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Etiquetas:   Social   Religión   Violencia   -   Sección:   Opinión

Se recoge lo que se siembra

”¿Quién hará limpio a lo inmundo? Nadie” (Job 14: 4)
Octavi Pereña
martes, 13 de febrero de 2018, 07:27 h (CET)
Lucia y Rafael, dos ancianos de 87 años fueron apuñalados salvajemente por dos adolescentes de 14 y 16 años. Hechos como este ocurrido en el barrio bilbaíno de Otxarkoaga pueden suceder y de hecho ocurren en otros lugares. Este tipo de violencia hace que la gente se pregunte: “¿Cómo pueden matar unas criaturas a unas personas indefensas que pueden ser sus abuelos?” “¿Cómo pueden ir sueltos por la vida?” “¿Es justo que unos niños se escapen del rigor del Código Penal legislado para adultos?” “Si son tan crueles y primerizos para matar no deben serlo para pagar por lo que han hecho?” El vecindario ve con miedo “el brote de violencia protagonizado por menores organizados en bandas que han crecido bajo la piel del Bilbao más brillante y posiblemente cohesionado de las últimas décadas”, escribe el periodista Pedro Gorospe.

Refiriéndose a la presencia de menores de 12 años en las bandas, la fiscalía de Vizkaia dice en su memoria: “La actividad que hacen sus miembros es un factor fundamental para adquirir prestigio e importancia constituyendo su ingreso en un centro de reforma un peldaño en el ascenso en el grupo”. Los fiscales reconocen que las bandas urbanas de adolescentes son una causa de la violencia infantil y adolescente que ha alcanzado cotas de violencia cada vez más feroz y en edades cada vez más primerizas.

David, el sirvo fiel del rey Saúl de Israel, perseguido por una jauría de soldados al mando e l mismo monarca porque envidiaba a su brillante soldado aclamado por el pueblo y que Dios había escogido para ser el próximo rey de Israel. Habiendo tenido David la oportunidad de poderlo matar, le dice al rey ofuscado por el odio: “como dic el proverbio de los antiguos: De los impíos saldrá la impiedad, así que mi mano no será contra ti” (1 Samuel 24. 13). ¿Por qué el rey Saúl quiere matar a su súbdito leal e inocente acusándolo dl lito de sedición y el súbdito leal no quiere matar a su señor? Sencillamente porque la conversión de David al Señor había cambiado su manera de pensar lo cual le impedía alzar su mano contra el rey, el ungido del Señor.

Hoy se niega la maldad humana. Si se cometen fechoría debe a factores externos. En su necedad de no querer ver lo que es, el hombre se atribuye el poder de transformar las propiedades naturales del agua. Recitando unas palabras de manual le confieren al agua propiedades milagrosas que tienen el poder de limpiar el pecado original que adquiere por el mero hecho de ser descendiente de Adán. En su necedad, viendo como las personas bautizadas con el agua milagrosa siguen manifestando su condición pecadora, como se pone de manifiesto en el comportamiento incívico y violento de niños y adolescentes, piensan que rociando con agua bendita el cuerpo del difunto se le abre de par en par la puerta del cielo. Pues no, las purificaciones a las que el hombre se somete a lo largo de su vida no sirven para hacerlo justo y apto para andar en justicia. David, escogido para ser rey de Israel el Señor dijo de él: “He hallado a David hijo de Isaí, varón conforme a mi corazón, quien hará todo lo que yo quiero” (Hechos 13: 22). El profeta Natán le hizo ver a David que el adulterio que había cometido con Betsabé y el posterior asesinato de Urias su marido, fueron unos hechos que desagradaron a Dios. Reprendido David, escribió: “He aquí que en maldad he sido formado, y en pecado me concibió mi madre. He aquí, tú amas la verdad en lo íntimo, y en lo secreto me has hecho comprender sabiduría” (Salmo 51: 5,6). La denuncia que el Dios de Israel presenta a su pueblo es que jamás se ha cansado de enviar profetas con el mensaje de arrepentimiento para que pueda bendecirlos, pero no hicieron caso. En cambio, David cuando escuchó la acusación que Dios le hacía por medio del profeta Natán, escuchó y se arrepintió. El salmo 51 que David escribió después de arrepentirse de su adulterio y asesinato evidencia que su arrepentimiento fue sincero desde lo más profundo de su corazón. No fue como las disculpas que los políticos corruptos piden al pueblo cuando los atrapa la justicia. En el caso de David, el monarca no se pone de pie encima de una tarima ante el pueblo congregado pidiendo que lo perdonasen. No. Cerrada la puerta de su habitación y en secreto le pide perdón a Dios a quien había ofendido con su pecado.

Me he desviado a propósito del tema de las bandas juveniles que hacen malvivir a los ciudadanos porque si no se arrepienten ante Dios de sus pecados, si no claman a Dios: “Purifícame con hisopo, y seré limpio, lávame y seré más blanco que la nieve” (v.7). El hisopo es un símil de la sangre que Jesús derramó en el Gólgota que lava todos los pecados de quienes creen en Él. Cuando el perdón de los pecados no es el hombre quien lo otorga, sino Jesús, entonces los niños y adolescentes que se agrupan en bandas urbanas para hacer fechorías, serán sensibles a este texto bíblico en que Dios habla a los jóvenes en la figura de un padre y una madre que aleccionan a su hijo: “Oye, hijo mío la instrucción de tu padre, y no desprecies la dirección de tu madre…Hijo mío, los pecadores te quieren engañar, no consientas. Si te dicen: Ven con nosotros, pongamos asechanzas para derramar sangre, acechemos sin motivo al inocente…Echa tu suerte con nosotros, tengamos todos una bolsa. Hijo mío, no andes en camino con ellos, aparta tus pies de sus veredas…Porque en vano se tenderá una red antes los ojos de toda ave, porque ellos a su propia sangre ponen acechanzas, y a sus almas tienden lazo. Tales son las sendas de todo el que es dado a la codicia, la cual quita la vida de sus poseedores”. (Proverbios 1:8-19).

Son pocos los padres que se preocupan de enseñar a sus hijos los caminos del Señor. Les es una tarea demasiado dura. Prefieren que sean los amigos, la televisión, las redes sociales que los suplan. La enseñanza que reciben por estos medios es todo lo contrario de aquello que guía a hacer bien y a respetar el prójimo. Ante la inhibición de los padres en la educación de sus hijos no tienen derecho a traspasar a la Administración la responsabilidad de las fechorías que cometen sus hijos mal educaos. El dicho dice: “Se siembran vientos y se recogen tempestades”.
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