Quantcast
Diario Siglo XXI. Periódico digital independiente, plural y abierto. Noticias y opinión
Viajes y Lugares Display Tienda Diseño Grupo Versión móvil
15º ANIVERSARIO
Fundado en noviembre de 2003
Opinión
Etiquetas:   Goya   Alex de la Iglesia  

Alex de la Iglesia, un cineasta solanesco

El autor de “Perfectos desconocidos”, éxito cinematográfico de la temporada, ausente en los Goya
Diego Vadillo López
martes, 6 de febrero de 2018, 07:17 h (CET)

Alex de la Iglesia surfea el temporal de la sempiterna crisis del cine español, éxito de taquilla tras éxito de taquilla, fiel a un estilo muy característico que conecta con cierta imperecedera esencia de lo español (un barroquismo lírico, zafio, bronco y morboso, provocador de un insólito deleite en amplias capas poblacionales).



Quien, como servidor, guste de lo barroco y, por lo tanto, de las obras de los barrocos, gustará en mayor o menor medida del cine de Alex de la Iglesia, ese singular director, ubérrimo en lo bronco y siempre excedido en la exhibición chispeante de lo sórdido-desapacible. Su fílmica fotografía es solanesca, se muestra ante la retina de quien visionare como envuelta en un suave halo de crepuscular y áspero cromatismo.



Hay un payasismo gore en todas sus cintas. No en vano nuestro cineasta se recrea en lo que de truculento pudiera encerrar cualquier anodino reducto de la más pálida cotidianeidad. Él conoce a estas alturas bien todos los ámbitos de la vida, el callejero, el institucional, el espiritual (formose en los jesuitas)...



Todo ese acervo cultural y multidisciplinar que a lo largo de los siglos ha venido asistiendo a nuestros más insignes barrocos es del que hace uso en sus obras Alex de la Iglesia, y, de entre todos ellos, con quien se me antoja que emparenta de manera no poco acusada es con el pintor José Gutiérrez Solana. De la Iglesia es solanesco. Siempre hay nubes negras sobrevolando su universo filmográfico. Un universo de claroscuros que torna torvo todo cuanto en él acontece.



La cabeza de Álex de la iglesia produce monstruos como la de Goya; monstruos de un edificante poder de seducción al fondo de la “terribilità” que desprende cada secuencia de sus filmes. Cada escena de sus películas se revela entre chocarrera, plástica y estremecedora.



El fluir impetuoso de la vida atrapado en el celuloide objeto de su orfebre proceder no hay diques que lo sujeten, pues la impetuosidad que comporta abroga los marcos de lo esperable.



Si se cotejan los carteles de las películas de Álex de la Iglesia con los cuadros de Gutiérrez solana, queda claro que ambos artistas (de temperamento barroco los dos) comparten una poética pictórica y un regusto por la elevación a categoría de lo periférico-arrabalero, de lo secundario; gustan uno y otro de atraer lo deslustrado a primerísima tribuna. Y prueba de ello la tenemos en el gusto de nuestros creadores por trabajar con personajes secundarios de lujo. Solana retrató a los olvidados y De la Iglesia no duda nunca en contar con ilustrísimos actores secundarios para bien del patrimonio fílmico nacional.



Pocos han obrado como ellos sendos universos artísticos con tan impactantes mimbres: lo morboso, lo sórdido, lo triste, lo cutre, lo misérrimo… por ello ambos seguirán figurando en el cultural acervo otorgándonos la posibilidad de disfrutar con la fascinación que brota de lo desapacible.

Comentarios
Escribe tu opinión
Comentario (máx. 1.000 caracteres)*
   (*) Obligatorio
Noticias relacionadas

Dignidad y valores

La dignidad es el respeto y estima que toda persona por el hecho de estar viva se merece

Rivera apela al transfuguismo político. Quien no corre vuela

Quizá esta ha sido la más rocambolesca época de distrofia política, donde el futuro de España se está jugando al “estraperlo”

En el último minuto

​Si no fueran politicos adolescentes sino hombres de Estado, con visión del bien común del país y no de partido o personal, se agarrarían 'in extremis' a un gobierno de gran coalición con pactos de mínimos ante los grandes eventos que nos anuncia el futuro

Ver, juzgar y actuar

​Voy colgando mis modestos artículo en un blog al que he titulado “ver, juzgar y actuar”, los tres pasos que aprendimos en el libro de Maréchal, La Revisión de Vida, en mis años juveniles en la Acción Católica y seguramente el paso más difícil es el de juzgar, pues si cada hecho sobre el que me fijo a la hora de escribir no lleva a un juicio sobre mi mismo queda reducido, en el mejor de los casos, a un simple comentario bastante inútil.

Párrafos que no irán a ninguna parte. Parte II

No a los malos tratos, a la maldad. No al dolor inaugurado ni la terquedad
 
Quiénes somos  |   Sobre nosotros  |   Contacto  |   Aviso legal  |   Suscríbete a nuestra RSS Síguenos en Linkedin Síguenos en Facebook Síguenos en Twitter   |  
© Diario Siglo XXI. Periódico digital independiente, plural y abierto | Director: Guillermo Peris Peris