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Etiquetas:   La tronera   -   Sección:   Opinión

Retraso ancestral de la actual izquierda

Visto el sectarismo de la izquierda ramplona, parece ser que sí pueden opinar de política personajes de mal gusto, pero eso mismo se lo niegan al resto de la ciudadanía
Jesús  Salamanca
martes, 5 de junio de 2018, 11:53 h (CET)

Muchos personajes mediáticos han salido a las redes sociales y a los medios de comunicación para pedir elecciones generales cuanto antes. Rafa Nadal, entre otros muchos, también lo ha hecho tras la moción presentada por el PSOE contra el Gobierno de Mariano Rajoy. Si bien constitucionalmente es legal, hay que reconocer que no es legítimo porque se pone la moción por encima de las urnas: no hay más que pintar de colores el mapa de España y ver cuál es el que predomina en cada una de las provincias.


Dada la situación no considero que haya que dar al nuevo Gobierno socialista los famosos cien días de gracia. Tampoco hay que olvidar que ‘Podemos’ no dio de gracia ni un solo día al Gobierno de Mariano y el PSOE fue desleal a más no poder hasta que Castrejón se vio en la vergüenza ideológica (¿Recuerdan aquel “No es no, qué parte es la que no entiende, señor Rajoy”?) de tener que dimitir del Congreso.


“Con todas las cosas que han ocurrido, que no son pocas, al ciudadano lo que le gustaría es poder votar otra vez”, continuó diciendo Rafa Nadal. Tanto los socialistas como el engendro social que forma ‘Podemos’ se han dedicado toda la tarde del sábado a insultar al mallorquín, Rafael Nadal. Le han llamado de todo, menos guapo, sin que faltara la expresión “facha”; una expresión muy propia de indigentes intelectuales que la sueltan para todo y por todo, pero que la mayoría desconoce su significado y aplicación. Incluso desconoce su verdadero origen.


Vamos con una prueba de ese desconocimiento y de la ignorancia que ha invadido el Congreso, gracias a la múltiple indefinición y analfabetismo existente en las bases de formaciones llegadas desde la prevaricación y la corrupción, así como, ‘bilduetarras’, ‘compromistas’ y demás mareas enfrentadas:


Si Valtonyc dice eso de “Matad a un guardia civil”, resulta que es Libertad de expresión. Cuando Willy Toledo dice: “Mecandios y me sobra mierda”, resulta que también es libertad de expresión. Y así seguiríamos con decenas de ejemplos. Pero si el ínclito, Rafa Nadal, dice “creo que el ciudadano quiere volver a votar”, pues le llaman facha, e incluso van más allá diciendo aquello de: “Y tú quién eres para opinar de política”. Todo esto es fiel reflejo de esa izquierda española, compleja y acomplejada, además de con importante retraso ancestral en cuanto a evolución de ideas, adaptación a la realidad y nada eficaz en sus planteamientos.


Visto el sectarismo de la izquierda ramplona parece ser que sí pueden opinar de política personajes de mal gusto — como Valtonyc, Toledo, Monedero, Colau o el tal Óscar Puente, todavía alcalde de Valladolid– pero no pueden hablar de política otros ciudadanos que tienen derecho al voto y lo ejercen democráticamente cuando toca; ciudadanos que han aportado y aportan más a España individualmente que todos esos ejemplos de gaznápiros juntos. ¡Hasta dónde hemos llegado!


No es ningún secreto decir que hemos perdido en libertades y en el conocimiento de la libertad de expresión –así como en el criterio acertado de su uso– desde que aterrizaron en las instituciones los partidos proetarras, prochavistas y comunistas de puño levantado y colmillo retorcido. No solo se ha degradado la sociedad sino que se está degradando la educación, los valores, la convivencia y la misma democracia. Echen una ojeada a Cataluña, por ejemplo, y comprueben los niveles bajo cero de convivencia y respeto por parte del retrasado y violento independentismo.


España necesita una limpieza importante y antes o después habrá que hacerla. Habrá que decidir cómo y cuándo, pero ha de hacerse siempre por vía democrática. De momento, en algunas comunidades autónomas, que incluso se creen nación y país, han quedado marcados con el lazo amarillo todos los indigentes aborregados del independentismo, con el fin de que no se acerque a ellos la población civilizada, trabajadora y honrada. No es que sea un logro de gobierno alguno sino que lo es del propio catalanismo ‘indepe’. Doy fe.

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