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Marcos Carrascal Castillo
Marcos Carrascal Castillo
La semana pasada se ha sabido que el conocido periodista y abogado, y ahora político, Javier Nart se ha dado de baja de C´s; pero no se ha apeado de su dignidad de eurodiputado

El polifacético Javier Nart fue un fichaje estrella para C´s en los comicios europeos de 2014. Con él como cabeza de lista del partido naranja, todavía sin apenas tentáculos en el Estado aparte de en Cataluña, la formación dio una gran sorpresa al sumar dos heraldos en Estrasburgo. Esas elecciones dieron lugar a una nueva época política, una suerte de continua campaña electoral en la que seguimos inmersos.

Sin embargo, como por todos es sabido, aunque la novedad del resultado de C´s en las europeas de 2014 fue eclipsado por los cinco diputados de Podemos, los tiempos evolucionaron. En C´s, hoy tercera fuerza política, se produce una tensión larvada: los que se afanan por cumplir la promesa electoral de no apoyar a Sánchez y los que anteponen un pacto de Estado a esa promesa a la ciudadanía. Nart se encuentra en el segundo grupo, junto a políticos de gran relevancia y envergadura: Roldán o Garicano, entre otros. Roldán se marchó de la Ejecutiva y dimitió como diputado y Garicano se mantiene; y Nart se va, pero a medias.

El político cántabro se ha deshecho de todos los lazos que le unían con C´s sin renunciar a su poltrona en la Eurocámara. Así pues, nace a este tenor un gran debate que han de afrontar todas las democracias liberales que se precien de serlo: ¿el acta de representante electo ha de despegarse de las sigas que lo han aupado o no? Un nuevo ejemplo, allende nuestras fronteras, se encuentra en la isla de Albión, centro de todas las miradas europeas: el Partido Liberal-Demócrata ha duplicado el número de diputados en la Cámara de los Comunes a costa de diputados conservadores y laboristas.

Así las cosas, regresando a España y a la situación del partido naranja, sin valorar la legalidad vigente que lo permite, ¿es democrático que Nart abandone el partido pero mantenga su puesto de eurodiputado? Sin ánimo de pontificar afirmación alguna, creo que es un caso de expolio a los ciudadanos. Expolio de sus voces y de su proyecto.

Los ciudadanos votamos proyectos colectivos. Estos proyectos están recubiertos con el papel de los partidos políticos, pero no son ni de los cabezas de lista ni de los últimos de la lista, sino de todos y cada uno de los integrantes de la formación, militantes o afiliados de base, que empeñan días y noches para construir el proyecto. Javier Nart ha robado a los votantes de C´s su voto. Los votantes de C´s votaron el proyecto de un partido, no el proyecto de una persona. Si eso es lo que quiere Nart, o cualquier otro, le animo a cree su propio proyecto político y que se presente a unas nuevas elecciones con su nombre en la lista y, por aquello de respetar las leyes, rellenarla de otros nombres de correligionarios dispuestos a abandonar la escena pública si fueran electos. Le deseo suerte pero no se la auguro.

Los políticos no son conocedores de todo. Como una fiebre posmoderna, hemos entronizado a los personajes públicos; y la prueba son esos formatos televisivos de debates en los que los candidatos tienen que saber de economía, de derecho, de sanidad, de educación, de historia, de cultura y, si se precia, de física cuántica, biología molecular o la bibliografía de Saul Bellow (cuya lectura recomiendo; en especial “Herzog”). Nuestros políticos solo ponen voz y rostro a un proyecto tejido con paciencia por muchos profesionales diferentes; y que un individuo se arrogue es un acto opuesto a la democracia. 

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Y lo peor de todo para los que siempre han soñado con la unidad de las izquierdas es que éstas no sabrían capitalizar la división de la derecha y el centro, e incluso podría haber sorpresas en cuanto a la medalla de oro, por el naufragio en el que se ahoga VOX y la leve fuga de Ciudadanos que fortalece al PP de Pablo Casado.En cualquier caso, aunque la dinámica de bloques no presente muchos cambios, puede modificar todo el escenario, con un nuevo actor con el que compartir un pastel más pequeño.

Claro que éste ha sido un “Orgullo” politizado, como lo son cada una de las decisiones. La ideología política impregna nuestras vidas y empapa nuestras entrañas: desde la decisión de madrugar para agolparse en un vagón atestado de más transeúntes o madrugar para anegar las carreteras con coches y respirar aire negro y nocivo. Tampoco el “Orgullo” se escapa de esta liza ideológica que nos tensiona a diario.

Pablo Fraga o Manuel Casado, coloquialmente conocido como Pablo Casado, líder del PP, aceptó ser el “líder de la leal oposición de Su Majestad”, como acuñara a principios de los ochenta Manuel Fraga. En otras palabras, firmó su pleitesía a Pedro Sánchez.

Todos los análisis coinciden en lo mismo: el PSOE ha sabido hacer gala de su gobernanza durante estos diez meses y ha arrancado a no pocos votantes de Podemos, que, reducidos a la esquina zurda del tablero, asiste a una erosión que ya sufrió el PCE post-Carrillo y la IU post-Anguita. El bloque de izquierdas ha vencido, aun fracasando Unidas Podemos, con su mejor campaña electoral, y entronizando a Pedro Sánchez y a su PSOE.

Lucía fue una de esas españolas que en aquel lejano verano de 2014 se entusiasmó con el nuevo y flamante secretario general del PSOE. Su verbo afilado y su contundencia lograron que un arrollador Pablo Iglesias no hegemonizara a la izquierda española. Lucía le dio su confianza en las urnas tantas veces se lo pidió el secretario general socialista. Sin embargo, aunque las encuestas le auguren una firme victoria, Lucía tiene claro que no votará a Pedro Sánchez.

Durante la pasada tarde del lunes, los trovadores digitales anunciaban que la catedral de Notre-Dame estaba siendo engullida por un piélago de llamas. No pocos nos pegamos al teléfono móvil, como si esta ansiedad redujera el incendio que evaporaba la catedral parisina. Para nuestra desazón, el fuego se incrementaba, y las primeras imágenes mostraban cómo se derrumbaba la aguja.

Bea lidera la lista por Vizcaya del PP; y, en un alarde de generosidad, ha decidido aceptar nuestra entrevista. Tiene 27 años y trabajaba en el sector privado hasta que decidió dar el paso y presentarse a candidata de diputada con el partido en el que lleva militando desde los 18 años: el PP. Es una mujer llena de convicciones y con unas ideas muy claras. Hoy, os presentamos a Bea Fanjul.


Que si España es una o no cincuenta y dos —aunque en según qué manifestaciones teñidas de colores rojos y gualdos se afanen a decir que cincuenta y una— no me quita el sueño. Que España tenga que disculparse ante México por la conquista de los aztecas o si los romanos tienen que disculparse ante nosotros por la invasión de la Península Ibérica tampoco me quita el sueño.

 
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