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Relaciones ruso-norteamericanas

Andrei Kisliakov
Redacción
lunes, 21 de noviembre de 2005, 03:03 h (CET)
Si reconocemos que el año nuevo está ya pronto, el encuentro de enero próximo que sostendrán los dirigentes de las agencias espaciales de Rusia y los Estados Unidos constituye un acontecimiento oportuno e importante. Es que en este encuentro se espera fijar los acuerdos alcanzados para la explotación común de la Estación Espacial Internacional (EEI), que hoy día es el único programa espacial que supone el mantenimiento de ingenios tripulados.

Desde luego que resulta agradable ver que esta vez el sentido común se ha impuesto a las ambiciones políticas, y el Congreso estadounidense ha hecho enmiendas a la ley de la no proliferación que bloqueaba fuertemente toda posibilidad de la NASA para hacer pagamentos a la Agencia Espacial de Rusia, concretamente en el marco del programa de la EEI. Pero si intentamos enfatizar la tendencia básica que predomina en el área de las relaciones ruso-americanas en el campo espacial, quiérase o no, tenemos que hacer mención del viejo proverbio de que lo nuevo no es más que lo viejo bien olvidado.

En los primeros años de este milenio nuevo, o sea, durante el mandato de la administración Bush, la actitud norteamericana hacia la cooperación con Rusia en este campo ha cambiado sustancialmente si se la compara con la visión del problema que tenía Bill Clinton, como si estuviéramos a fines de los años 60 del siglo pasado y analizáramos la actitud hacia la cooperación con la URSS que mantenían John Kennedy y su sucesor Lindon Johnson.

Vamos a comprobarlo. En virtud de muchas causas y, ante todo, pensando no sin razón que EEUU difícilmente podría ganar la carrera espacial frente a la URSS, Kennedy tenía la clara intención de tender un “puente espacial” entre los dos países. Basta con recordar su famosa apelación a la URSS desde la tribuna de la ONU, discurso que contenía la invitación a aunar esfuerzos con Estados Unidos a fin de realizar un viaje a la Luna.

Igual que Kennedy, Johnson también se mostró bastante interesado por la exploración del espacio. Pero el objetivo principal que perseguía este presidente, que a diferencia de su antecesor, nunca hizo al Kremlin una propuesta de cooperación, se reducía a lo siguiente: asegurar a toda costa el papel principal de América en el cosmos. Johnson lo declaró abiertamente el 9 de noviembre de 1969, en el acto de entrega de las medallas de la NASA “Al Mérito” a los tripulantes de la nave lunar "Apolo - 8". Era claro que para el discípulo de J.F.K. el cosmos se hacía en mayor medida un campo de la rivalidad que la cooperación.

Por otro lado, había una circunstancia “no espacial” que en los tiempos de Johnson ponía a la Unión Soviética y los Estados Unidos frente a frente en el campo de la exploración del espacio. Por ejemplo, la creciente resistencia en Vietnam. Mientras que, para agradar al Vietnam del Sur, Washington bombardeaba el Vietnam del Norte, la URSS ayudaba abiertamente a éste último, lo cual en aquella época constituía la base de la “guerra fría”.

En nuestra época el enfrentamiento abierto parece haber pasado a la historia. Pero … parece que el noble ímpetu de Clinton de llamar al mundo entero a unirse y a trabajar juntos en la Estación Espacial Internacional no lo comparte ni la administración Bush ni los dirigentes de la NASA, a pesar de las declaraciones formales de seguir cooperando con Rusia en el programa de EEI. Estados Unidos tiene en su agenda, igual que hace 40 años, el programa de exploración de la Luna, programa que esta vez se llama “Constellation” y cuyo propósito es destacar el liderato del Nuevo Mundo en la organización de prolongadas expediciones interplanetarias. Y, nótese, haciéndolo de forma independiente. Mientras tanto, los líderes norteamericanos se limitan a frases comunes, hablando sobre la posibilidad de mantener la cooperación con Rusia en el campo de la exploración del cosmos lejano.

Al mismo tiempo, la NASA comenta con creciente indolencia las perspectivas que EE.UU. tiene con relación a la EEI como único punto de aplicación de los esfuerzos rusos-americanos en materia de vuelos tripulados. Ahora, de creer a las palabras proferidas por Michael Cloats, nuevo director del Centro de Vuelos Tripulados “Lindon Johnson” en Houston, citadas el 17 de noviembre en la edición de Internet “Space com”, la agencia espacial norteamericana tiene planteada la tarea de concluir el montaje del complejo orbital en la medida de lo posible. Si no me equivoco, semejante enfoque del problema se llama en la lengua burocrática dejar correr al asunto.

De modo que se tiene que errar, describiendo círculos de avanzar hacia lo nuevo.

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Andrei Kisliakov es comentarista de RIA “Novosti”.

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