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E. J. Dionne
The Washington Post Writers Group
E. J. Dionne
¿Se avecina otro giro que puede beneficiar al candidato presidencial conservador Jon Huntsman, puesto que todo parece posible en los comicios presidenciales Republicanos?
PETERBOROUGH, N.H. -- Hablo del exgobernador de Utah con una popularidad nacional del 3,2% según la media que hacía el miércoles Real Clear Politics de los sondeos nacionales, a un pelo del candidato Rick Santorum. Huntsman es promocionado en ocasiones por la clase de columnistas que nunca se acerca a las urnas de las primarias Republicanas; les gusta su carácter razonable, su genialidad y su talante inteligente. Muchos conservadores, por otra parte, consideran esos rasgos las huellas de un progresismo encubierto.

Pero si Huntsman acaba en último lugar a nivel nacional entre los favoritos, en New Hampshire sólo es ganado por Mitt Romney, Newt Gingrich y Ron Paul, y en los dos sondeos recientes tiene una popularidad superior al 10 por ciento. Huntsman ha celebrado tantos actos de campaña en este estado que él y Michael Levoff, su responsable de comunicación en New Hampshire, discrepan en el número exacto. Antes de que Huntsman pronunciara un discurso en un encuentro del Rotary Club celebrado en el Monadnock Country Club aquí el lunes, Levoff decía que se trataba del mitin electoral 121 del gobernador; en su discurso, Huntsman dijo que era el 119.

Unos comicios Republicanos tan confusos tienen por fuerza que sufrir todavía un giro o dos, y un par de votantes que se unieron a las varias docenas de personas reunidas en el acogedor club de decoración campestre encarnan la combinación justa que necesita Huntsman para obrar un milagro del tamaño de New Hampshire.

George Kurzon, un médico jubilado de 82 años, decía que su prioridad este año va a ser impedir que el país "siga la senda al socialismo". Muchos votantes que opinan de esa forma se han decantado por Gingrich, pero Kurzon cree que Huntsman es el único Republicano que en realidad tiene posibilidades de ganar las elecciones. "Tiene cualificación, ha sido gobernador, ha sido embajador", decía Kurzon. "Habla de forma racional de solucionar nuestros problemas. No suena como un ideólogo".

Cerca estaba Gordon Hale, un contable jubilado y la clase de independiente a la que Huntsman tiene que engatusar para presentarse en las urnas Republicanas el 10 de enero. New Hampshire permite votar en las primarias de cualquier formación a los independientes registrados, lo que en 2000 y de nuevo en 2008 ayudó a John McCain a salir elegido. Hale votó a Barack Obama en las elecciones de 2008 y "probablemente" lo vuelva a hacer el año que viene. Pero espera votar a Huntsman en las primarias Republicanas "porque es el único que tiene sentido para mí, y presentaría competencia a Obama".

Dos electores no suponen una tendencia, pero la lógica tras sus decisiones es la lógica de un hito Huntsman: necesita que los Republicanos le vean ganador (y como un verdadero conservador) y que los independientes le consideren el tipo cuerdo de un elenco desquiciado (y alguien moderado). A medida que Romney y Gingrich elevan el tono de sus ataques mutuos, los votantes pueden cansarse progresivamente de ellos. Huntsman va de gira electoral recordándoles que hay otra opción.

He aquí el secreto oculto de la campaña: Jon Huntsman es mucho más conservador de lo que moderados y conservadores se dan cuenta. Sí, el Presidente Obama le nombró embajador en China, y cuando Dennis Allen, el presidente en funciones del Rotary Club de Peterborough, presentó a Huntsman, dejó caer que su primer destino diplomático había llegado de la mano de George H.W. y George W. Bush al tiempo que omitía el nombre del presidente que lo mandó a China.

Pero en torno a las cuestiones económicas clave en especial, Huntsman se sitúa claramente a la derecha. En su charla aquí, destacaba que "apoyó" los presupuestos del congresista conservador Paul Ryan por ser "un enfoque muy agresivo" sobre el problema del déficit. Dio su apoyo al límite al número de legislaturas de los congresistas, prometía "ni un rescate más", condenaba "la reforma sanitaria Obamacare" y la reforma Dodd-Frank de regulación del sector financiero, y criticaba "las barreras de la regulación" al sector privado. También presumía de los elogios recibidos por la página de opinión del Wall Street Journal, árbitro de la ortodoxia económica conservadora en los tiempos que corren. Pero aun así hay suficiente heterodoxia para los moderados. Huntsman quiere dividir las grandes entidades bancarias y poner fin a la idea del "demasiado importante para permitir su quiebra". Quiere sacar nuestras tropas de Afganistán. Y habló en profundidad de unidad nacional, lamentando que el país esté "más dividido que nunca en nuestra historia".

Por el momento, pocos fuera del círculo de íntimos de Huntsman apostarán 10.000 dólares a que se alza con la candidatura. Sus posibilidades dependen de que su conducta siga gustando a los moderados y de que los conservadores se den cuenta, como decía su mujer Mary Kaye a un votante aquí, de que "es el conservador más consistente de todos ellos". Es un imposible, pero en una campaña que ha visto a multitudes jalear los tres 9 de los presupuestos de Herman Cain, cosas más raras se han visto.

 

© 2011, The Washington Post Writers Group

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