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Piratería informática

Vasily Zubkov
Redacción
martes, 29 de noviembre de 2005, 01:59 h (CET)
Rusia es objeto de críticas frecuentes por parte de Occidente en lo que respecta al problema de la piratería informática. Pero cada fenómeno tiene sus rasgos distintivos, y cuando se habla de aquélla, todo el mundo reconoce al mismo tiempo que hay muy pocas réplicas piratas de los programas desarrollados en Rusia por encargo de empresas occidentales. Más de 30.000 entidades rusas agrupadas en la Asociación no comercial de proveedores del soporte lógico son, en este sentido, más escrupulosas tal vez que sus colegas de Occidente, dedicados a la práctica de externalización de servicios informáticos.

El incumplimiento del contrato explícito con un cliente extranjero que paga por el producto final, la defraudación de su confianza y el latrocinio directo representan en el extranjero la más grave infracción de los derechos de propiedad intelectual. Ese delito de piratería, rayano en el espionaje industrial e intelectual, se castiga con fuertes sanciones en muchos países desarrollados.

Las empresas que encargan el desarrollo de productos a los programadores rusos ni siquiera mencionan la protección de la propiedad intelectual entre los diez problemas más importantes, según los datos del profesor Erran Carmel, quien hace referencia a un estudio realizado por la American University de Washington. Y como son gigantes del nivel de Dell, Siemens, Motorola, Boeing, GE, Microsystems o Samsung Electronics, es evidente que los clientes tienen mucha confianza.

¿Cómo es posible entonces que las copias piratas representen un 87-88% de los programas usados en Rusia? A modo de comparación: en Europa Occidental es un 37%, en EE.UU. un 30% y en la Europa del Este, un 67%. Afortunadamente, Rusia no es la primera en la difusión de programas piratas. Malasia y China están por delante, según los datos de Entertainment Software Association correspondientes al año pasado.

La mayoría de las empresas rusas - hasta un 90%, según algunas evaluaciones - usan programas piratas, principalmente, las copias casi gratuitas de Microsoft Office, admiten los representantes del Departamento "K", estructura del Ministerio del Interior ruso que se encarga de luchar contra los delitos en el terreno de las altas tecnologías. Un producto con licencia, por ejemplo, Windows XP Professional, cuesta entre 130 y 150 dólares, precio que parece desorbitado tanto a los clientes corporativos como a los particulares.

Los intentos de combatir el problema organizando redadas o en los mercadillos callejeros o destruyendo las copias piratas con la ayuda de las excavadoras han surtido escaso efecto, y las mociones legislativas en esta materia han demostrado su inviabilidad. El consumidor aún vota con su dinero por los productos baratos: el pasado año, los rusos pagaron casi US$1.400 millones por las réplicas piratas de programas informáticos. El mercado global del software facturó en el mismo período un total de US$90.000 millones y por lo menos un tercio de esta suma, según los datos de Business Software Alliance e IDC, fue a parar al bolsillo de los fabricantes y vendedores de réplicas piratas, las cuales representan un 35% de los programas informáticos comercializados en el planeta.

Rusia e Indonesia comparten el quinto lugar del mundo en cuanto a la difusión de copias piratas, siguiendo a Vietnam (92%), Ucrania (91%), China (90%) y Zimbabwe (90%). La situación no cambia a pesar de las redadas policiales y la creciente propaganda contra la piratería informática. Tampoco es algo sorprendente, puesto que las versiones licenciadas cuestan varias veces más que las copias ilegales. La licencia para el uso de 1S Contabilidad vale alrededor de dos mil dólares, y la réplica pirata, apenas cien dólares, así que el consumidor pocas veces se pregunta cuál de las dos opciones le conviene más. Al propio tiempo, muchos usuarios de productos piratas reconocen que se pasarían gustosamente a las versiones oficiales, si los fabricantes vendieran sus programas a un precio de entre cuatro y once dólares.

En el moscovita Gorbushka, popular mercado de ordenadores y programas informáticos donde los turistas europeos y americanos, por cierto, representan una cuarta parte de la clientela, el 90% de los usuarios admite que es poco ético comprar las copias piratas pero no les queda otra opción: los productos de licencia se venden a un precio francamente prohibitivo. Y algunas personas entrevistadas por el autor de estas líneas han salido al paso con la pregunta de si es ético o no pagar a los empleados públicos, médicos, maestros y científicos un sueldo mensual de US$100-200, o las pensiones de cincuenta dólares.

Claro que uno podría cuestionar la legitimidad de esas preguntas y acatar la ley pero en este caso el ordenador en su escritorio no pasará de ser una decoración metálica, y sus hijos no tendrán acceso a los conocimientos ni podrán comunicarse con los amigos.
El académico Serguei Kapitsa, quien lleva varias décadas como presentador de un popular espacio televisivo de divulgación científica, ha calificado una vez el Gorbushka como "el lugar más progresista de Rusia", porque las masas pueden comprarse a un precio módico la herramienta necesaria para acceder a la información sobre la ciencia, la técnica, el arte y la cultura.

Los expertos en la lucha contra los delitos informáticos auguran que en el futuro, a medida que vayan incrementando la asequibilidad de Internet y la velocidad de conexión a la red, será innecesario pagar siquiera por las copias piratas. Un sinfín de programas ya pueden descargarse desde los servidores u ordenadores remotos a través de las redes locales de peering, o de intercambio de tráfico en Internet.

¿Deberíamos cruzarnos de brazos y dejarlo todo como está? Creo que la mejor manera de combatir el latrocinio informático es garantizar la continua subida del nivel de vida en Rusia. Solamente una persona pudiente acatará la ley en lo que respecta al uso de los programas. La aparición de portátiles modernos de alta calidad priva de sentido el uso de discos piratas. Los propietarios de muchas empresas privadas empiezan a darse cuenta finalmente de que el aparente ahorro en programas informáticos no se justifica. Primero, porque la nueva versión del Código de infracciones administrativas contempla la confiscación de los equipos informáticos como sanción por el uso de programas piratas. Segundo, porque el artículo 273 del Código Penal castiga con prisión de hasta cinco años la creación y el uso de los 'crackers', o sea, programas desarrollados para romper licencias. Y tercero, porque cualquier fallo en una red informática implica el riesgo de pérdidas incalculables, y en el caso de una versión pirata, no habrá nadie para pasar la factura. Esas sanciones ya se han usado en múltiples ocasiones a lo largo de toda Rusia.

En cuanto al uso de licencias, los líderes incuestionables en esa materia son las numerosas instituciones públicas, que no se preocupan demasiado por la austeridad en el gasto, y las operadoras privadas de telefonía móvil que tienen recursos suficientes y confían exclusivamente en los programas legales.

Próximamente, Rusia tiene previsto adherirse a la OMC y uno de los principales requisitos para el ingreso es asegurar la protección de la propiedad intelectual. El Gobierno ruso está dispuesto a hacer lo posible para reducir el nivel de la piratería informática por lo menos hasta la cota civilizada del 60-70%, que es la media registrada en la Europa del Este.

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Vasily Zubkov es comentarista de RIA "Novosti".

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