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Marcos Carrascal Castillo
Marcos Carrascal Castillo
Por fin, el partido hegemónico de la derecha española decidió dejar a sus bases —mediante los compromisarios— la decisión de investir a su presidente

Dos formas de entender España en el marcho liberal-conservador. Dos formas de entender el propio marco liberal-conservador. Dos almas, representadas por rostros más jóvenes y conocidos, que no dejan de evidenciar la tensión Aznar-Rajoy presente desde el Congreso de Valencia de 2008.


Aznar ha vencido a Rajoy. Hoy, Aznar no lleva bigote, esboza una sonrisa más dulce y tiene una mirada más clara: hoy, Aznar se llama Pablo Casado. Casado une los vectores más conservadores del PP, como Aguirre, San Gil o FAES con nombres prestigiosos y alejados de la rancidez con la que ha flirteado durante su carrera política —véase Hazte Oír—, como Maroto o Levy. A fin de cuentas, Casado es el heredero de aquel que refundó el PP y lo convirtió en el partido de Estado que conocemos hoy. Al fin y al cabo, Casado es el prototipo de militante popular.


El partido ha despedido a su líder durante catorce años con ciertos recelos. La candidata continuista, Sáez de Santamaría, ha sido derrotada por unos valores y unos principios que el PP desdeñó en Valencia y que establecieron la primera gran muralla entre sus militantes. Sáez de Santamaría está muy desgastada desde su puesto de vicepresidenta, pero la rodea un halo de tecnocracia y moderación muy codiciado en la política española actual. Sin lugar a dudas, las urnas han expulsado a una mujer que pretendía prolongar la etapa de Rajoy sin los complejos de éste; y esto se podría haber traducido en, tal vez, un incremento del nicho de votantes.


La política ficción es un género literario apasionante; pero no realista. La realidad es que ha vencido Casado. Él siempre ha mantenido lazos con el aznarismo, el aguirrismo y demás vertientes a la derecha de la “P” derecha del PP. No se esconde: ha advertido su postura crítica con la ley del aborto, ha reprochado a su partido su papel en Cataluña, se ha abalanzado con arrojo sobre los impuestos que él considera injustos, ha puesto en valor la educación concertada… En definitiva, tiene un proyecto de España y no quiere improvisar cual tecnócrata; cual Rajoy y cual Sáez de Santamaría. La melodía de su plan suena parecida a VOX y puede engrosar los puntos de Ciudadanos con más firmeza y menos CIS.


Quienes han de preocuparse por el coronamiento de Casado es VOX —si es que alguna vez se tuvieron que preocupar de algo— y, sobre todo, Ciudadanos. El partido naranja nació y, años después, engordó desmesuradamente con el conflicto catalán. Ahora, con alguien que no hace de la paciencia y la inactividad su primera herramienta política, puede aparecer un competidor serio que viene otorgar la paternidad a los hijos del PP que Rajoy dejó huérfanos. No nos olvidemos de que entre Aznar y Ciudadanos hay un silente idilio; y el voto aznarista ha sido deseado por los naranjas. Empero, aunque la lucha se esté librando en el centro-derecha, dudo que su victoria asalte al otro lado del tablero; de tal forma que las formaciones que han desahuciado a Rajoy de la Moncloa no concederán nunca el crédito a Casado para entrar en el gobierno.


Ayer, estuvimos ante un Pablo Casado que se cree presidente de España. No ha tardado en exponer su programa de gobierno, en lanzar dardos a los que “se supone son aliados del gobierno” y, como es normal, se ha deshecho en críticas con el joven gobierno socialista de Pedro Sánchez. Habrá que estar atentos a la resurrección de Aznar, pues estamos en una sociedad que apostó la victoria de Clinton, el SÍ en el referéndum de Colombia, el NO en el referéndum del Brexit, dio por muerto a Pedro Sánchez… y erró siempre.

Artículos del autor

​Los romanos eran tipos muy astutos; y esta astucia se materializó, entre otros aspectos, en la ingeniería civil… y social. Un ejemplo de ingeniería social es aquella locución latina que reza: “Panem et circenses”.

Todos mis lectores saben que gusto de polemizar, de plantear debates a diestro y siniestro. Hoy no es una excepción. No obstante, hoy vamos a debatir y a cuestionar la base de la vida cultural universal y la columna vertebral de la literatura inglesa: William Shakespeare.

​OkDiario, con el vídeo de Cristina Cifuentes hurtando un par de botes de crema en el Eroski en 2011, precipitó su dimisión. Podría decirse, pues, que OkDiario salvó a Ciudadanos. Los salvó de decidir si van a apostar por prolongar la agonía del PP con el coste pertinente a los españoles o van a dar un volantazo a la izquierda.
​Ante la situación de tensión que atraviesa Cataluña, en las anteriores elecciones, el PP ya apostó por personificar la radicalidad en su candidato: García Albiol, desechando a rostros más diplomáticos y, tal vez, más capaces, como Andrea Levy.
​El rapero Día Sexto sostiene en una de sus canciones que los valencianos son “un pueblo oprimido por la corrupción”. No solo los valencianos fueron oprimidos por Rita Barberá y el todopoderoso PP que la acompañaba.
Presuntamente, se ha cometido una ilegalidad y una tropelía que salpica a Cristina Cifuentes y a la Universidad Rey Juan Carlos. Los grandes perjudicados no son ni la presidenta de la Comunidad de Madrid ni el rector: somos los estudiantes.
El partido más votado, con diferencia abismal, es el populista —no es un insulto o algo peyorativo; ellos se autodenominan así— Movimiento Cinco Estrellas (M5E). El M5E posee un 32, 7 de las papeletas y lo convierte en el partido preferido por los italianos.
Ya saben qué ha pasado. El Madrid de los ultra-sur, de los ochenta, ha resucitado en Bilbao. Violencia, insultos, ataques al mobiliario: altercados. Bilbao se convirtió en una batalla campal entre radicales de los dos equipos
 
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