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Festival del vino 2016 - D. O. Somontano
Daniel Greenfield
Periodista afincado en Nueva York que actulamente ocupa la cátedra Shillman de periodismo.

Email: igrussell@gmail.com
Daniel Greenfield
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Un trocito de Somalia dentro del Reino Unido
Prácticamente el 2% de Somalia está viviendo hoy en territorio británico
Se cree que los dos caballeros que decapitaron al soldado británico son somalíes. El pasado año salió a la luz que docenas de musulmanes del Reino Unido estaban recibiendo entrenamiento en Somalia para combatir por Al Qaeda. Preocupaba que esos caballeros lo hicieran a su vuelta al Reino Unido también. Al-Shabaab, la rama local de Al Qaeda, recibe decenas de miles de libras de los cientos de miles de colonos somalíes del Reino Unido. En el año 2012, los terroristas de Al-Shabaab amenazaron con perpetrar un ataque terrorista contra el Reino Unido, diciendo: "La pesadilla que clandestinamente está llegando a las costas británicas eclipsará los horrores del 7 de Julio y el 21 de Julio juntos”.

Esa pesadilla empieza a asomar. Es la pesadilla de las guerras indígenas del mundo musulmán exportadas al Reino Unido.

El año pasado, Shabaaz Hussain fue condenado a cinco años de cárcel en la sala de lo penal de Woolwich por sus actividades de recaudación de fondos en nombre de Al-Shabaab. Cinco años más tarde, Mohammed Hamid “Osama bin Londres” y sus seguidores eran condenados a la misma pena por el complot del 21 de Julio que pretendía detonar explosivos en estaciones del metro de Londres. La mayoría de los seguidores de Bin Londres eran inmigrantes africanos. Ramzi Mohammed, un somalí, se acercó a una joven madre con un bebé en el cochecito antes de intentar detonar su explosivo.

Los guerrilleros musulmanes han hecho pedazos Somalia. Y estar importando 200.000 al Reino Unido empieza a tener el mismo efecto. Se calcula que en el centro de Londres residen alrededor de 70.000 somalíes. Eso ha convertido Londres en el duodécimo municipio más poblado de Somalia.

Prácticamente el 2% de Somalia está viviendo hoy en Reino Unido
El 80% de los somalíes residentes en el Reino Unido viven en pisos del Estado. Tienen la menor tasa de empleo de todos los colectivos inmigrantes presentes en el país. Y en cuestión de cuatro años, logran antecedentes con decenas de arrestos. Todos los esfuerzos por integrarlos han fracasado estrepitosamente. En lugar de britanizarse los somalíes, los británicos se están somalizando.

Los somalíes no son los únicos en este sentido. La inmigración musulmana en el Reino Unido ha llevado a las calles de Londres las normas y costumbres de Somalia, Afganistán y Egipto. No se trata de ningún choque de civilizaciones, porque de la otra parte no hay nada parecido a una civilización. El islam empezó con grupos de gente armada que saqueaban caravanas de comerciantes. Hoy sigue presente en las bandas de África, Oriente Próximo, Asia y Europa.

Lo que ha sucedido en Woolwich Commons es algo cotidiano en Afganistán, Somalia o Siria. Sólo es extraordinario porque ha pasado mucho tiempo desde que los vikingos desembarcaban despedazando a la población local. Sólo es extraordinario porque el país se rodea de las premisas de la civilización. Y esas mismas premisas básicas sostienen que los asesinos sangrientos ya no decapitan en plena calle.

No pasaba nada por no combatir a los talibanes en Afganistán. Ahora residen en pisos de protección oficial en Londres y berrean discursos acerca de la inminente conquista del país, mientras disfrutan de todos los derechos sociales del estado del bienestar. Y a medida que sus filas crecen, hacer como si no existieran se vuelve imposible.

Los carniceros que perpetraron la atrocidad más reciente querían ser vistos. Querían romper el boicot mediático para informar a la población del Reino Unido de que ellos estaban matando en nombre del islam. La noticia ya se está encontrando con la misma disonancia cognitiva de costumbre y se intenta ocultar, pero eso significa simplemente que el próximo grupo se va a esforzar todavía más por trasladar el mensaje de que la guerra ha llegado.
lunes, 27 de mayo de 2013.
 
Obama no entiende a los israelíes
El problema reside en que Obama cree entender a los israelíes porque entiende a los judíos de izquierdas. Y es un error garrafal.
El estamento tertuliano oficial lleva las dos últimas semanas explicando que los israelíes no entienden a Obama. Judíos prominentes de extrema izquierda como Jeffrey Goldberg han intervenido en profundidad acerca de la forma en que los israelíes se han creído "los mitos Republicanos" de Obama, el musulmán que odia a los judíos, y su racismo.

Pero esa teoría reviste un buen número de problemas.

1. A nadie le cae bien Obama en Oriente Próximo. Tiene una baja popularidad hasta en la mayoría de los países musulmanes. Obama es muy impopular en el vecino Egipto, a pesar de su discurso de El Cairo y de sus intentos de vincularse a la Primavera Árabe. Es enormemente impopular en Pakistán, a pesar de haber crecido en un país musulmán de Asia.

2. Los israelíes no son precisamente aficionados a pasar su tiempo en los mítines Republicanos. Los medios convencionales israelíes son igual de malos que sus homólogos norteamericanos.

3. Israel es un país en el que los árabes han ganado realities votados por la audiencia. Llevar Hussein como segundo nombre no es algo que garantice el éxito. En un país en el que la mayoría de los equipos de fútbol y las formaciones políticas tienen algún Hussein no se ve la diferencia.

El problema de todas estas explicaciones es que los judíos izquierdistas no entienden a los israelíes. Tampoco los va a entender Obama, porque sus opiniones de los judíos se han visto marcadas en gran medida a base de relacionarse con izquierdistas de Chicago.

No sorprende a nadie que Obama no entienda Israel. Creció en Indonesia y sigue malinterpretando a menudo al mundo musulmán. Pasó la mayor parte de su vida adulta en Estados Unidos, y tampoco es que los entienda. No había razones para esperar que "entendiera" a los israelíes cuando no se ha relacionado con muchos, si descontamos a los donantes políticos y a Rahm Emanuel, su ex jefe de gabinete que creció principalmente en Chicago.

El problema reside en que Obama cree entender a los israelíes porque entiende a los judíos de izquierdas. Y es un error garrafal.

Como la mayoría en la izquierda, Obama vive dentro de una burbuja. Solamente se siente cómodo con las personas que comparten su mentalidad y sus puntos de vista. Y su visita a Israel le sitúa llevándose su burbuja de viaje, departiendo con una audiencia de estudiantes universitarios de izquierdas escrupulosamente seleccionados para saber aprobado de antemano lo que le van a decir.

No es una estrategia abocada al fracaso. A base de hablar selectivamente sólo con las personas de las que cabía esperar que convinieran con él, Obama ganó unas elecciones. Pero eso convierte su visita israelí en otro acto electoral sin sentido, dirigiéndose a una audiencia que es todavía más radical que él.

Los israelíes habrían respetado a Obama si hubiera dialogado con ellos acudiendo a la Knesset o interviniendo en un espacio público, al estilo de lo que hizo en Berlín. En lugar de dialogar con ellos, Obama se distancia de ellos, atendiendo a una lista seleccionada de entrevistas, acompañadas de un discurso dirigido a una audiencia exclusiva con todas las filigranas de las visitas de estado.

A nivel demográfico, el israelí medio es próximo al votante Demócrata del cinturón industrial de la zona de los Lagos. Y Obama nunca ha sabido dirigirse a esos votantes como hacía Bill Clinton. Es la razón de que a pesar de haber sacado en repetidas ocasiones a Israel de sus casillas, Bill Clinton siga siendo popular allí, y de que Obama ni siquiera le haya rozado.

Obama, como Tony Blair, representa a la clase de los Yuppies, e Israel sigue siendo un país en el que la mayoría de la población tiene más de clase media que de brillante emprendedor del sector tecnológico. Las últimas elecciones fueron la gran victoria de los Yuppies, siendo la foto del repeinado presentador izquierdista Yair Lapid y Bennett juntos el gran recordatorio de ello, pero eso no significa que el país esté listo para Obama.

Los israelíes entienden a nivel instintivo que Obama es el tipo de tío post-muchas cosas, y no se sienten cómodos en absoluto con ello. Su política exterior no les gusta mucho, y no soportan su falta de sinceridad. Pero sobre todo intuyen que representa una ruptura de la continuidad. Una transición de alejamiento de las realidades en favor de los intangibles. Entienden que nada de lo que dice importa a la hora de la verdad, y en un país que tiene una limitada paciencia con la oratoria eso es todavía más relevante.

Los israelíes son impacientes por naturaleza y se atienen a los hechos. A diferencia de la audiencia judía izquierdista de Obama, a ellos no les gustan los discursos largos. Prefieren saltarse el discurso para pasar al turno de preguntas.

Mientras que el judío de izquierdas se fija en Roosevelt y en Kennedy, el judío israelí se fija en el argumento. El enfoque israelí adoptado por Obama le fue recomendado por judíos de izquierdas que nunca han entendido Israel, pero que querían que los israelíes quedaran igual de impresionados con Obama que ellos. Y eso no ha sucedido.

Para los israelíes, Obama es un famoso. No es un líder que tomar en serio. Se fijan en su comitiva y se hacen fotos, pero su visita no supone mucha más diferencia que un concierto de Madonna o de los Rolling Stones. Un acto público sin ningún contenido.

martes, 26 de marzo de 2013.
 
 
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