Diario Siglo XXI. Periódico digital independiente, plural y abierto. Noticias y opinión
Viajes y Lugares Display Tienda Diseño Grupo Versión móvil
16º ANIVERSARIO
Fundado en noviembre de 2003
Firmas y Blogs
Julio Ortega Fraile
Julio Ortega Fraile
El desprecio legal al maltrato animal


Decía Confucio que la ignorancia es la noche de la mente, pero una noche sin luna ni estrellas. No la deseo, y sin embargo la necesito a menudo cuando la luna se llena de monstruos y en cada estrella brilla una arcada.


Llevaba días viendo sus nombres y sin entrar para averiguar qué había ocurrido, quizás porque en el fondo sabía que no deseaba saber, que lo que iba a ver sacaría de mí una vez más no sé si la peor parte o tal vez la más justa, imagino que ambas aunque deba callar la primera. Pero al final lo hice: pinché en los enlaces y descubrí las espantosas historias de Timple, el perro de Lanzarote y de Grisito, el gato de Manacor.




Timple, una vida con el asfalto y el cielo como lecho y techo de su flaco cuerpecillo. He visto que lo bautizaron con el nombre de la calle por la que solía deambular y una foto con los cacharritos de agua y comida que buenas personas le dejaban. He sabido que era inofensivo y extremadamente asustadizo. He conocido que de una protectora intentaron cogerlo varias veces, pero que por ese temor que sentía ante la gente nunca fueron capaces. A saber cuántas cicatrices llevaba escritas en su cuerpo para guardar tantas heridas en la memoria. Y he contemplado también la sobrecogedora imagen de cómo se lo encontraron: las cuatro patas atadas, el hocico rodeado por cinta y sujeto con una brida. Timple murió asfixiado tras una agonía inimaginable mientras la mujer y el hombre que le estaban haciendo aquello lo iban grabando.

He leído la versión de los hechos de esa pareja asegurando que lo cogieron para ayudarle, que lo inmovilizaron para que no se les escapase y no les mordiese, y que su muerte se produjo de forma accidental. Que de algún modo lograron atrapar a Timple, el perro que huía de las personas, es lo único que me creo de las explicaciones de los dos engendros que lo torturaron hasta la muerte, porque el que Timple, el perro que nunca le hizo daño a nadie les atacase y que su muerte prolongada y rodada fuese un accidente, sólo pueden ser embustes propios de seres abyectos capaces de hacerle algo así a una criatura buena que arrastraba su hambre y su miedo por las calles. El juez también los supo culpables y la sentencia ha sido cuatro meses de cárcel, en la que no van a entrar, y dieciséis meses de inhabilitación para ejercer cualquier actividad relacionada con perros.

En el caso de Grisito, el gato, unos jóvenes lo ataron, lo golpearon sin piedad, lo arrojaron repetidas veces contra el suelo y uno de ellos le metió los dedos en los ojos hasta sacarle uno de la órbita. Cuando los juzguen todos sabemos que la condena será similar y que lejos de disuadir animará a ese tipo de psicópatas a repetirlo y a otros a probarlo, por eso Timple no fue el primero y Grisito no será el último en la inmensa y sangrienta lista de animales víctimas por partida doble a manos de canallas violentos y del desprecio legal.

¿A qué se debe que a pesar de un caso tras otro de maltrato atroz de animales ante los que todos juran sentir repugnancia, no se lleve a cabo de modo inmediato una reforma del Código Penal para endurecer las penas por estos delitos?

¿Acaso es miedo a la reacción de sectores como el taurino o el de la caza, al fin otras formas de maltrato aunque legal?

¿Será hipocresía porque en el fondo a la mayoría de nuestros representantes políticos, sea cual sea su color, les trae sin cuidado el sufrimiento de miembros de otras especies? Y aun en este último supuesto, ¿puede deberse a una profunda estupidez incapaz de ver el vínculo entre la violencia con humanos y con animales?

Me gustaría que se llevasen al estrado del Congreso los cadáveres ensangrentados y reventados de Timple y Grisito, que todas y todos los diputados pasaran junto a ellos y los contemplasen durante unos segundos, aunque sé que eso no es posible. Lo que sí es viable y probablemente muy necesario es proyectar en una pantalla dentro del hemiciclo las grabaciones disponibles de sus agonías y de sus cuerpos sin vida, explicando con detalle el tormento que se les hizo padecer a cada uno de ellos. Y después que se sometiese a debate y a votación un proyecto de ley para endurecer las penas por este tipo de delitos y que a partir de ya supongan varios años de prisión para sus autores.

Ya que cargamos los ojos de lágrimas, el estómago de náuseas y los puños de rabia cerrada ante hechos tan espantosos como frecuentes, que llenemos también nuestro cerebro con el conocimiento de los nombres y apellidos de aquellos diputados que se abstienen o votan en contra de que delincuentes así cumplan condenas de cárcel, demostrando que no son dignos de ocupar el escaño de un Parlamento en 2020, porque los timples y grisitos que han sido y serán se merecen protección efectiva, y porque las ciudadanas y ciudadanos no podemos seguir consintiendo gobernantes con semejante falta de valentía, ética y evolución.

Artículos del autor

Siglo XVII: La Santa Inquisición torturaba y mataba con absoluta impunidad. La peste, presente ya desde hacía más de doscientos años, seguía asolando a toda Europa y las razones que se aducían variaban desde un castigo proveniente de la ira de Dios hasta la conjunción de los planetas Marte, Júpiter y Saturno en la Constelación de Acuario. Los señores medievales ejercían la violencia sexual como si de un derecho se tratase.

Cayetano Rivera,

Es probable que te suene mi nombre, de hecho me tienes bloqueado en twitter. Cobarde en las redes y cobarde en los ruedos. Así eres tú. 

Decía Tolstoi que todos piensan en cambiar el mundo, pero nadie piensa en cambiarse a sí mismo, y como al final el mundo es nuestro entorno referido a cuanto concierne al ser humano, nada será diferente mientras nosotros sigamos siendo iguales.


Estos fotogramas pertenecen a un vídeo rodado durante una montería. El cazador que se está más alejado observa que un jabalí cruza y dispara. Falla el tiro, el proyectil da contra el suelo y sale rebotado hacia los puestos donde se encuentran otros escopeteros pasándoles al lado. En la grabación se puede escuchar cómo silba junto a ellos, pero al final todavía se oye algo más aterrador: carcajadas.

Estas horas tan extrañas y complicadas, estos días cargados de tanta incertidumbre, temor y por supuesto esperanza, son al fin como la vida.

El domingo pasado ha habido dos nuevos muertos humanos por la caza (animales se contabilizan por cientos de miles), y en la fotografía aparece la noticia publicada de uno de los casos, el de Girona.La mayor parte de los medios de comunicación y también las instancias oficiales, la policía o el juzgado entre otras, hablan de "muertes accidentales" en estas situaciones, y me gustaría hacer un repaso a algunos términos en el diccionario de la RAE.ACCIDENTE: Suceso eventual o acción de que resulta daño involuntario para las personas o las cosas.Vale, asumo que el cazador no sale al monte con la intención de meterle un proyectil en el cráneo a otro escopetero o a un paseante y en ese sentido su acto es involuntario, pero sí lo hace con la de matar a un animal, por lo tanto su voluntad es disparar a un ser vivo y no puede haber un eximente sino como mucho un atenuante en el hecho de equivocarse, del mismo modo que la ley no exculpa a un conductor que ha tomado medicamentos que le producen somnolencia, se duerme al volante, provoca una colisión y muere alguien en ella.

Cuando te pasas toda tu maldita vida torturando y matando a seres inocentes debes entender que, muy de vez en cuando, uno de ellos acierte a defenderse y recibas una milésima parte del sufrimiento que tú les causas.Claro, que asistiéndote a ti, canalla indeseable, habrá monosabios y mozos de espadas para distraer al toro si te engancha, para recogerte y llevarte en volandas detrás de la barrera que transforma la cacareada lucha de igual a igual en una puta mentira taurina, tu valor en mierda perforada, el arte en cagarte encima del miedo cuando eres tú el jodido, la cultura en «¡corred por vuestra madre, corred que me muero!», la metáfora de la vida y la muerte en versos mortales para el toro y la ciencia, sin nada poesía y con mucho de medicina para salvar a su torturador, es decir: tú Y después la noticia de "una gravísima cogida" que al final son unos pocos puntos en tu cerebro, perdón, en tu ano quería decir (me confundió la similitud entre ambos) y a las 48 horas el alta médica, pero es que os encanta vender desde los medios afines tragedia humana cuando sólo hay maldad, farsa y un chorrete de betadine en tu esfinter apretado, asesino repugnante.Si es que hasta Gandhi -y mira que tenía flema- te habría soltado una buena hostia, matador.

Afirmáis que son invasoras pero algo apesta a Goebbels en esa aseveración porque ellas no eligieron venir aquí. Decid mejor prisioneras traídas a la fuerza para satisfacer de forma temporal la vanidad y estupidez (indisolubles) de ciertos individuos a los que lo mismo les da por enjaular en su salón un ave acostumbrada a volar en las selvas de otras de latitudes, que por comprarse un rottweiller para que les cuide el coche cuando se van de putas o irse de ellas, menores, a Camboya.

 
Quiénes somos  |   Sobre nosotros  |   Contacto  |   Aviso legal  |   Suscríbete a nuestra RSS Síguenos en Linkedin Síguenos en Facebook Síguenos en Twitter   |  
© Diario Siglo XXI. Periódico digital independiente, plural y abierto | Director: Guillermo Peris Peris