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Luis Agüero Wagner
Luis Agüero Wagner
Mientras los detractores de la reelección apelan a una prensa desprestigiada para intentar atemorizar a la gente, los líderes más aglutinantes se ganan la voluntad popular
Alguna vez se dijo que entre la derecha y la izquierda lo único que existe es la comedia, y en Paraguay se ha podido comprobar esta certeza en varios tramos de su historia.

Los dos políticos más aglutinantes del país, el presidente Horacio Cartes y el ex presidente Fernando Lugo, lo confirmaron una vez con una llamativa alianza que es un secreto a voces en el mundillo político paraguayo.

El acuerdo entre ambos implica una anunciada enmienda constitucional que permita la reelección, de tal suerte que ambos queden habilitados para competir por la presidencia por segunda vez el año próximo.

El partido de gobierno impulsa la iniciativa popular acopiando firmas, que se cuentan por cientos de miles. Un ínfimo porcentaje de las firmas han sido anuladas, algo que ha intentado ser utilizado por los detractores de la iniciativa como propaganda negativa por conocidos periodistas de medios tradicionales, devenidos en ciber-activistas por gajes del oficio.

Esta campaña en realidad es desplegada por los propietarios de medios, y expone varios claroscuros que le restan coherencia. En primer lugar, debemos reconocer que el número de firmas válidas convierte en irrelevante a la ínfima fracción de firmas nulas.

En segundo término, los detractores de la Enmienda no han logrado ponerse de acuerdo para determinar si la enmienda constitucional es una maniobra para favorecer a Cartes o a Lugo.

Lo que sí queda claro es el irrefrenable deseo de excluir a ambos de la carrera presidencial, evidenciando que no se sienten capaces de enfrentarlos en las urnas. Esta percepción fue definida como un intento desesperado de ganar por Walkover, es decir, lograr la victoria sin competidores.

Esta es una pretensión que a todas luces contraviene el postulado pluralista, pues intenta evitarse que un sector por demás importante enriquezca una disputa política con su participación.

Finalmente, la campaña de la prensa empresarial intenta convencer a la ciudadanía de que la reelección, que la mayoría relaciona con un gobierno estable y duradero, es algo que carece de popularidad en el Paraguay. Por si esta fantasía fuera poco para destinar la propaganda a un seguro fracaso, también pretenden instalar el miedo a hipotéticas dictaduras entre quienes siempre vieron con buenos ojos a las bien reales.

Los ideólogos del rechazo a la Enmienda parecerían haber olvidado que solo tres gobernantes abarcan casi un siglo de historia en el Paraguay. La voluntad general o soberanía popular estaba plenamente expresada en el congreso que eligió a José Gaspar Rodríguez de Francia como dictador supremo.

Habían votado más de mil delegados, cada uno representando a ciento sesenta personas, es decir en total en el proceso participaron ciento sesenta mil de los ciento noventa mil habitantes que por entonces tenía el Paraguay.

La propaganda falaz de que una enmienda para permitir la reelección presidencial significaría el retorno a la dictadura, simplemente surtiría el efecto contrario debido a la visión positiva que la mayoría tiene sobre las mismas.

No es difícil comprender que las alternativas son muy pocas y no pasan por los engañosos operativos de prensa..

En lugar de mentir intentando avivar pasiones sin sentido, lo más sensato sería un debate calmo y con espíritu pluralista, para evitar que se repitan los episodios verdaderamente luctuosos de la historia.

Artículos del autor

Nos dice la historia no tan lejana que un solo presidente del Paraguay, el general Alfredo Stroessner, sobrevivió a quince presidentes argentinos e igual cantidad de mandatarios brasileños.
Ojalá pudiéramos ser desobedientes cada vez que recibimos órdenes que humillan nuestra conciencia o violan nuestro sentido común, dijo alguna vez un famoso escritor latinoamericano, y el denigrante papel que todos los días protagonizan muchos productores intelectuales en Paraguay, nos recuerda que ese anhelo sigue incumplido.
Decía el famoso escritor y pensador uruguayo que en América Latina no existe fortuna que no sea, cuando menos, sospechosa.
Sé que a muchos lectores suele incomodar hablar de la injerencia de los intereses petroleros en la guerra del Chaco, de 1932 a 1935, aunque la dimensión adquirida por algunos de los protagonistas de aquella tragedia hace imposible la valorada omisión.
Dijo alguna vez Harold Wilson, quien fuera dos veces primer ministro del gobierno británico, que le daba náuses oir hablar alegremente de “libertad de prensa” a sabiendas de que una gran parte de la prensa privada no es libre del todo.
Durante la mayor parte de las últimas décadas, en Paraguay el poder político fue considerado un mero gerente del poder económico, y todo hacía suponer que seguiría así con la llegada a la presidencia del empresario Horacio Cartes.
En Paraguay la prensa va más allá de los límites de partido inorgánico que le asignara Gramsci, pues se ha demostrado que también se dedica a vender protección a las autoridades bajo amenaza de fabricarle denuncias.
En Paraguay la prensa va más allá de los límites de partido inorgánico que le asignara Gramsci, pues también se ha demostrado que dedica a vender protección a las autoridades bajo amenaza de fabricarle denuncias.
 
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