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Carmen Muñoz
Carmen Muñoz
Señores políticos, dejen ya de marear la perdiz
El término negociación indica un esfuerzo de interacción orientado a generar beneficios, es decir, que varias partes se reúnen, cada una con su programa, su idea, para que después de poner sobre la mesa todos los asuntos debidamente argumentados, se llegue a un acuerdo beneficioso para todos.

Dicho así queda hasta bonito, pero la realidad es muy distinta cuando se trata de una negociación política, ya sea empresarial, a nivel nacional, regional, universitaria, local, de partidos, de sindicatos etc., y con dinero por medio.

Los acuerdos y los consensos se hacen en los despachos privados o engullendo una buena pitanza regada con los mejores caldos, dicho sea de paso pagada por todos nosotros, y la lección se lleva bien aprendida a la mesa de negociación. Una vez allí se sacan los sables bien afilados para dar carnaza y titulares al personal, haciéndonos pasar por lelos o tontos de baba al considerar que o bien no nos enteramos de nada o lo tragamos todo, porque tanta pasividad por parte de todos a lo que nos ofrecen, así lo acredita.

Pues bien señores políticos, dejen ya de marear la perdiz, de sacarse los trapos sucios y tirárselos a la cabeza ustedes mismos, e incluso dentro de sus mismos partidos, de tanta demagogia barata, de engañar a los más aborregados ya sea por ignorancia, juventud, desengaños, etc.. Apaguen de una vez por todas el ventilador y pónganse a trabajar por el bien de la nación, de todos nosotros. Sean justos y apriétense el cinturón todos los políticos como el resto de los mortales, no quieran lo ancho del embudo para ustedes y para el resto lo estrecho. Si el límite superior de las pensiones es de 2500 €, pues para todos igual, ya sea diputado, senador, directivo, banquero o el mismísimo sursuncorda, que por pertenecer a un partido político y no hayan desempeñado cargo público cualquiera ni tener experiencia de nada ganen cantidades ingentes de por vida con sueldos astronómicos y pensiones vitalicias de idéntico calibre, no es justo si lo comparamos con lo que perciben la mayoría de los españoles. En este tema (sus propios estipendios) las negociaciones es un mero fluir de rosas, se ponen de acuerdo rápido y sin dar cuartos al pregonero vaya a ser que siente mal y pierdan votos.

Cuando no se quiere dar luz verde a alguna propuesta, se crea una comisión, y ya se sabe que dormirá el sueño de los justos, es decir, que no saldrá adelante y si lo hace no en tiempo y forma requeridos. Las negociaciones son diferentes, se reúnen muchas veces para ver quien se lleva la mejor tajada del pastel, y mientras tanto dietas y más dietas pagadas por los de siempre, los que tenemos un mísero sueldo sujeto al control de la administración, para llegar a dar una solución que podría haberse resuelto en el primer encuentro.

Es una vergüenza lo que está pasando en este país, a las regiones separatistas se les intenta callar con dinero y prebendas múltiples y las tranquilas y silenciosas no reciben ni los buenos días. Cataluña, la tan cacareada “España nos roba”, resultó ser que quien les robaba era la saga monástica de los Pujol y todos tan contentos con el engaño. Ahora, visto la luz el bufo, siguen erre que erre para sacar mientras más mejor.

Aquí lo del techo de gasto no se aplica convenientemente, debería haber un límite para todo y para todos, pero en esto no entran las negociaciones, la economía va por otros derroteros más tortuosos y fáciles de descarrilar provechosas y abundantes mercancías, porque aunque nos demos cuenta de todos los atropellos y tropelías al uso, son tantas las personas implicadas y tan pocas las que se revelan, que llegar a una solución relativamente pacífica, me resulta un tanto complicado de ver.

Artículos del autor

Partiendo de la base de que estoy totalmente de acuerdo con el edil Bellido, añado que a veces los expertos no son tales, desde el momento que solo buscan llamar la atención y estar en el candelero para beneficio propio.
Toda esta incongruencia política que sufrimos hoy día a que se debe ¿a la ignorancia o a la intransigencia?
El fallecimiento de Paloma Gómez Borrero, periodista insigne y mujer rompedora, reconocida en vida, pero sobre todo una vez que ha cruzado el umbral a lo infinito, me ha hecho reflexionar sobre algo, que hago desde ha mucho tiempo pero, que cuando sucede de manera sorprendente, se me agudiza.
El periodista Enric Gonzalez sostiene que “esas palabras inofensivas acaban desplazando a otras más útiles”.
Considerando que una democracia es la forma más representativa de gobierno, lo que tenemos en España no goza precisamente de una vida saludable, pues debido a la idiosincrasia española cuyo pecado capital es la envidia, nos lleva al revanchismo, de forma casi genética, de manera cotidiana.
Desde que los seres racionales estamos en el mundo, somos como somos, es decir, que no somos ahora diferentes a los de hace un par de siglos, por ejemplo.
¿Por qué somos tan adictos de juzgar cualquier hecho simplemente por lo que nos dicen o leemos a través de los medios de comunicación sin ahondar en las simas de lo acontecido?
Que tendrán las pensiones que todos quieren, no solo meter mano en el saco, sino no dejarlas tranquilas, aunque no, para todo lo bueno que deberían hacer.
 
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