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Luis Agüero Wagner
Luis Agüero Wagner
Este lunes se cumplen 88 años de lo que algunos consideran el mayor desastre militar en la hipertrofiada historia militar de España. Fue en Marruecos, y derivó en la caída de la monarquía española, encarnada por Alfonso XIII, y el advenimiento de la República

En julio de 1921, tropas españolas se encontraban, sin saber porqué, en la zona magrebí de Annual, desmoralizadas tras varios choques con los guerrilleros marroquíes liderados por un maestro de la guerra de guerrillas, el legendario Abdelkrim.


La versión de los detractores de la monarquía afirma que, desoyendo al Alto Comisario de España en Marruecos, general Berenger, el general Silvestre cruzó el río Almerkan llegando a las puertas de Alhucemas, solo para cumplir una apuesta que hizo al rey Alfonso XIII.


Es que Silvestre, compañero de juerga del monarca, había prometido celebrar con champán la festividad de San Alfonso, el primer día de agosto, en esa ciudad. Dicen que el rey le respondió con un telegrama de aprobación: “Olé ahí por tus cojones, Silvestre!”.


Pero el ánimo de los españoles que debían oficiar de carne de cañón, no era el mejor para tal bravata. Enrolados por no haber podido pagar una exoneración por pertenecer a clases humildes, se encontraban desmoralizados, temerosos, y desconcertados en una guerra que para la mayoría de ellos carecía de sentido.


Eran guiados por moros que sin mayores remordimientos, penas ni excusas, se pasarían al bando opuesto cuando finalmente llegara el momento de la verdad.


Las fuerzas enemigas se encontraban en su propio terreno, luchando por su propia tierra, y a las órdenes de un líder tan eficaz que terminaría en leyenda.


Las fuerzas de Abdelkrim, unos tres mil guerrilleros, demostraron una vez más entre tantas, que las guerras las ganan los hombres y no las armas.


Concientes de la justicia de su causa y la fuerza moral de ella, lograron derrotar allí a un moderno ejército español de más de trece mil hombres, quizás con mayor riqueza en recursos pero paupérrimo en espíritu.


Aquello quedó en la historia como el desastre de Annual, considerada la mayor derrota militar en la historia de España, y consumada por estas fechas en el año 1921, un 22 de julio.


Tras humillar al moderno y orgulloso ejército colonial español, Abdelkrim declaró la república del Riff, haciendo retroceder la presencia española en Marruecos a la zona de Melilla, por el este, y a Ceuta, Tetuán y Larache por el oeste.


El desastre causó gran conmoción política en España, al punto que el mismo Alfonso XIII diría poco tiempo después a Joaquín Salvatella (ministro de Instrucción Pública y Bellas Artes) que era inevitable e imprescindible instaurar una dictadura debido al descontento.


Gran parte del descontento se debía a las revelaciones del general Picasso, contenidas en un informe que fue imposible mantener en secreto. En el famoso expediente se echaba luz sobre la descomunal corrupción de la fuerza de ocupación española en Marruecos.


Entre tantas dudas, emergió la certeza de que esa corrupción había propiciado el desastre de Annual.


Apenas dos años sobreviviría la “monarquía constitucional” a dicho desastre. El golpe militar que siguió, iniciado el día 13 de septiembre de 1923, culminó con éxito el 15 de Septiembre, instaurando la Dictadura de Primo de Rivera. Este cambio no sería muy traumático, sobre todo porque el rey Alfonso XIII era partidario del golpe y nombró al general sublevado Jefe del Gobierno y lo puso al frente de un Directorio militar.


De esta forma el rey Alfonso XIII ligó su destino a la dictadura, de allí que cuando Primo de Rivera fracasó en su intento de perpetuar su modelo político y renunció, en enero de 1930, la debacle de la misma monarquía quedó sentenciada.

El general Berenguer, quien dirigió las riendas del poder entre 1930 y 1931, fue incapaz de evitar el avance de los partidarios de la república, y esta quedó proclamada el 14 de abril de 1931, Era el epílogo de una historia iniciada con un desastre militar en Marruecos, cuya moraleja enseña mucho sobre la naturaleza inmoral del imperialismo y su predecesor el colonialismo


Dicen que el caudillo de España por la gracia de Dios, Francisco Franco, relató estas aventuras y otras como el barranco del Lobo a un impermeable Adolf Hitler en el famoso encuentro de Hendaya, pero solo le arrancó bostezos. Una vez más, el delirio africano de los españoles fue ignorado por la historia.


Razón demás para evitar repetir episodios desgraciados del pasado español como Annual. 

Artículos del autor

En la madrugada del 30 de marzo de 1976, hace cerca de 32 años, se consumaba lo que la prensa paraguaya calificaría entonces como “un crimen pasional en Sajonia”.

A mucha gente le sorprende cuando un catedrático universitario como el español Jorge Verstrynge se declara proteccionista y admirador de De Gaulle, de los jacobinos como Robespierre, y del líder bolivariano de Venezuela Hugo Chávez. Probablemente estos “sorprendidos” olvidan qué tiempos vivimos, y pretenden asimilarnos a la cuadratura del círculo en el cual forjaron sus disciplinadas ideologías.

Recuerdo que leyendo a historiadores revisionistas argentinos, durante los años que tuve el privilegio de estudiar en la Universidad Nacional de Tucumán, empecé a conocer las contradicciones de una historia tan balcanizada como la misma Latinoamérica.

La Segunda Guerra Mundial nos enseñó lo ilusorio de la omnipotencia sostenida por la petulancia y la soberbia implícita en fantasmáticas teorías de superioridad racial. Uno de sus episodios cruciales, fue la batalla de Stalingrado.

Aunque ya hace varias décadas el premio Cervantes de Literatura Juan Goytisolo había dejado en ridículo las tesis pro-argelinas del autodenominado Frente Polisario, la campaña propagandística sufragada por las petrodivisas argelinas, hizo la proeza de sostener a un anacrónico aparato publicitario que ha logrado sobrevivir hasta el presente contra todas la predicciones.

La historia oficial que siempre concuerda con las preferencias del trono, cuenta que cuatro presidentes de Estados Unidos fueron asesinados ejerciendo el cargo: Garfield, McKinley, Lincoln y Kennedy. Otros cuatro, según las mismas fuentes, murieron ejerciendo el cargo: William Henry Harrison, Zachary Taylor, Warren Harding y Franklin Roosevelt.

Hace apenas horas el júbilo ganó las calles de Argel y las demás ciudades importantes Argelia, luego de que el incapacitado presidente Buteflika comunique oficialmente al Consejo Constitucional el fin de su mandato como presidente de la República. La renuncia fue producto de un cuestionamiento realizado por el ejército, verdadero poder detrás del trono, y fue difundida por la televisión nacional.

Recuerdo que mi amigo Mariano Llano Díaz de Vivar, trágicamente desaparecido el fin de semana, solía alentarme en mis esfuerzos para develar intereses ocultos involucrados en la guerra paraguayo-bolilviana de 1932 a 1935 y que todavía, aunque parezca increíble, yacen en la penumbra historiográfica.

 
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