poco pedir – sino sobre todo a los que no pertenecen a ella.

Con el punto 8 Ocáriz toca uno de los puntos esenciales con los que el tiempo dirá si sus palabras son un anticipo de reforma o un comentario cínico y maquiavélico para seguir con más de lo mismo.


El punto dice así: “Libertad de espíritu significa también no atarnos a obligaciones que no existen; saber prescindir y cambiar con flexibilidad tantos detalles de la vida que dependen de nuestra libre iniciativa personal. Como nos escribió hace ya veinte años don Javier, «hay, desde luego, acciones debidas y otras que no lo son en su concreta materialidad; pero tanto en las primeras como a través de las segundas hemos de buscar libre y responsablemente el cumplimiento del mandamiento supremo del amor a Dios: así somos libres y obedientes a la vez y en cualquier momento»”.


La atribución a Javier Echevarría de esta idea – que él no la llevó a cabo durante el tiempo en que dirigió la institución – es ya un síntoma de que está pensando en reformar sin aparecer como reformador. Es un buen detalle por su parte atribuir a su predecesor algo tan bueno que no hizo.


“No atarnos a obligaciones que no existen”. Vamos a ver, Ocáriz: Para llevar esto a cabo, la honradez exige que empieces clarificando INEQUÍVOCAMENTE a todos tus seguidores del Opus Dei cuales son las obligaciones que tenéis y cuáles no, es decir, que no se confunda lo que dicen los Estatutos con lo que dice el Catecismo, que “dice a su vez” lo que dicen los Estatutos.


O también hacer saber a los miembros de la asociación Opus Dei QUE NO PERTENECEN A LA PRELATURA, y que tu jurisdicción sobre ellos afecta solo al fuero externo y solo en lo relativo a la colaboración con el fin pastoral de la prelatura. O también, que los Estatutos de 1950 están parcialmente vigentes en la medida en que los de 1982 así lo recogen. O también, que esos 46 libros de los que ya hemos hablado mucho más atrás, NO CONSTITUYEN NINGUNA OBLIGACIÓN, pues el único documento imperativo del Opus Dei son los Estatutos.


Si pregonas abiertamente que no hay que atarse a obligaciones que no existen, salvo que lo único que pretendas es que esa expresión la lea el Papa y te de dos palmaditas en la espalda la próxima vez que vayas a visitarlo, serás un cínico si no clarificas totalmente a los miembros del Opus Dei cuáles son sus obligaciones y cuáles no.


De lo contrario, esa ambigüedad os delatará a ti y a los directores de la prelatura como unos presuntos canallas que no estimáis lo más mínimo la libertad de los miembros del Opus Dei y os apoyáis en la constante y mediática labor de hacerlos acríticos y de fiarse ciegamente en los directores, al estilo que predicaba san Josemaría en el punto 941 de Camino: “Obedecer..., camino seguro. —Obedecer ciegamente al superior..., camino de santidad. —Obedecer en tu apostolado..., el único camino: porque, en una obra de Dios, el espíritu ha de ser obedecer o marcharse”.


¿Qué se puede esperar de una organización en la que sus miembros, lo único que saben es que deben obedecer ciegamente a los directores, porque de ellos viene la voluntad de Dios para ellos, y que en el supuesto incierto de que los directores se equivocasen, ellos no se equivocarían nunca obedeciéndoles?


¿Cómo sabrán, en una institución así, qué cosas obligan y cuales, no, si ni siquiera saben nada de unas y otras, sino todo a través de los medios de formación que se les imparte en la institución?


Resulta tremendo esa política de no pensar que se fomenta en el Opus Dei y que tiene su expresión más nítida en el punto 53 de Camino, que dice así:


“Ese espíritu crítico —te concedo que no es susurración— no debes ejercitarlo con vuestro apostolado, ni con tus hermanos. —Ese espíritu crítico, para vuestra empresa sobrenatural —¿me perdonas que te lo diga?— es un gran estorbo, porque mientras examinas la labor de los otros, sin que tengas por qué examinar nada —con absoluta elevación de miras: te lo concedo—, tú no haces obra positiva alguna y enmoheces, con tu ejemplo de pasividad, la buena marcha de todos. "Entonces —preguntas, inquieto— ¿ese espíritu crítico, que es como sustancia de mi carácter...?" Mira —te tranquilizaré—, toma una pluma y una cuartilla: escribe sencilla y confiadamente —¡ah!, y brevemente— los motivos que te torturan, entrega la nota al superior, y no pienses más en ella. —El, que hace cabeza —tiene gracia de estado—, archivará la nota... o la echará en el cesto de los papeles. —Para ti, como tu espíritu crítico no es susurración y lo ejercitas con elevadas miras, es lo mismo”.


En el Opus Dei, los que lo dirigen, hacen y deshacen arbitrariamente apoyados en el espíritu acrítico de los miembros. El Opus Dei es una guardería de adultos a los que se les exigió ser adultos para entrar, pero luego se les trata como niños.


El empleo de la polisemia es un modo, no de mentir, pero sí de ocultar la verdad y de conseguir que cada cual entienda lo que el que habla quiere que entiendan. Pongo un ejemplo de la carta de Ocáriz de 8 de junio de 2018, es decir, algo muy reciente. Vamos a ver tres pasajes de esa carta.


El primer pasaje es este: “Nuestro Padre escribió estas palabras de Jesús –de la parábola de los trabajadores en la viña (cfr. Mt 20,4) –, como encabezamiento de la Instrucción para la obra de san Rafael. Las reconocemos dirigidas también a nosotros, sabiéndonos enviados a trabajar en la viña que el Señor encomendó a nuestro Padre y que ahora está en las manos de cada una de sus hijas y de cada uno de sus hijos”.


El segundo pasaje es este:” Como finalidad inmediata de esta labor deseamos formar al mayor número posible de gente joven, para que con libertad y responsabilidad personales, participando del espíritu de la Obra, sean –ahora y después a lo largo de su vida– fermento cristiano en las familias, en las profesiones, en todo el campo inmenso de la vida humana en medio del mundo. Y como otra consecuencia de esta labor, el Señor no dejará de llamar a quienes Él quiera (cfr. Mc 3,13) a incorporarse al Opus Dei”.


El tercer pasaje es este: “Aunque los chicos y las chicas de san Rafael no tengan un vínculo formal con la Obra –no son fieles de la Prelatura–, participan de su espíritu y de su dinamismo apostólico. No son, por tanto, personas que simplemente reciben unos medios de formación espiritual, sino que sienten la Obra como suya y procuran cooperar activamente en su misión apostólica”.


Analicémoslos: En el primer pasaje, el prelado del Opus Dei cita la “Instrucción para la obra de san Rafael”, es decir, el documento normativo (toda instrucción es siempre normativa, pues de lo contrario se expresaría como “Recomendaciones para la obra de san Rafael”) que trata acerca de cómo se debe llevar a cabo el apostolado del Opus Dei con la gente joven. Es uno de esos 46 documentos que fueron objeto de demanda judicial y sobre los que LSS, en nombre del Opus Dei, expresó en sede judicial que NO ES NORMATIVO, pues solo lo son los Estatutos.


Si alguien, por ejemplo el Papa, le preguntase a Fernando Ocáriz si este documento tiene carácter normativo, este diría que, por supuesto, no, y probablemente añadiría que en la carta de 8 de junio de 2018 lo ha citado como documento simplemente informativo o de apoyo a su discurso; vaya, como quien cita una pastoral del obispo de la diócesis de al lado.


Sin embargo, de puertas adentro, esta Instrucción es “instrucción”, es decir, mandato fundacional del fundador, algo imperativo, sagrado.


Vamos con el segundo pasaje, dentro del cual, Ocáriz dice esto: “Y como otra consecuencia de esta labor, el Señor no dejará de llamar a quienes Él quiera (cfr. Mc 3,13) a incorporarse al Opus Dei”. Es decir, que Ocáriz viene a decir que la incorporación al Opus Dei constituye una llamada divina, una vocación. Así también se expresan los Estatutos del Opus Dei en el artículo 1.2.


Sin embargo, de cara a la galería, Ocáriz no se expresa así. En el ya citado libro de entrevistas que le hicieron en 2013, titulado “Sobre Dios, la Iglesia y el mundo”. En el capítulo IX de dicho libro, hay algunas preguntas y respuestas que vale la pena recoger aquí, para ver que, mientras que Ocáriz, de puertas adentro, sostiene que la incorporación al Opus Dei es una vocación, en la entrevista no dice lo mismo.


Una de las preguntas y respuestas es esta:


“PREGUNTA: Usted habla de vocación cristiana, de llamada universal a la santidad. Pero hay además vocaciones especiales, por ejemplo al sacerdocio, que no son para todo el mundo. ¿Cómo encajan en el panorama que ha descrito?

RESPUESTA: La vocación cristiana es única y la misma para todos: el fin al que apunta —salvación, santidad, felicidad eterna, hemos dicho— es común, y los diversos caminos que conducen al fin tienen de común lo esencial. A la vez, la vocación es personal, y el camino de cada uno, singular e irrepetible. Cada camino no es otra vocación añadida, sino una determinación distinta de la vocación cristiana común. Las determinaciones pueden ser, son de hecho, muy diversas. La vocación personal contiene dimensiones realmente distintas (por ejemplo, bautismal, sacerdotal, etc.), que se integran en un único proyecto existencial, en una única vocación, que es una determinación de la vocación cristiana”.

No es superfluo esto. No es de poca importancia esta polisemia, porque a quienes están dentro del Opus Dei se les remacha por activa y por pasiva que ser del Opus Dei es una vocación divina; luego dejar de ser del Opus Dei es traicionar esa llamada de Dios, o sea, traicionar a Dios mismo, con lo que se mete miedo a los miembros ante la perspectiva de traicionar a Dios si se abandona la institución. Se le atribuye a la pertenencia a una institución algo tan divino como es la llamada de Dios.


Se podrá imaginar el lector los problemas de conciencia, de escrúpulos, de auto culpabilidad que se les crea a quienes se plantean abandonar el Opus Dei, gente en general poco formada teológicamente, con unas pocas ideas mal cogidas en unos mediocres medios de formación en los que se repite siempre lo mismo sin apenas profundizar; y todo ello dentro de un ambiente en el que la crítica institucional no se puede ni ver, y donde se predica la obediencia ciega a los directores por venir de ellos la voluntad de Dios.


La consecuencia lógica de todo esto es la de entender que quien abandona la institución, poco menos que pierde toda posibilidad de ser feliz en esta tierra y se juega la vida eterna. Ante un panorama así, ¿Quién da el paso de abandonar la institución? Si te vas, te juegas la salvación eterna; si te quedas, te vuelves loco en ese infierno que resulta que no es “un mundo feliz”. ¿Qué hacer?


Todo esto es exactamente lo que sucede en cualquier secta, que no hay manera de librarse de ella y de su presión psicológica. Es mentira eso que decía san Josemaría de que en el Opus Dei las puertas están abiertas de par en par para irse. Es verdad que, por fuerza de que cada vez se va desenmascarando más el Opus Dei, no les queda más remedio que abrir la puerta cada vez más, a la vez que echan menos maldiciones a quienes se van, pero el planteamiento sigue intacto.


Todo esto viene de la mentira de tener la incorporación al Opus Dei como una vocación de puertas adentro, y de puertas afuera, como una simple determinación de la única vocación cristiana universal a la santidad. Así, de esta manera, Ocáriz fomenta esa ambigüedad que es un caldo de cultivo para que los miembros de la institución no sepan claramente qué cosas les obligan y cuales no. Si luego el propio Ocáriz les anima a distinguir entre lo que les obliga y lo que no, es una exhortación vacía de contenido, en cuyo vaciado él mismo ha colaborado activamente. De esta manera él queda cojonudamente ante el Papa, y en el convento todo sigue igual, bajo control.


En el tercer pasaje que he citado, menciona Ocáriz que los chicos de san Rafael (los jóvenes que frecuentan los medios de formación del Opus Dei) “no son fieles de la prelatura”.


Esta afirmación es verdadera en sentido estricto, pero por el contexto, se da a entender que los que ya han pedido la admisión en el Opus Dei SÍ SON FIELES DE LA PRELATURA. Vamos a ver, Ocáriz: ¿Quiénes coño son miembros de la prelatura sino solamente los curas y los diáconos incardinados en ella? ¿Qué es lo que dice el canon 294 del Código de Derecho Canónico?


Esa afirmación de Ocáriz no le compromete formalmente. Si el Papa le preguntara si acaso entiende por miembros de la prelatura a los laicos incorporados al Opus Dei, seguramente le contestaría: “Por supuesto que no, Santo Padre; a la prelatura solo pertenecemos los sacerdotes y diáconos de la misma”. Ahora bien, en el día a día, a los miembros del Opus Dei se les tiene como miembros de la prelatura de la Santa Cruz, y ellos mismos se lo creen así.


Hace poco comía yo en un restaurante con un amigo mío supernumerario, abogado. En un momento de la conversación le dije: “Oye, Fulano, ¿tú sabes que no perteneces a la prelatura de la Santa Cruz, sino que simplemente tienes un acuerdo de cooperación orgánica con ella que afecta únicamente a los aspectos pastorales de la misma, y solo al fuero externo?”.


Se quedó alucinado, como si yo estuviera diciendo tonterías inesperadamente. Sin embargo, lo curioso fue que, a pesar de tratarse de una cuestión jurídica, me dijo que le daba igual la cuestión.


Yo le pregunté si se había leído los Estatutos del Opus Dei. Me dijo que no. Yo entonces le comenté que en los propios Estatutos se dice que ellos son el fundamento del Opus Dei. Tampoco mostró interés.


Es increíble que ese miedo a profundizar en el propio lugar donde uno está, ese sentido de miedo a la crítica y al estudio serio de los propios fundamentos, le lleve a esa pasividad a un jurista. Imaginémonos a otros miembros del Opus Dei (la mayoría) que no tienen ni la más mínima formación ni mentalidad jurídica.


De esto, del miedo a pensar, se sirven los directores del Opus Dei para sus fines y sus controles sobre los miembros.

He mencionado en entregas anteriores algunos libros que me parecen esenciales para entender el caso del Opus Dei como entidad de la Iglesia en grave crisis desde hace muchos años. Hay un libro que ahora no recuerdo si lo he recomendado o no. Por si acaso lo hago ahora, pues es un estudio muy sistemático en el que se expone mucho mejor lo que vengo diciendo yo en estas entregas. El libro se titula “El Opus Dei como revelación divina. Análisis de su teología y las consecuencias en su historia y en las personas” El autor ha preferido firmar como seudónimo y figura como “EBE”. El libro está dedicado “a Enrique, mi párroco, que me advirtió del peligro”, “A mis padres y a mis hermanos, por su ayuda y apoyo” y “A las víctimas del Opus Dei, del pasado y del porvenir”.


La segunda edición del libro es de 2014. Es un libro documentadísimo, con citas espeluznantes de san Josemaría y de Álvaro del Portillo en las que se percibe clarísima la condición de secta de esta institución que ahora gobierna Fernando Ocáriz.


El pórtico del libro viene ilustrado con una “perla” textual de san Josemaría acerca de la supuesta vocación al Opus Dei, entendida como tal por Ocáriz de puertas para adentro y negada de puertas para afuera, por ejemplo, en el libro de entrevistas que hemos citado más arriba.


La perla es esta: “«Si alguien se descaminara (de la “vocación” al Opus Dei), le quedaría un remordimiento tremendo: sería un desgraciado. Hasta esas cosas que dan a la gente una relativa felicidad, en una persona que abandona su vocación se hacen amargas como la hiel, agrias como el vinagre, repugnantes como el rejalgar»”.


Debido a la relación con lo que venimos tratando en la entrega de hoy, veamos más citas de Escrivá recogidas en este libro:


«Hijo mío, convéncete de ahora para siempre, convéncete de que salir de la barca (del Opus Dei) es la muerte. Y de que, para estar en la barca, se necesita rendir el juicio. Es necesaria una honda labor de humildad: entregarse, quemarse, hacerse holocausto.» (meditación de 21 de enero de 1954).


«A la vuelta de estos cuarenta y tres años largos (desde la fundación del Opus Dei), cuando algún hijo mío se ha perdido, ha sido siempre por falta de sinceridad o porque le ha parecido anticuado el decálogo. Y que no me venga con otras razones, porque no son verdad.» (Meditación del tomo III del libro de “Meditaciones” internas, de abril de 1972, página 232).


«Si el alma en circunstancias particulares necesita una medicación —por decirlo así— más cuidadosa, esto es, si se hace necesario el oportuno y rápido consejo, la dirección espiritual más intensa, no debe buscarla fuera de la Obra. Quien se comportara de otro modo, se apartaría voluntariamente del buen camino e iría hacia el abismo.» (tomo III de “Meditaciones” internas, páginas 373 y 374).


«Los que no son de nuestra familia (del Opus Dei), no son buenos pastores de mis ovejas, aunque sean muy buenos pastores de las suyas (…) Por eso, los miembros del Opus Dei, si de verdad quieren ser fieles, no siguen a un extraño, sino que huyen de él, porque no conocen la voz de los extraños (Ioann. X, 5) (…) Si tú hicieras esto [acudir a un sacerdote que no sea de la Obra], tendrías mal espíritu, serías un desgraciado. Por ese acto no pecarías, pero ¡ay de ti!, habrías comenzado a errar, a equivocarte. Habrías comenzado a oír la voz del mal pastor, al no querer curarte, al no querer poner los medios.» (“Meditaciones”, tomo II, página 534).


«El día que tuvierais un rincón de vuestra alma, una cosa que no sabe el que lleva vuestra Confidencia, tendríais un secreto con el diablo.» (“Meditaciones”, tomo IV, página 595).


«Cuando -en contra de lo que os dice quien tiene gracia especial de Dios para aconsejaros- penséis que tenéis razón, sabed que no tenéis razón ninguna». (del libro interno “De nuestro Padre”, 1982, página 72).


«Quien hace la charla abre su alma para que se le pueda ayudar tanto en sus disposiciones interiores como en la conducta exterior, y cuenta con que quien la recibe hará las consultas necesarias a los Directores -con la máxima delicadeza y prudencia, guardando un estricto silencio de oficio-; y tiene el interés de que los Directores le conozcan a fondo, y puedan tomar las medidas de gobierno que sean oportunas para promover su bien personal y el bien común de la Obra, que también es bien personal de cada uno, pues el fin de la Prelatura no es otro que la santificación de sus fieles. También por esta razón, todos agradecemos que quien recibe nuestra Confidencia comunique a los Directores lo que sea preciso, pues “con esa charla es más claro, más pleno y más íntimo el conocimiento que los Directores tienen del alma de los fieles de la Obra, y así les pueden ayudar mejor”.» (este texto espeluznante de vulneración institucional de las conciencias está tomado de las “Experiencias sobre el modo de llevar charlas fraternas”, Roma, 2001, Ap. III, pág. 64, es decir, uno de los 46 libros sobre los que el Opus Dei puso un pleito ante la jurisdicción mercantil. Es evidente que no quieran que se sepan estas cosas, pues probablemente tendrían que rendir cuentas ante la jurisdicción penal. También es “lógico” que LSS, en nombre de la prelatura, dijera en sede judicial que solo los estatutos son imperativos. ¡Cualquiera se atreve a decir que las “Experiencias sobre el modo de llevar charlas fraternas” son documento imperativo, ….aunque de puertas para adentro, lo seas, por supuesto).


No me alargo más por hoy. Esa libertad de espíritu de “no atarse por obligaciones que no existen”, está muy bien, es algo de sentido común. El problema está en que los directores del Opus Dei nunca se han creído esto, ni parecen querer creerlo.

Comentarios
Rafael 11/ago/18    00:53 h.
Antonio Moya Somolinos 06/ago/18    17:04 h.
Carmen Charo Pérez de San Roman 06/ago/18    12:50 h.
Carmen Charo Pérez de San Roman 06/ago/18    12:37 h.
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