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Opinión
Etiquetas:   Política   Podemos   Pablo Iglesias  

El chalecito de Pablo Iglesias

Lo mejor, siempre es la revolución
Antonio Moya Somolinos
@tiotognin
viernes, 18 de mayo de 2018, 06:49 h (CET)

Siempre he pensado que no existen más mandamientos que los diez de la ley de Dios, y con ciertas reservas, y siguiendo a santo Tomás de Aquino, los cinco de la Iglesia. Por lo demás, las leyes hay que cumplirlas, pero no conviene tomar por ley lo que no lo es, ni para uno ni para los demás.


Todos esos moralistas de pacotilla que cargan pesadas cargas sobre los demás, a la postre se ve que ni ellos mismos las cumplen. Perdieron una ocasión de callarse y ser dueños de sus silencios en vez de bocazas de sus errores.


El moralista Pablo Iglesias, fundador del PSOE, se reunía en Casa Labra, al lado del Corte Inglés de Sol, en Madrid, con sus compañeros de partido para soñar sobre política en un marco de honradez recién estrenada (más tarde llegarían a tener "100 años de honradez"). Unos años más tarde, cuando el PSOE era ya algo más que un sueño, cada vez que su fundador cogía el tren para pronunciar algún mitin en otra ciudad, era despedido por sus militantes en la propia estación, a pie de vagón.


Siempre Pablo Iglesias tomaba el tren en vagones de tercera, es decir, una puta mierda de vagones, con asientos de madera sin revestir, sucios, mugrientos y llenos de proletarios.


Pero el tren echaba a andar.


Una vez abandonada la estación de partida, nuestro compañero Pablo echaba también a andar dentro del tren hasta llegar a los asientos de primera. Allí se aposentaba rodeado de lujo, del lujo que era posible en aquellos años, pero lujo, lejos de esos proletarios malolientes.


Más tarde, el tren llegaba a la estación de destino. Antes de que esto sucediera, Pablo, Pablito, Pablete emprendía a pie, dentro del tren, el camino inverso hasta llegar a su primitivo asiento de tercera. Los proletarios no se daban cuenta de cómo había realizado el viaje este señor. Seguramente, nadie le había echado en falta. Quizá alguno pensara que había estado meando todo el rato o yo qué se, pues en aquellos trenes no tengo seguridad de saber si había WC o no. Claro que, una meada de varias horas...


En fin, sea lo que fuere, llegaba el tren a la estación de destino, en la que esperaban otros muchos militantes del PSOE, que aplaudían entusiasmados a Pablo Iglesias al descender este del tren, desde el vagón de tercera.


El secretario general de Podemos, esto es, Pablo Iglesias, era un potencial burgués pero perdió la oportunidad de callarse. Ser burgués no es nada malo. Hay millones de españoles que son burgueses, que tienen un chalé, con barbacoa, en el que se creen los reyes del mambo. Unos son nuevos ricos y otros no tanto, aunque como decía el abuelo de Ana Patricia Botín, en España, ricos, ricos, hay muy pocos.


En general, los nuevos ricos suelen ser un poco frikis y algo más horteras, pero eso tampoco es pecado. Cada cual es como es. En este mundo hay sitio para todos.


El problema es que Pablo Iglesias ha sido un férreo fustigador de burgueses. Su tesis doctoral, que yo me descargué de Internet hace un par de años, es un recetario para revolucionarios marxistas que destila odio. Sus soflamas contra los valores de la derecha y de la "casta" han sido y son dignos de un Lenin dispuesto a combatir sin piedad y sin perdón a la propiedad privada, allá donde se encuentre.


A la Administración le vinculan sus acuerdos. A los hombres, sus palabras. ¡Cuántas oportunidades de callar ha perdido Pablo Iglesias en estos años!


Al final, un chalé, con la periquita, con barbacoa para hacer unas chuletas a la brasa con los amigos en pantalón de pijama o en calzoncillos, si es verano, y luego un chapuzón en la piscina, aunque esta sea de 50 metros cuadrados y tenga un metro de profundidad. De aquellas declaraciones de hace tan solo 3 años, sosteniendo que él no se mudaría nunca de su VPO de Vallecas de 70 metros cuadrados, mejor no acordarse. Eso de ser diputado no está nada mal. Aparte del sueldo, los extras y los precios de economato en el comedor y otras dependencias del Congreso, cuando deje la política (dentro de muchos años), le quedará un no pequeño retiro, aunque apenas haya cotizado a la Seguridad Social. Ser patricio en el Estado español lleva buenos premios. Quizá por ello, quienes se lo han vendido, por 600.000 euros, han debido de ver que este hombre dispone de garantía suficiente como para acreditar el pago de la hipoteca.


Hay quien dice que paga de hipoteca 500 euros al mes, esto es, 6.000 euros al año, por lo que necesitaría vivir 100 años para pagar la casa...A no ser que haya dado una entrada importante, por ejemplo, de 450.000 euros. Pero en ese caso habría que preguntarse de donde ha sacado ese dinero. Llegados a este punto hay quienes se acuerdan de que no explicó suficientemente qué había pasado con el dinero que recibió del bolivariano Chavez o de los allatolás iraníes.

Pero bueno, eso es cosa del pasado, y agua pasada no mueve molino.


En cierto modo es una pena que se pierda para la revolución un tipo tan correoso. Antes, con el pisito de VPO, al menos había una excusa para sus seguidores. Ahora, está perdida toda credibilidad revolucionario-bolivarista. Pero bueno, que le quiten lo bailado. Solo pensar lo bien que se va a pasear por los pasillos del charlé en calzoncillos como todo buen propietario, compensa de la decepción utópico-socialista.


En fin, solo me queda felicitar a Pablo por su aterrizaje feliz en el mundo de los imperfectos, de los burgueses de mierda, de los capitalistas, de los propietarios, de los chaleteros celtibéricos y carpetovetónicos. Solo quisiera terminar aconsejándole que tenga cuidado con la vida sedentaria, propia de burgueses, porque la revolución ayuda a controlar el colesterol y la obesidad, y no creo que sus seguidores tengan tanta pasión por él si lo ven convertido en un tipo con michelines, al estilo de los promotores de las películas de Marisol, con un puro en la boca y dejando que la ceniza le caiga en la panza.


En el supuesto de que su imagen caiga en esa desgracia, creo que lo mejor, no es que se corte la coleta, sino que se compre una faja, aunque las fajas solo ayudan, pero no hacen milagros. Lo mejor, siempre es la revolución. Pero al menos, si esta no es posible, que ponga un gimnasio particular en el sótano del chalé con todo tipo de máquinas para hacer músculo. Le costarán cuatro perras. Con lo que gana en el Congreso, seguro que lo puede pagar a plazos. Y si no le llega, que se lo pida a Maduro. Seguro que, por amistad, le dará lo que le pida, aunque para ello tenga que tener a los venezolanos durante un año sin papel higiénico y limpiándose la mierda del culo con una piedra o con una chumbera. O incluso directamente, con la mano.

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