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Etiquetas:   Hablemos sin tapujos   Puigdemont   Justicia  

Alea iacta est. El periplo de Puigdemont toca su fin

“La valentía que se entra en la jurisdicción de la temeridad, más tiene de locura que de fortaleza.” Miguel de Cervantes Saavedra
Miguel Massanet
lunes, 26 de marzo de 2018, 06:44 h (CET)

Cuando un personaje venido de la nada se aprovecha de circunstancias, aparentemente propicias para alcanzar una fama que no se merece, prestándose a asumir unas funciones para las que no está capacitado o buscando arrastrar tras de sus propias locuras a una multitud de personas a base de seducirlas con mentiras, engaños, falsas promesas, ilusiones o medias verdades; es evidente que actúa con temeridad, mala fe y desconsideración para aquellas personas de las que se vale para llevar adelante sus insensatas, deleznables, ilegales e irrealizables ideas. El caso de este catalán, evidentemente cargado de recursos encaminados a poner obstáculos a la ley, conocido como Carlos Puigdemont, expresidente de la Generalitat catalana, se puede decir que contiene en sí todo un cargamento de malas artes, de desconsideración hacia sus propios compañeros de partido, de uso indebido del dinero de quienes lo han venido apoyando y de falta de respeto hacia quienes han venido apoyando el propio separatismo catalán que, lejos de huir de España y poner tierra por medio para evitar la acción de la Justicia española, han tenido la hombría de quedarse para afrontar sus responsabilidades que les han llevado, a muchos de ellos, a visitar las cárceles españolas.


Sólo a un visionario pagado de sí mismo puede albergar la idea de que va a ser capaz a mantener a toda una nación en vilo, creyéndose que puede atacarla, menospreciarla, despreciar sus instituciones, calumniarla y, por añadidura pretender descalificarla ante el resto de naciones que, con ella, forman parte de la Europa comunitaria, con todo el merecimiento que le asiste, por su condición de democracia unánimemente reconocida por el resto de democracias del mundo. Sólo un infeliz creído de estar dotado de una inteligencia superior, un ególatra o un orate al que se le ha hecho creer que está en condiciones de dirigir una revuelta separatista sin que ello le pase factura y le obligue a rendir cuentas ante la Justicia; sería capaz de alimentar la idea de que, con sus charlas, sus desafíos, sus viajes retando al país al que ha decidido enfrentarse, iban a tener un final feliz. Pero no sólo se fugó para instalarse en Bélgica, un país tan extraño como para aceptar tenerlo acogido en su territorio sin tomar las medidas cautelares que, por su pertenencia a la CE, debiera de haber puesto en marcha, limitando los movimientos del prófugo de la justicia española, para que no pudiera aprovecharse de su inmunidad para insultar y despotricar contra toda España y los españoles; mostrándose como un caradura, insolente y traidor ofendiendo a aquel país que le permitió que ocupara un cargo público de la importancia de presidente de la Generalitat, aceptando obedecer su Constitución para, a la primera ocasión que se le presentó, levantarse contra él, prevaricando y cometiendo perjurio, en un acto deleznable de deslealtad a la nación a la que se debía como autoridad perteneciente a su Administración.


Como suele suceder con todos aquellos que tienen cuentas pendientes con la Justicia, a este señor, al que el exceso de confianza, su creencia de que era más listo que nadie y su decisión de intentar esparcir cuanta basura y fango pudiese para perjudicar a España, han sido superiores a la prudencia que le hubiera aconsejado mantenerse viviendo en el lugar donde se sentía protegido, ante la previsible actuación de las autoridades españolas que le estaban siguiendo la pista y que, como ha quedado acreditado hoy mismo, han demostrado que el servicio de inteligencia español había conseguido estar al tanto de sus viajes por Europa, de tal modo que, al menor descuido que ha cometido, han sido capaces de alertar a las autoridades alemanas para que lo detuvieran y comenzaran el trámite para su puesta a disposición de la judicatura, que será la que, en el plazo establecido, de 15 a 47 días, determine si la orden internacional de captura reúne las condiciones para que la legislación alemana pudiera dar la autorización para la extradición del prófugo.


No es, precisamente, la nación alemana la que mejor parece que vaya a acoger a este sujeto, huido de los tribunales españoles, si es que tenemos en cuenta la sintonía que existe entre los dos gobiernos, los acuerdos que tienen convenidos para casos como el que nos ocupa y si se tiene en cuenta que, en la legislación germánica, existe un delito de alta traición en contra del Estado Federal o de alguno los distintos länders que lo componen, que tiene grandes concordancias con el delito de rebelión tipificado en el CP español. Puede que la gran movilización de abogados catalanes y belgas que parece que están al servicio de la causa de Puigdemont, intente por todos los medios obstaculizar la acción de los tribunales alemanes, pero lo que es evidente es que los plazos para dar cumplimiento a las órdenes de captura internacionales no puede durar más de tres meses, seguramente el más corto de los del resto de naciones que el señor Puigdemont haya visitado hasta ahora en su circuito propagandístico por toda Europa. Unos pocos kilómetros por las autopistas alemanas han bastado para que la policía de tráfico haya detectado el coche de los fugitivos y puesto en lugar seguro, en una comisaría, a los ocupantes del mismo.


La situación del llamado “process”, como consecuencia de la detención en Alemania del líder del mismo, seguramente va a tener efectos inmediatos en cuanto a la puesta de acuerdo de las distintas facciones que siguen al frente del separatismo catalán para nombrar a un nuevo gobierno si es que, como parece, todos rechazan de plano el recurrir a unas nuevas elecciones, dado que, a diferencia de lo que sucedía hasta ahora, que los plazos estaban interrumpidos como consecuencia de la suspensión del acto de investidura del presidente de la Generalitat, a partir del momento en el que el señor Rull hizo su discurso de presentación, han comenzado de nuevo a correr para que, si en el plazo de dos meses no se ha constituido un nuevo gobierno en la Generalitat, será preceptivo que se proceda a convocar unos nuevos comicios.


Al parecer, en un intento desesperado de evitar la extradición a España, los asesores de Puigdemont piensan intentar presentar una “solicitud de asilo” para quedarse en Alemania. No obstante, fuentes del ministerio del Interior regional de Scheswig-Holstein, han manifestado que las posibilidades de que esta petición de asilo sea aprobada son escasas. "La prosecución penal, es decir, la ejecución de una orden de detención europea prima sobre un proceso de asilo". Se debe tener en cuenta de que, pese a los esfuerzos que sin duda va a hacer el equipo de abogados del señor Puigdemont, para intentar sacarlo del aprieto en el que se encuentra, disponen, en realidad, de solo tres posibilidades para que un país no ejecute una OEDE: que Puigdemont ya estuviese siendo juzgado por otro país miembros de la UE, que su delito haya sido perdonado en base a una amnistía en el país de la detención o que el acusado sea menor de edad. No se dan ninguno de estos supuestos.


Es de esperar que en los próximos días se produzcan reacciones en Cataluña, dado que la detención del mandamás del separatismo que ha caído en la trampa, con toda seguridad, estaba prevista por los servicios secretos de la nación española que han aguardado pacientemente que se produjera, como ha sucedido, la ocasión propicia para echarle el guante precisamente en Alemania. Ahora será el momento de ver si, los acuerdos existentes entre países a los que se viene considerando como defensores de la Constitución, siguen manteniéndose ante el nuevo desafío al que van a tener que hacer frente o bien alguno de ellos, por ejemplo el PSC bajo la dirección del señor Iceta, parezca dispuesto a llegar a acuerdos con todos, incluso con los independentistas, según se desprende de las palabras que pronunció Iceta en el Parlament catalán: “Hay que pensar en todo el país, no sólo en una parte, hay que abandonar el refugio de los bloques para avanzar en el diálogo” Lo que nadie aclara, con tanta apelación al diálogo, es sobre ¿qué se va a dialogar cuando, hasta ahora, a todo lo que se han venido aceptar los partidos independentistas ha sido a dialogar sobre las condiciones y los plazos en los que el Gobierno estaría dispuesto a aceptar la independencia de Cataluña de España.


Cuando vemos lo que se está organizando en las tertulias de la TV, lo que dicen fanáticos del calibre de Pilar Rahola, o lo que publican periódicos que pretenden ser objetivos pero que forman parte de los medios informativos que apoyan descaradamente la independencia de Cataluña, no nos extraña que las calles estén en efervescencia si, lo que escuchan los ciudadanos de la comunidad catalana, no son más que incitaciones al odio, a continuar la lucha, provocaciones para que haya enfrentamientos con el Estado e insultos hacia las fuerzas del orden que, hasta ahora, no han hecho otra cosa que intentar preservar el orden esforzándose en detener las avalanchas “pacíficas” de aquellos corpúsculos de “defensores de la república catalana”, que no hacen otra cosa que hostilizar con sus cargas, insultos y lanzamiento de objetos, la labor pacificadora de quienes tienen por misión evitar el vandalismo en las calles.


O así es como, señores, desde la óptica de un ciudadano de a pie, nos tememos que, la firmeza que hasta ahora vienen demostrando los tribunales en cuanto a las medidas judiciales que se han venido adoptando en contra de los presuntos culpables del intento golpista, de quienes intentan acabar con la unidad de España, puede que desde los partidos políticos o desde el mismo Gobierno de la nación, no se vea con la claridad y el respeto con el que se deben aceptar y apoyar las actuaciones judiciales e incluso se den intentos de socavar la ejemplar labor de los representantes de la Justicia, intentando alcanzar acuerdos en los que se pueda dar cancha a aquellos que siempre prefieren andarse con rodeos cuando se trata de tratar temas de gran trascendencia para el futuro de España y de los españoles. La situación requiere de pulso firme, evitar concesiones extemporáneas y sostener, por encima de cualquier otra consideración, la unidad del país y la vigencia de nuestra Constitución.

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