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Luis Agüero Wagner
Luis Agüero Wagner
Un tratado Secreto de un siglo y medio atrás, acabó como paradigma de vergüenza pública en la historiografía sudamericana, pero algunos estadistas no aprendieron todavía aquella lección

Dice un célebre aforismo que los pueblos que no conocen su historia están condenados a repetirla, algo que al sur de la frontera conocemos muy bien, aunque esa verdad no siempre la tengamos en cuenta.

Hace siglo y medio el Paraguay acabó aplastado moral y materialmente por una guerra inspirada y sufragada por el imperialismo inglés, cuyo brazo ejecutor fueron Argentina, Uruguay y Brasil. Los agentes del imperio británico, en inicuo contubernio con sus agentes argentinos y brasileños, a pesar de sus grandes diferencias que todavía son perceptibles hoy, hicieron de tripas corazón para destruir un mal ejemplo de soberanía en Sudamérica: La República del Paraguay.

El gobierno de Paraguay y su titular, Mario Abdo Benítez, sufrió un gran desgaste por estas fechas al conocerse  un tratado secreto con Brasil sobre cuestiones energéticas. El tratado que permaneció oculto por dos meses, fue calificado de claudicante por los expertos y derivó en protestas ciudadanas que derivaron en la impensable renuncia de altos funcionarios del gobierno, integrantes del círculo más cercano al presidente. el acta se hizo a espaldas de la ciudadanía, sin la participación de técnicos de la ANDE y en condiciones ventajosas para Brasil.

La firma del acta data de meses atrás, pero la ciudadanía conoció de su existencia recién esta semana, en forma simultánea a la renuncia del entonces titular de la Administración Nacional de Energía (Ande), Pedro Ferreira, detractor del acuerdo.

La crisis arrastró al canciller Luis Alberto Castiglioni, quien además de perder su cargo, fue exhortado por el Senado de la Nación a no intentar asumir su banca de Senador luego del gran bochorno.

A la renuncia de Castiglioni se sumaron las de José Alberto Alderete, director paraguayo de la hidroeléctrica de Itaipú; la de Alcides Jiménez, presidente de la Administración Nacional de Energía (ANDE), con menos de una semana en el cargo, y la del embajador en Brasil, Hugo Saguier.

Los cuatro presuntos implicados también deberán dar explicaciones al Parlamento, que los acusa de haber perpetrado una grave traición a los intereses patrios que es evidente a los ojos de la ciudadanía. La eventual resolución de esta crisis ha quedado en terreno brasilero, pues si el “Trump Tropical”, Jair Bolsonaro, hace oídos sordos al pedido de revisar lo firmado, el ejecutivo paraguayo podría acabar y con justa razón expulsado del poder y arrojado al basurero de la historia.

El gran enredo ocasionado por estos funcionarios incompetentes o corruptos, roles que interpretan con frecuencia al mismo tiempo y el mismo día al decir de Woody Allen, me recordó una frase de Chesterton, quien decía que aquel que ha inventado una mentira, no sabe en qué problema se ha metido pues deberá inventar otras cien suplementarias para justificar la primera.

Cuando en 1865, argentinos y brasileños ratificaron una alianza contra el Paraguay que habían firmado bajo inspiración británica en 1857, lo hicieron también en una sesión secreta.

El primer día de Mayo de 1865, inspirados y sufragados por el entonces hegemónico imperio inglés, argentinos y brasileños suscribieron un acuerdo que hoy avergüenza al revisionismo histórico de la región.

Tres semanas más tarde, ese mismo mayo de 1865, el congreso mitrista ratificaría a libro cerrado en sesiones reservadísimas aquel inicuo contubernio. En la Banda Oriental no hubo necesidad de ratificaciones porque el de Venancio Flores, capataz de un estanciero al servicio de ferroviarios británicos, era un gobierno de facto. En el Brasil donde la esclavitud sobrevivía a los derrotados por Lincoln y Grant, bastó con el "estampado en secreto" del sello imperial.

"¡El tratado es secreto, la sesión es secreta, sólo la vergüenza es pública!" diría en 1866, al divulgarse el texto por una indiscreción interesada de Inglaterra, el diario porteño La América, de Miguel Navarro Viola y Carlos Guido Spano. El tratado había sido traducido y divulgado en Europa por el gran pensador tucumano Juan Bautista Alberdi.

Si los personajes que en estos días quedaron fuera del gobierno paraguayo hubieran conocido esta historia, no hubieran tratado de repetirla. Ya lo dijo Alberdi, la historia está para juzgar el pasado e instruir el presente en beneficio del futuro.


Por desgracia, todavía gobiernos iletrados de estas repúblicas sudamericanas, firman tratados secretos que acaban en vergüenzas públicas. LAW

Artículos del autor

Inaugurada en noviembre de 2018 en Tánger por el Rey Mohammed VI y el Presidente francés Emmanuel Macron, el tren de alta velocidad "Al Boraq" Tánger-Casablanca El TGV de Al Boraq reduce el tiempo de viaje entre las dos ciudades en más de la mitad y permiite duplicar el número de pasajeros a más de 6 millones además de contribuir a la seguridad vial y a la protección de los pasajeros, todo ello en un marco de respeto al medio ambiente.Mohammed VI también se intereso todo este tiempo en el rápido desarrollo de las autopistas, para conectar un número cada vez mayor de ciudades y pueblos a la red nacional de autopistas.En el transcurso de dos décadas, esta política ha demostrado su plena efectividad, con el 60% de la población ahora conectada directamente a una moderna red de autopistas, que une sin excepción a todas las ciudades del reino que superan cuatrocientos mil habitantes.Con más de 1.800 km, Marruecos hoy tiene una de las redes de autopistas más largas de África.

Eran guiados por moros que sin mayores remordimientos, penas ni excusas, se pasarían al bando opuesto cuando finalmente llegara el momento de la verdad.Las fuerzas enemigas se encontraban en su propio terreno, luchando por su propia tierra, y a las órdenes de un líder tan eficaz que terminaría en leyenda.Las fuerzas de Abdelkrim, unos tres mil guerrilleros, demostraron una vez más entre tantas, que las guerras las ganan los hombres y no las armas.Concientes de la justicia de su causa y la fuerza moral de ella, lograron derrotar allí a un moderno ejército español de más de trece mil hombres, quizás con mayor riqueza en recursos pero paupérrimo en espíritu.Aquello quedó en la historia como el desastre de Annual, considerada la mayor derrota militar en la historia de España, y consumada por estas fechas en el año 1921, un 22 de julio.Tras humillar al moderno y orgulloso ejército colonial español, Abdelkrim declaró la república del Riff, haciendo retroceder la presencia española en Marruecos a la zona de Melilla, por el este, y a Ceuta, Tetuán y Larache por el oeste.El desastre causó gran conmoción política en España, al punto que el mismo Alfonso XIII diría poco tiempo después a Joaquín Salvatella (ministro de Instrucción Pública y Bellas Artes) que era inevitable e imprescindible instaurar una dictadura debido al descontento.Gran parte del descontento se debía a las revelaciones del general Picasso, contenidas en un informe que fue imposible mantener en secreto.

En la madrugada del 30 de marzo de 1976, hace cerca de 32 años, se consumaba lo que la prensa paraguaya calificaría entonces como “un crimen pasional en Sajonia”.

A mucha gente le sorprende cuando un catedrático universitario como el español Jorge Verstrynge se declara proteccionista y admirador de De Gaulle, de los jacobinos como Robespierre, y del líder bolivariano de Venezuela Hugo Chávez. Probablemente estos “sorprendidos” olvidan qué tiempos vivimos, y pretenden asimilarnos a la cuadratura del círculo en el cual forjaron sus disciplinadas ideologías.

Recuerdo que leyendo a historiadores revisionistas argentinos, durante los años que tuve el privilegio de estudiar en la Universidad Nacional de Tucumán, empecé a conocer las contradicciones de una historia tan balcanizada como la misma Latinoamérica.

La Segunda Guerra Mundial nos enseñó lo ilusorio de la omnipotencia sostenida por la petulancia y la soberbia implícita en fantasmáticas teorías de superioridad racial. Uno de sus episodios cruciales, fue la batalla de Stalingrado.

Aunque ya hace varias décadas el premio Cervantes de Literatura Juan Goytisolo había dejado en ridículo las tesis pro-argelinas del autodenominado Frente Polisario, la campaña propagandística sufragada por las petrodivisas argelinas, hizo la proeza de sostener a un anacrónico aparato publicitario que ha logrado sobrevivir hasta el presente contra todas la predicciones.

La historia oficial que siempre concuerda con las preferencias del trono, cuenta que cuatro presidentes de Estados Unidos fueron asesinados ejerciendo el cargo: Garfield, McKinley, Lincoln y Kennedy. Otros cuatro, según las mismas fuentes, murieron ejerciendo el cargo: William Henry Harrison, Zachary Taylor, Warren Harding y Franklin Roosevelt.

 
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