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Julio Ortega Fraile
Julio Ortega Fraile
El aire no sufre. Dadle cuantos capotazos queráis
Se cierran plazas de toros mientras los taurinos lloriquean un día ante sus dueños y al siguiente los insultan en un intento de que por pena o por coacciones vuelvan a ofrecer espectáculos de tortura en ellas.

Pero esos propietarios, que carecen de toda empatía con el sufrimiento del animal, a los que no les importa hacer negocio con la violencia y que no se han convertido de pronto en abolicionistas estúpidos no son, lo que más les preocupa como empresarios es su cuenta corriente y saben que la #Tauromaquia ya no es una inversión productiva, así que lo de "la tradición por encima de todo" pasa a estar por debajo del recuento de beneficios, y si maňana les proponen convertir el albero en una feria vegana y ven la reconversión rentable, sin duda lo harán.

Van perdiendo subvenciones directas o indirectas, las mismas que siempre juraron no recibir, que eran invención de los antis, y que ahora a ratos mendigan y a ratos exigen, para acto seguido descabellar a los gobiernos municipales o autonómicos que se las reducen o niegan. Cáceres es uno de los últimos ejemplos.

El número de festejos taurinos disminuye año tras año (lo dice, entre otros, Antena 3 en sus informativos) y aun así, con mucha menos oferta no consiguen llenar los ruedos ni contratando a figuras de primer orden, a las que por otra parte ponen de vuelta y media los propios aficionados por atreverse sólo con toros borregos, no llenan es que ni dejando entradas para regalar entradas en panaderías de los aledaños de La Misericordia o en colegios.

Y como duele tanto admitir esa debacle como fea queda la foto con tanta grada sin culo aposentado en ella, las fotos que luego publican tienen sumo cuidado de encuadrar únicamente la parte de los tendidos ocupada para que parezca que la plaza estaba a rebosar.

Agonizan sin remedio (ni pena por la mayor parte de la sociedad) y ellos, que tanto hablan de la muerte, que le ofrecen culto y pagan por verla (la de otros, claro) ni morir saben como espectadores con un poco de dignidad. Superadas por el progreso ético y científico sus razones, desenmascaradas sus mentiras y conscientes de su tufo a cadaverina, rezuman rabia e impotencia que, en manos de quienes se saben a un paso del matadero en la Historia suelen transformarse en chulería y ridículo, mucho ridículo.

Y llegados a este punto ahí los tenemos, exultantes (o más bien intentando aparentarlo) porque Antonio Banderas da capotazos toreros en un festival de Cine o Sergio Ramos lo hace en un estadio de fútbol.

¿Eso os hace felices, taurinos? No hay problema, si os sirve de consuelo adelante. Mientras sean pases al aire, mientras una víctima inocente no sufra ni la violencia se presente ante la infancia disfrazada de cultura o heroicidad, como si un exRodríguez se arranca por chicuelinas sobre una montaña de harina o un exRey hace el salto de rana encima de un barril.

Mientras sea así sí os dejamos, para que luego digáis que somos unos intolerantes.

Artículos del autor

Es muy peligroso, además de necio, dudar de la importancia de un diálogo sereno y basado en la razón como primer y mejor método para la resolución de conflictos, pero también es algo habitual que en algunas circunstancias no se establezca bajo esas premisas y por lo tanto sea estéril.
Y no se trata de la frase de un enfermo mental con licencia de armas, como esos a los que Donald Trump, padre de cazadores y firme defensor de la caza, se las quiere conceder, ni de la advertencia de un cazador como aquel que en El Cabanyal (Valencia).
En algunos accidentes aéreos se dictamina que la causa principal es por un factor humano y se le echa la culpa a la tripulación de vuelo.
No soy creyente pero sí abolicionista de la tauromaquia, uno de los dos organismos presentes en la simbiosis que muestra esta felicitación encontrada en una página taurina.
Cada día me asombran menos las reseňas en las noticias sobre cazadores que mataron a alguien (humano) por un quítame allá esos metros de una linde, o líbrame de esos celos de pareja (o de ex), o aparta de mí ese terror a volver a casa un domingo sin algún cadáver en el maletero.
¿Qué sentiría en su conciencia, y en sus entraňas, si ahora saliese a la luz un vídeo inédito de Hitler en el que se le oyese decir:

No hace falta que respondas, sé que no te vale porque no te conviene, como a los ganaderos o empresarios taurinos no les viene bien que se sepan los números reales de la tauromaquia No sé si crees que podrás engaňar a nadie, desde luego a nosotros no, a los indiferentes tampoco aunque ese maltrato no les perturbe, es que ni siquiera a los tuyos, ni a ti mismo, lo único que demuestras es que la historia continúa pariendo nombres que son por sus actos símbolo de vergüenza, violencia, cobardía e hipocresía y tú, Óscar Higares, en lo que te concierne al menos: el maltrato de toros hasta la muerte, no eres mejor.

No existe violencia legal sin la correspondiente ley que la ampare, es evidente, y no hay violentos legales sin sus propios argumentos morales para justificarla.
 
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