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Luis Agüero Wagner
Luis Agüero Wagner
La reelección permitirá a la sociedad paraguaya, entre otras ventajas, deshacerse de los sátrapas que cada cinco años deciden imponer un gerente claudicante a sus intereses
Durante mucho tiempo, la palabra reelección horrorizó a muchos paraguayos, debido al gran trauma que en teoría causó la dictadura. Curiosamente, quienes más insisten en dicha justificación para intentar cerrar el camino a ella son ciertos empresarios y dueños de medios de comunicación que fueron grandes beneficiarios del régimen totalitario.

En esta columna, hemos mencionado en varias ocasiones los factores que en el caso paraguayo se deben considerar. Una minúscula élite empresarial, que amasó fortuna a la sombra de la dictadura, sin embargo hoy se dedica a bloquear con todos los medios que tenga a su alcance la posibilidad de reelegir al presidente.

Este grupo alega abstracciones que están muy lejos de ser su motivación real. Sucede simplemente que están habituados a decidir a quién elevar a la primera magistratura de la nación, a obtener bajo presión todos los beneficios comerciales posibles una vez que logró ubicar a quien quiso al frente del estado, para luego emprender ataques injuriosos contra el primer magistrado en el contexto de una nueva campaña por elevar a un sucesor acorde a las mismas expectativas.

La formula la han repetido tantas veces que muchos ciudadanos han empezado a desconfiar de las intenciones de sus operativos de prensa. En esas campañas periodísticas no es difícil advertir la defensa del establishment por parte de los comunicadores y periodistas que son beneficiarios del orden actual.

Esta élite empresarial es compacta y tiene objetivos claros, algo que la diferencia de la clase política. Ella busca un poder político sea un simple gerente de sus intereses, y considera estar posicionada por encima del bien y del mal. No existe para ella artículo, Ley o Constitución cuando se proponen acrecentar su patrimonio cada vez más obsceno.

El sector empresarial aludido, tiene además por costumbre disputar la representatividad a las autoridades electas, y lo hace a través de sus medios de comunicación que dicen “ganar elecciones todos los días” a través de la “preferencia” del público que los lee, mira por TV o sintoniza.

Uno de los resultados de que en Paraguay el presidente no pueda ser reelegido es que su gobierno se caracteriza por ser inestable, presionable y claudicante ante los intereses de ese pequeño círculo de inescrupulosos empresarios.

El primer presidente de Estados Unidos, George Washington, dijo en su despedida que renunciaba a un tercer período de gobierno para evitar que el poder acumulado tras ejercer el poder durante los dos primeros, interfiera en la libre decisión de sus conciudadanos. Pero también advertía sobre combinaciones y asociaciones que pueden turbar, oponerse o violentar las regulares deliberaciones de las autoridades constituidas.

No es difícil entrever en esa observación una advertencia sobre grupos como los que en Paraguay disputan representatividad a las autoridades desde ciertos medios. Puntualizaba que estos grupos destruían los principios fundamentales, generando tendencias peligrosas, dando nacimiento y prestando fuerza extraordinaria a las facciones.

Washington también advertía que en un escenario así, la administración pública se dirigiría por el camino de mal concertados e intempestivos proyectos, algo que no es extraño cuando quienes disputan la representatividad usurpan las riendas del mando, con más razón si se trata de empresarios a los que solo le interesa lucrar sin importar el perjuicio que puedan causar a la comunidad.

El presente de la democracia no solo debería valorar la grandeza de aquel prohombre que declinó perpetuarse en el poder, sino también escuchar sus advertencias.

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