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Festival del vino 2016 - D. O. Somontano
Ruth Marcus
The Washington Post Writers Group
Ruth Marcus es una columnista del The Washington Post Writers Group que, con los pies en el suelo, informa primero y opina después. Escribe semanalmente para SIGLO XXI en exclusiva para medios digitales españoles.

Como reportera, editora, redactora editorial y columnista del Washington Post, Marcus ha desarrollado una incisiva interpretación de las costumbres y dejes de la escena política nacional. Escribe con la entrenada vista de una reportera veterana, el incisivo análisis de un abogado y el sorprendido aspecto de alguien a quien le gusta el juego político al mismo tiempo incluso que percibe la falsedad de sus artificios.

Ha cubierto toda institución en Washington, desde el Supremo a la Casa Blanca pasando por el Congreso; ha informado de cada noticia de importancia en Washington de las dos últimas décadas, desde las reñidas aspiraciones al Supremo pasando por elecciones ajustadas, desde campañas picadas duramente libradas hasta la tan duramente alcanzad a renovación presidencial. Sabe diseccionar un veredicto del Supremo; desentrañar un escándalo de recaudación de fondos, y escribir, siempre de manera campechana, acerca de los detalles del presupuesto federal o los prolegómenos de la reforma sanitaria.

Como columnista sobre el terreno a quien le gusta informar primero y opinar más tarde, Marcus se encuentra en su salsa haciendo trabajo de campo, ya sea en la campaña o en las audiencias del Congreso. Aunque tiende a ser izquierdista, no se ve cautivada por ningún partido ni ortodoxia. De la misma forma en que Marcus se hace con la atención de los lectores en el funcionamiento interno de Washington y su cultura de dinero, escribe con igual facilidad acerca de asuntos sociales y las preocupaciones de los padres modernos con el mundo real. No se desentiende del hecho de que es mujer pero no deja que eso defina sus columnas; pone los temas de sexo sobre la mesa cuando son relevantes para el debate.

Se licenció en Yale y se aficionó al periodismo desde el momento en que recibió su primer encargo del periódico universitario. Se tomó un breve desvío para licenciarse en la Facultad de Derecho de Harvard, donde su capacidad para escribir de alguna manera sobrevivió al intensivo proceso de trabajar en el Harvard Law Review.

Marcus se unió al Post como redactora en 1984 y ha cubierto el Departamento de Justicia, el Supremo, la Casa Blanca y política nacional, con experiencia particular en financiación de campaña y grupos de presión. Tras ocupar el puesto de editora nacional en funciones, una posición que incluiría supervisar la cobertura de las desastrosas consecuencias de las elecciones de 2000, Marcus pasaba a ser miembro de la junta editorial en 2003, desde donde dio a conocer lo que nadie que lo hubiera conocido dudaba: que está llena de incisivas opiniones que no se priva de expresar. Sus columnas editoriales puntuales evolucionaron en una columna semanal a finales de 2005. En 2007, tras su primer año entero de escribir con asiduidad, Marcus fue finalista para el Premio Pulitzer de comentario periodístico. La junta del Pulitzer cita "sus comentarios incisivos e inteligentes en un amplio abanico de aspectos, utilizando una voz que puede ser seria o resultar entretenida."
Ruth Marcus
Últimos textos publicados
¿Se des- Republicaniza Arizona?
El itinerario presidencial, sobretodo en año electoral, da una idea del mapa electoral predilecto
PHOENIX -- . De forma que no sorprenderá que el calendario post-discurso del Estado de la Nación del Presidente Obama incluya estados indecisos tradicionales:

Iowa, Nevada, Colorado, perdidos todos ellos por John Kerry en 2004 pero ganados por Obama cuatro años más tarde. Michigan, históricamente Demócrata pero también estado natal de un fuerte candidato Republicano.

¿Pero Arizona?


Aparte de 1996, cuando Bill Clinton derrotó a Bob Dole, Arizona no ha votado a un Demócrata presidente desde Harry Truman en 1948. Tiene dos senadores Republicanos y un gobernador Republicano -- y a juzgar por los resultados de las legislativas de 2010, los augurios no son buenos para los Demócratas.

En esas últimas elecciones, la delegación legislativa del estado pasó de tener cinco legisladores Demócratas y tres Republicanos a tener cinco Republicanos y tres Demócratas. La Legislatura estatal es todavía más Republicana.

Entonces, ¿Arizona?

La campaña Obama insiste en que es seria al hacer un gesto al estado que, sostiene, habría estado a tiro hace cuatro años de no ser por el hecho de que el candidato Republicano, John McCain, era el senador más experimentado del estado.

Patrones electorales históricos de Arizona aparte, sostiene la campaña, la demografía del estado en vertiginoso cambio lo convierte de forma lógica -- aunque lejos de estar garantizada -- en objetivo de una recuperación Demócrata. Los hispanos representan ya casi el 20% de la población en edad de votar.

"Todo depende de las cifras", me cuenta el responsable de campaña Jim Messina. "Si cierra los ojos y no piensa que es Arizona, y se fija en las cifras? Arizona va a ser estado Demócrata dentro de unos años. La pregunta es cuándo. No decimos que Arizona vaya a ser Demócrata de forma definitiva, sino que vamos a hacer una apuesta difícil a largo plazo".

En cierto sentido, el interés de la campaña Obama en Arizona y sus 11 compromisarios puede ser un flirteo fruto de la necesidad. Refleja la escasa probabilidad -- prácticamente una certeza, mejor -- de que los Demócratas vayan a ser capaces de conservar muchos de los premios Republicanos que les arrebataron en los comicios de 2008, estados como Indiana, Carolina del Norte o Virginia.

Si gana Obama, su victoria no se producirá probablemente -- contra Mitt Romney desde luego no -- por el amplio margen de hace cuatro años.

La intuición de la campaña Obama en 2008, sin embargo, consistió en imaginar un terreno de juego electoral ampliado dentro del cual el camino al éxito Demócrata no discurría a través de ganar Florida y Ohio. Arizona es la ampliación lógica de esa teoría.

Al competir contra Romney en Arizona, por ejemplo, los Demócratas emitirán sin cesar su promesa de vetar la legislación DREAM, que proporcionaría una vía a la regularización de los hijos de inmigrantes ilegales, y -- en un estado con una de las cifras de embargos por impago más elevadas -- el comentario de Romney de que hay que dejar que el precio de la vivienda toque fondo.

"De todos los estados que hay al alcance de la mano, Arizona está más maduro que ningún otro", dice un miembro Demócrata. "No es un estado en el que se vaya a alcanzar el éxito de forma segura".

Los responsables de la campaña señalan las recientes victorias Demócratas en los comicios a edil de Tucson y Phoenix. Y ven la oportunidad en la jubilación del Senador Republicano Jon Kyl. Obama, que no es propenso a intervenir en el reclutamiento de los candidatos legislativos, apelaba personalmente a Richard Carmona, responsable de la sanidad pública con el Presidente George W. Bush, para convencerle de postularse a la candidatura Demócrata.

Los Republicanos dan por descartada la noción de una victoria Demócrata, observando que el registro electoral Demócrata en el estado está ya por detrás del de los Republicanos y el de los independientes.

"Obama puede venir a Arizona todo lo que quiera", decía Shane Wikfors, responsable de comunicación del Partido Republicano de Arizona. Pero una victoria en noviembre, decía Wikfors, "Eso no lo van a ver sus ojos. La tendencia nos favorece -- un electorado Republicano muy implicado y un votante independiente muy descontento".

Hay, sin duda, un elemento de guerra psicológica en la promoción del interés en Arizona por parte de la campaña Obama. Como poco, anunciar a los cuatro vientos que Arizona está incluida en la lista de objetivos electorales de la campaña podría inducir al candidato Republicano a gastar más dinero allí.

Pero la posibilidad de que los Demócratas asalten Arizona pone de relieve la dificultad a largo plazo confrontada por los Republicanos: seguir siendo competitivos teniendo en cuenta las realidades interconectadas del creciente electorado hispano y de una formación cuyo mensaje anti-inmigración cada vez más estridente aleja a ese mismo bloque electoral.

"Texas se volverá indecisa definitivamente", dice Messina. "En los próximos 10 años, pasará tiempo informando de Texas en las campañas presidenciales". Eso será interesante.
viernes, 27 de enero de 2012.
 
Cuando el carácter se sienta a la mesa
"La naturaleza destructiva, violenta y vengativa de gran parte de las crónicas de prensa dificulta gobernar este país"
WASHINGTON -- "Por definición, si te presentas a presidente, todo vale. Que se lo digan al ex Presidente Grover Cleveland. Que se lo digan al ex Presidente Andrew Jackson. No existe ningún límite. Acepto eso, pero yo no tengo que participar de la conversación".

Eso decía Newt Gingrich el pasado mayo, cuando le pregunté si la intrusión en la vida privada de los candidatos había ido demasiado lejos. En aquel momento, el principal quebradero de cabeza de Gingrich era su afición a comprar en Tiffany's, pero evidentemente Gingrich tenía presentes cuestiones de índole sexual en su cabeza: El ex Presidente Cleveland fue atacado por tener presuntamente un hijo ilegítimo, el ex Presidente Jackson por ser bígamo probablemente.

Y yo creí que Gingrich lo habría pillado: cuando te presentas al presidente, te expones a la clase de escrutinio que en el debate de la noche del jueves condenaba un Gingrich dedo acusador y voz en grito.

"Me parece que la naturaleza destructiva, violenta y vengativa de gran parte de las crónicas de prensa dificulta gobernar este país, dificulta atraer a la gente decente a la administración, y me decepciona que se comience un debate presidencial con una cuestión así", decía Gingrich al presentador de CNN John King.

Gingrich, denunciando las crónicas relativas a su segunda mujer como "basura" y "falsas", continuaba. "Todo el mundo aquí ha tenido a alguien próximo que atraviesa momentos difíciles", decía, para desmesurado aplauso de la audiencia. "Coger a una ex mujer y convertirla dos días antes de las primarias en una cuestión significativa de una campaña presidencial es lo más despreciable que se me ocurre".

Y entonces, para aplauso aún más desmesurado, el inevitable ataque de los medios de izquierdas. "Estoy harto", anunciaba Gingrich, "de la élite mediática que protege a Barack Obama a base de atacar a los Republicanos".

Prescindamos, en primer lugar, de la idea de discriminación de Gingrich: queda genial, pero es falsa. A la "élite mediática" le encanta una crónica jugosa, aún mejor si da en cámara, y la búsqueda de esta clase de historias no conoce límites partidistas. Que los que denuncian la parcialidad de los medios izquierdistas se acuerden de la turba enloquecida de periodistas que perseguían al entonces candidato Bill Clinton cuando salió a la luz por primera vez la historia de la becaria Gennifer Flowers -- en vísperas de las primarias en New Hampshire.

Que me cuenten, en la emisión del programa 20/20 con Monica Lewinsky, si los votantes estarían mejor o peor de haber tenido oportunidad de evaluar "la basura de prensa amarillista", como lo describían los Demócratas, antes de salir elegido Clinton.

Esto conduce a la cuestión fundamental de la relevancia de la vida personal de los políticos. Si vas para presidente, todo, como decía Gingrich, es susceptible de ataque, pero ¿debe serlo?

He de admitir que siento cierto mareo al ver la entrevista en ABC "Nightline" a Marianne Gingrich. "Ocurría en mi dormitorio de nuestro apartamento en Washington", recordaba. "Y siempre me llamaba de madrugada, siempre terminaba con ?te quiero?. Bueno, ella estaba escuchando, en mi casa". Es algo fuerte e incómodo. El caballero tiene nietos.

Es desafortunado que la historia saliera a la luz tan cerca de unas primarias cruciales. Puede que no hubiera escogido el tema, como hizo la CNN, pero tampoco es que se pudiera evitar. King preguntó simplemente a Gingrich si quería abordar ese problema en particular. La réplica de Gingrich resultó tan eficaz que tendría que enviar a King una tarjeta de agradecimiento.

Mire, ninguno de nosotros nos metimos a periodista para interrogar a ex mujeres ni para dilucidar los detalles íntimos de los matrimonios rotos de los político. ¿Están dejando las cabeceras que una vengativa Marianne Gingrich se aproveche de la fama de Newt -- o están prestando un servicio público?

Probablemente ambas cosas. La anterior conducta de Gingrich en privado puede no importar a ciertos electores, bien porque no crean que sea relevante para su futura actuación o porque acepten que ha cambiado a mejor.

Otros pueden pensar que descalifica -- o que, si no descalifica, incomoda. No hay que ser un votante evangélico escuchando a Marianne Gingrich describir la forma en que su marido le pidió el divorcio por teléfono para sentir escalofríos ante tan insensible egocentrismo.

Hemos aprendido que el carácter importa en los políticos, en los presidentes sobre todo. Y que el carácter se revela en la vida personal de los políticos. La inclemente falta de disciplina de Gingrich, su grandioso aire de superioridad ("Dijo 'Sí, pero me quieres sólo para ti. A Callista no le importa lo que haga'", recordaba Marianne Gingrich haber escuchado decir de su aventura a su entonces marido) -- son rasgos que superan el límite de lo personal con lo político.

Razón por la cual, como decía Gingrich, todo está sobre la mesa. Que la suya esté tan llena de bocados apetitosos es culpa suya, no de los que dan cuenta de ellos.
lunes, 23 de enero de 2012.
 
El caso de las devoluciones de Hacienda
¿Cómo puede haberla pifiado de forma tan chapucera una campaña tan bien gestionada como la campaña del candidato conservador Mitt Romney a cuenta de sus declaraciones de Hacienda?
WASHINGTON -- No constituye ninguna sorpresa que Romney se haya visto obligado a bajarse de la burra de su postura inicial de que no iba a facilitar sus declaraciones tributarias; las únicas preguntas, en lo que a mí concierne, eran en qué momento cedería y -- todavía en el aire -- cuántos ejercicios tributarios haría públicos.

No sorprende a nadie que el tipo impositivo de Romney -- en el margen del 15%, decía el otro día -- sea tan bajo. Dado que estará usted mirando la instancia W2 que le envía Hacienda y se estará maravillando (o más probablemente, echando pestes) del mordisco que le mete el estado, piense en el 15% de Romney y pregúntese: ¿Es justo? ¿Es imprescindible para alentar la inversión, la innovación y la creación de empleo? Warren Buffett tiene la respuesta: No.

Pero estoy divagando. La verdadera sorpresa del episodio de las declaraciones todavía sin resolver es la cuestión de que la salida a la luz de las declaraciones fiscales fuera a la vez tan predecible y tan mal gestionada.

Es una norma sabida de la política presidencial que los candidatos enfrentan enormes presiones para sacar a la luz sus declaraciones, presiones que crecen cada jornada que se aproximan a la candidatura. Tratar de desafiar este hecho es inútil: que pregunten a Hillary Clinton en el año 2008. Se puede hacer después de semanas de castigos en los medios o de los rivales de uno, o puede ahorrarse el dolor y el consiguiente daño a la imagen.

Si yo fuera asesora de Romney, habría sugerido que la descarga documental se produjera en un espacio en el que la prensa hubiera estado ocupada en otra cosa y no habría estado en posición de prestar gran atención. El discurso de Nochevieja en Des Moines, por ejemplo.

En lugar de eso, Romney anunció primero que no facilitaría la información. "Nunca digas de este agua no beberé, pero yo no tengo intención de hacerlo", decía en NBC News el mes pasado -- y enseguida, como era de esperar, pasaba las semanas siguientes distanciándose de ese anuncio.

Para el momento del debate de la noche del lunes en Carolina del Sur, Romney buscaba con desesperación el momento de llevar a cabo, a duras penas, la difusión de sus declaraciones fiscales de abril: "Pero, ya sabe, si ésa es la tradición no podía ir en contra, el tiempo hablará", decía. "Pero anticipo que lo más probable es que me pregunten alrededor de abril y voy a dejar eso ahí".

Por Dios bendito, como diría Romney. Si vas a decir que sí, suéltalo y deja de dar rodeos.

Vuelto a preguntar, Romney iba un pasito más allá. "Me parece que he escuchado lo suficiente a la gente que dice, oiga, queremos ver sus declaraciones fiscales. No hay nada en ellas que sugiera que haya algún problema y estoy encantado de hacerlo", decía. ¿Encantado, de verdad? No me lo parecía.

Hacia la mañana del martes, Romney había vuelto a tropezar al reconocer que su tipo impositivo ronda el 15%. Ah, y también -- ¿se tropieza una tercera vez en la misma piedra? -- Romney describía los 374.327 dólares que ganó en concepto de minuta de conferenciante como "no mucho".

Al preferir arrancarse la tirita con dolorosa lentitud, Romney se ha garantizado la máxima atención sobre la cuestión de sus declaraciones fiscales. De ahora en adelante la veremos en muchísimas elecciones. ¿Qué pasará en abril -- canales del cable que emiten la cuenta atrás del momento de la difusión de su declaración?

Viene siendo interesante contemplar a los rivales Republicanos de Romney hacer el trabajo sucio de la campaña Obama a la hora de dar una paliza a Romney por su paso por la empresa Bain Capital. El daño no era previsible del todo -- Bain es un objetivo electoral genérico evidente, pero no una polémica imprescindible de las primarias Republicanas -- y tampoco era autoinfligido.

No se puede decir lo mismo del tema de las declaraciones de Romney. En alguna parte de la Casa Blanca, el estratega de la campaña Obama David Plouffe lleva una sonrisa de oreja a oreja.
lunes, 23 de enero de 2012.
 
 
Las maltrechas prioridades de Romney
"Me preocupan los pobres de este país", dijo el candidato conservador Mitt Romney el otro día. "Hemos de garantizar que la red de protección social sea fuerte y capaz de ayudar a los que no pueden ayudarse".
viernes, 20 de enero de 2012.
 
Conservadores que dejan de ser compasivos
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El Congreso fracasa. La patata pasa de manos. Descuente señalar al Presidente Obama por no liderar
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