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Luis Agüero Wagner
Luis Agüero Wagner
Quienes pretenden dictar normas de ciudadanía y republicanismo, dueños de sus diarios y también de la opinión de sus periodistas, pretenden además ser dueños de las calles y veredas
Para comprender por qué los mayores exponentes del género literario conocido como realismo mágico son los grandes escritores latinoamericanos, basta con indagar sobre el concepto que esta región se tiene del poder. Y no solo político, a veces considerado un mero gerente de fortunas, también del económico.

En tiempos de la dictadura de Stroessner, en Paraguay eran célebres por su prepotencia los hijos de ministros, militares o simples funcionarios, quienes avasallaban a los representantes del orden vigente con la simple portación de apellidos “honorables”. Se trataba, al decir de Roa Bastos, de “herederos drogadictos y débiles mentales” de la mazorca que loaba al dictador y era retribuida con prebendas y privilegios.

Muchos creíamos que esa etapa de la historia paraguaya estaba cerrada, cuando apareció en la palestra el sobrino de Zuccolillo, llevándose por delante a los agentes de tránsito municipales de la misma manera que su tío se lleva puesto a Empresarios competidores, Fiscales, Jueces, congresistas e Intendentes.

El sobrino de Zuccolillo, al igual que su tío que se niega a pagar impuestos e incluso se hace devolver por el fisco lo pagado vía judicial, tras cometer una infracción mientras conducía displicentemente su lujoso automóvil, se negó a ser multado y amenazó a los agentes con futuros problemas por osar retenerlo.

Al ser requerida su documentación, el “sobrino de oro” respondió con prepotencia al agente que iba a recordarlo cuando empiecen sus problemas, y para justificar su desubicación alegó ser sobrino del empresario de marras.

Esta semana volvió a aparecer en escena un sobrino de Zuccolillo, esta vez por pretender adueñarse de la vereda de una importante avenida.

Vecinos del barrio Cañada del Ybyray de Asunción, se quejaron a la prensa de que Rolando Zuccolillo, sobrino del empresario Aldo Zuccolillo, invadió parte de la avenida Molas López. La mansión que está construyendo está inconclusa, pero ya ocupó lo que debería ser la vereda.

La apropiación de la vereda dificulta el paso en parte del trayecto de la avenida, precisamente en el tramo en que se reduce a solo dos carriles. Y sucede precisamente frente a la casa de Rolando Zuccolillo, propietario de la empresa Timbó y accionista de la firma Magno, que explota el servicio de transporte de la Línea 12.

Tiempos antes el tío había preguntado cuánto costaba una calle de Asunción para transformarla en un estacionamiento de su Shopping.

No satisfecho con haber sufrido un revés en el mismo Congreso al respecto, Zuccolillo consideró que podría al menos ampliar su propiedad construyendo un puente ilegal y antiestético sobre la calle Roque Gonzalez, en el mismo barrio de los ricos de Asunción.

No estamos hablando, obviamente, de un puente medieval como el que unía el Palacio Ducal de Venecia con la antigua prisión de la Inquisición trasponiendo el río Di Palazzo, o puente de los suspiros. Se trata más bien de una estructura modernosa de bien lograda fealdad.

Aunque en este caso Zuccolillo tuvo la gentileza de preservar las veredas bajo su puente de oro, su sobrino no tuvo consideración para privar a los transeúntes de la avenida Molas López de paso peatonal.

Dice un viejo refrán que si cada uno limpia su vereda, la calle estará limpia. Pero algunos países primero deben sacudirse de los déspotas, para tener veredas que limpiar.

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