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Etiquetas:   Artículo opinión   -   Sección:   Opinión

Una Turquía europea y el Cáucaso

Serguey Markedonov
Redacción
viernes, 4 de noviembre de 2005, 23:51 h (CET)
El problema de ingreso de Turquía en la Unión Europea se analiza de costumbre en forma de dar respuestas a dos preguntas: ¿Es capaz Turquía de asimilar los valores europeos? y ¿Alcanzan los recursos de la UE para europeizar a nuevos miembros?

Al hacerlo, los expertos centran la atención no tanto en el propio hecho de la admisión de Turquía cuanto en los plazos en que ésta podría adquirir el estatuto europeo. Pero las perspectivas europeas de Turquía no se reducen solamente a las luchas políticas de los burócratas de Bruselas ni al debate sobre el tema dónde termina Europa y dónde comienza Asia. La “europeización” de Turquía no en el último lugar (cuando no en el primero) es un problema muy actual para la geopolítica del Cáucaso.

Primero, la integración de Turquía en Europa repercutirá en las relaciones entre la primera y el “mundo armenio”, que es uno de los problemas fundamentales del “gran juego” caucasiano. El concepto “mundo armenio” no se reduce a la República de Armenia. Otras partes no menos importantes de ese mundo son el secesionista Alto Karabaj y la diáspora armenia (“spiurk”) que ejercen una seria influencia sobre la opinión pública tanto en la propia Armenia como en otros muchos países (EEUU, Francia, Rusia).

Las posiciones de diversas partes del mundo armenio respecto a las perspectivas de desarrollo de las relaciones armenio-turcas no siempre coinciden. Durante la presidencia de Levon Ter-Petrosian, entre las autoridades oficiales de Ereván y la diáspora en más de una ocasión surgían discusiones en torno al problema del reconocimiento del “yeguern” /crimen, traducido del armenio/, o el genocidio perpetrado contra los armenios en 1915. El primer líder de la República de Armenia estaba dispuesto a renunciar a absolutizar esa tragedia de comienzos del siglo XX en aras de la perspectiva de establecer relaciones de buena vecindad con Turquía en un futuro. Y pese a que el segundo presidente de Armenia, Robert Kocharian, mantiene una posición más rígida en este tema, Ereván ha dejado de formularle a Turquía pretensiones territoriales. Pero en lo que atañe a los representantes del mundo armenio, no todos en éste, ni mucho menos, están dispuestos a analizar si contra los armenios se practicó genocidio o no, separándolo del problema territorial y el de exigir restitución y compensaciones por los bienes perdidos por los armenios durante la tragedia de 1915.

Segundo, del ingreso de Turquía en la UE dependen las perspectivas del arreglo en el Cáucaso y el desarrollo de esa región en su conjunto, así como la presencia política de Rusia del otro lado de la Cordillera del Cáucaso.

El problema número uno en las relaciones entre Turquía y Armenia (y el mundo armenio) es el reconocimiento como genocidio lo que ocurrió en 1915 tuvo. Precisamente la interpretación oficial de los acontecimientos de 1915 como un genocidio (pero no una guerra civil, una masacre o una deportación de armenios, como los suele presentar la historiografía turca) figura entre los criterios principales del “europeísmo” de Turquía.

Pero los historiadores y políticos turcos versados en el tema esgrimen sus argumentos serios. Según el Prof. Halil Berktay, “Turquía no acaba de tomar conciencia de que ella derrocó el viejo orden otomano e instituyó en su lugar una república moderna. En ello radica una seria contradicción. La república no puede asumir la responsabilidad por aquellos acontecimientos... La república turca puede decir hoy día una cosa muy sencilla: la República de Turquía fue fundada en 1923, mientras que los sucesos en cuestión tuvieron lugar en 1915. Nuestros Ejército e instituciones oficiales no tienen nada que ver con aquello. La República de Turquía es un nuevo Estado que desde el punto de vista jurídico no es derechohabiente ni del Gobierno otomano ni del formado por el partido Unidad y Progreso (conocido como “nuevos turcos”).

En la Turquía contemporánea, muchos estudiosos de relaciones armenio-turcas exhortan a despolitizar el problema de 1915, “dejándolo para los historiadores”. Pero hasta tales manifestaciones se interpretan como demasiado liberales por muchos científicos, funcionarios y políticos de Turquía. Por algo, Taner Aksam, el primer historiador turco que definió la tragedia de 1915 como genocidio, actualmente vive muy lejos de su patria e imparte conferencias en la Universidad de Michigan.

A primera vista, Ankara muy bien podría jugar la carta de la “despedida del pasado”. Para ello bastaría desarrollar la tesis de los historiadores liberales turcos de que entre la república y el imperio no hay sucesión en derechos (que es uno de los ideologemas básicos de Turquía, empezando por el fundador de la República, Kemal Ataturk) y condenar el “odioso pasado otomano”, culpable del genocidio armenio. Además, Ankara podría aceptar el “pase” político que hizo el Gobierno de Armenia al renunciar a las pretensiones territoriales sobre la Armenia Occidental, la que se encuentra hoy día bajo la jurisdicción turca. Hasta 1914, en ese territorio vivían 2,3 millones de armenios (en los distritos de Van, Erzerum, Bitlis, Sivas, Harbert y Diyarbakir). Al reconocer que en 1915 se practicó el genocidio contra los armenios, Ankara podría dar por cerrado definitivamente el “problema armenio”.

Al desarrollar esta tesis, se puede afirmar con absoluta seguridad que el ingreso de Turquía en la UE convertirá las pretensiones territoriales del mundo armenio en un hecho histórico solamente. La Unión Europea se manifiesta categóricamente en contra de cualesquiera repartos territoriales, aunque se trate de restablecer la justicia histórica.

Pero en cuanto al reconocimiento del genocidio y la despedida del “odioso pasado”, no todo puede resultar tan fácil. Pues la Turquía kemalista, al rechazar la herencia del “antipopular régimen otomano”, practica al propio tiempo la misma política interna y exterior de antes, tanto en sus relaciones con Chipre como con Grecia, Bulgaria, en el espacio de la ex Yugoslavia, en las relaciones armenio-turcas y en la política respecto a las minorías étnicas (el problema curdo). Es más, a lo largo de todo el siglo XX, aprovechando con habilidad las contradicciones que existían entre las grandes potencias, Turquía consiguió fortalecer sus posiciones en el mundo. Durante la revolución kemalista, los turcos se aprovecharon muy bien de la confrontación entre la Rusia soviética y la Entente, y durante la guerra fría, al utilizar el factor del “peligro izquierdista” para Grecia y Chipre, solucionaron para su satisfacción el “problema de Chipre”. Como resultado, surgió un segundo Estado turco: la República Turca de Chipre del Norte, no reconocida por la comunidad mundial. Ahí radican los recelos de Armenia y el mundo armenio con respecto a las perspectivas europeas de la república turca.

Turquía aprovechó al 100 por 100 los recursos de la OTAN, sin importarle mucho la correspondencia de su proceder a los altos estándares de la seguridad europea. A raíz de ello, no parece ser vana la pregunta de si Turquía con una igual habilidad podría valerse de los recursos de la UE para satisfacer sus propias ambiciones políticas.

Al ingresar en la UE, Turquía empezaría a aplicar una enérgica política en el Cáucaso, encubriéndose de su status europeo. Sus acciones en la región adquirirían carácter de una “injerencia europea”. Con la ayuda de su nuevo status, Turquía - partiendo no tanto de los intereses de la “Europa unida” cuanto de sus propios – podría minimizar la influencia “imperial” de Rusia en la región, encubriéndose de las retóricas democráticas.

Es más, Turquía puede convertir el problema de reconocimiento del genocidio armenio en objeto de un regateo político. Siendo una aliada estratégica de Azerbayán, Turquía va a actuar del siguiente modo: nosotros reconocemos el genocidio, y ustedes a cambio de ello presionan sobre Armenia en el problema de Alto Karabaj. En tal caso, Ereván, bajo presión de la UE, le haría a Alto Karabaj aceptar unos planes de paz abstractos y distantes de la realidad, elaborados por estructuras internacionales. Por ejemplo, un proyecto reciente presentado por el Grupo Internacional Anticrisis estipula el retorno de los refugiados azerbayanos a Alto Karabaj, la entrada en éste de un contingente de paz internacional y la celebración más tarde de un referéndum sobre el estatuto de la república secesionista. Pero el regreso de los refugiados al lugar donde surgió el conflicto étnico está preñado de su nuevo estallido.

Tampoco se debe descartar la posibilidad de que Ankara proponga realizar un “intercambio de reconocimientos” entre Turquía, Armenia y Azerbayán. El 26 de marzo de 1998, el presidente de Azrebayán, Gueidar Aliev, emitió el Decreto “Del genocidio de azerbayanos”, así como declaró el 31 de marzo Día del Genocidio del Pueblo Azerbayano. En el Decreto figura la tesis de que la etnia azerbayana fue desmembrada, las tierras históricas azerbayanas, repartidas y se produjo ocupación de Azerbayán tras la firma de los Tratados de Paz de Gulistán (1813) y de Turkmanchay (1828), al término de dos guerras ruso-persas.

La responsabilidad histórica por el genocidio azerbayano fue cargada sobre el Imperio ruso, la URSS, Armenia y la etnia armenia. No se puede excluir que Turquía, a cambio del reconocimiento del holocausto armenio de 1915, le pida a Armenia reconocer el “genocidio azerbayano”. Y si Ereván se niega a hacerlo (de lo que no cabe duda), Turquía dirigirá flechazos de la ira europea a los armenios, esquivando ella misma las críticas por parte de la “Europa unida”.

O sea que la europeización de Turquía, a la par con eventuales ventajas, les trae bastantes problemas a Armenia y al mundo armenio. Turquía puede fijar unas condiciones de antemano inaceptables para el reconocimiento del genocidio armenio de 1915. Y en lo que atañe a Europa, surge una lógica pregunta: ¿No se convertirá esa europeización forzada en una actividad política poco rentable?

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Serguey Markedonov jefe del Departamento de Relaciones Internacionales del Instituto de Análisis Político y Militar, RIA “Novosti”.

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