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Festival del vino 2016 - D. O. Somontano
Carlos Miguélez Monroy


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Carlos Miguélez Monroy
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Corrupción: como es arriba, es abajo
Las exigencias de ejemplaridad a nuestros representantes políticos pierden toda su fuerza cuando no van alineadas con la propia conducta. Si se rompen los nudos, revienta la red que nos sostiene
Una mujer entra en una organización humanitaria con sede en el edificio donde trabaja como bedela para pedir un certificado firmado para su cuñado, que vive en Inglaterra. En el certificado, dice, debe constar que la persona en cuestión se formó y participó como voluntario en Madrid durante seis meses concretos unos años atrás.

Cuando se le pide más tiempo para revisar los registros de años anteriores dice que no hace falta porque, en realidad, nunca se incorporó como voluntario ni participó en los cursos de formación que pedía certificar. No pudo. Estuvo menos tiempo en Madrid del que constaría en el certificado fraudulento.

“Pero vamos, sólo es un certificado”. Lo necesitaba para una documentación oficial, para una oposición, para un trámite, no queda muy claro. Se le dice que la organización no puede certificar algo que no tuvo lugar pero que, de cualquier manera, se trasladará el caso al director.

“Si no me lo das tú me lo da él porque me quiere mucho y, si no, iré con el presidente o con el fundador, a quienes conozco bien”.

Vuelve con aires confiados al día siguiente. La sonrisa en la cara del director se va desdibujando a medida que pregunta detalles sobre el paso del “cuñao” por España y sobre el certificado y avanza la historia. Ella percibe el malestar y dice: “pero si sois una ONG. No me respondas ahora, vuelvo mañana”. Pero no vuelve, sino que manda a su compañera bedela a preguntar si “si tenemos lo suyo”. La respuesta provoca indignación en la compañera: “pero si esto a vosotros no os perjudica”.

La “afectada” vuelve unos días más tarde para despedirse porque le ha llegado la hora de la jubilación. Aprovecha para decir que no se preocupen por lo del certificado. “Lo entiendo, es normal que no me lo deis”. Los trabajadores se miraron atónitos, como queriendo preguntar: “¿y entonces para qué lo pedías?”

La historia deja ver la percepción de normalidad en una persona “común” en un acto de falsedad documental. Pero también deja ver el desprecio que tiene por las organizaciones de la sociedad civil como último recurso para resolver un chanchullo y la estrategia común de amenaza velada de escalar peldaños hasta conseguir un “favor”. Como si un trabajador tuviera que temer el regaño de sus superiores por haberse negado a “un favorcito que a nadie perjudicaba”, especialmente cuando se trata de una oenegé.

En el imaginario colectivo, la corrupción pertenece en exclusiva al reino de la política, de las instituciones públicas y de las grandes empresas, como si todo esto se desligara de una sociedad que lo sostiene y lo legitima con actitudes y conductas. Cabe preguntarse de nuevo si la corrupción debe medirse sólo por el daño material, por el dinero que implica y por el grado de poder que está en juego. Habría que plantearse lo que haría con el poder y el dinero de una concejala, de una alcaldesa o de una ministra quien amenaza con recurrir la instancia más alta de una organización de la sociedad civil por no obtener lo que quiere. Si alguien con ese poder no ve nada de malo en emitir un certificado falso, ¿qué vería de malo en aceptar “donaciones” para la licitación de un proyecto por concurso público si tuviera ese poder?

Historias como la del certificado, que se repiten cada día a en todo el mundo, dejan ver la importancia que tiene la percepción a la hora de distinguir lo que está dentro de los límites de lo ético. Muchas veces se mide en función de las consecuencias, de si se producen daños físicos y directos, como si no tuviera consecuencias a largo plazo la erosión de principios inherentes en una auténtica democracia participativa, libre, con división de poderes y en la que los representantes del pueblo y las instituciones rindan cuentas a sus ciudadanos. Las exigencias de ejemplaridad a nuestros representantes políticos pierden toda su fuerza cuando no van alineadas con la propia conducta. Si se rompen los nudos, revienta la red que nos sostiene. Como es abajo, es arriba.
jueves, 22 de septiembre de 2016.
 
Tarea mala
El deporte, la cultura y las artes pueden convertirse en la mejor forma de fomentar su desarrollo integral
Se acerca el final del verano en medio planeta y comienzan las clases escolares. A los gastos en libros, materiales, uniformes y de inscripción se suma el “estrés” de la vuelta al trabajo de muchos padres, de la vuelta a la rutina. Pero ese supuesto estrés esconde el alivio de padres y madres que no se atreven a reconocer su incapacidad para saber qué hacer en unas largas vacaciones con unos niños que, según ciertos mandatos sociales y pedagógico, hay que tener estimulados, entretenidos y divertidos las 24 horas del día.

También se suman los gastos de actividades extraescolares: gimnasia artística, ballet, pintura, fútbol, natación, karate y muchas otras. En muchos casos, se utilizan estas actividades para rellenar los ratos libres de los menores. Sin embargo, en realidad representen una de las más grandes oportunidades para complementar su desarrollo físico, intelectual y emocional. Se ejercitan la disciplina, el trabajo en equipo, la capacidad de levantarse tras las pequeñas derrotas, la capacidad a resistir y sobreponerse a la adversidad, a tolerar la frustración, pero también la creatividad y otras zonas de grandeza del alma humana.

Para lo demás queda la tarea de los colegios y vuelve un viejo debate: ¿conviene o no prolongar el trabajo de horas dedicadas a las matemáticas, a la biología, la física, la química, la historia y la geografía?

La Organización Mundial de la Salud (OMS) se suma a la OCDE en desaconsejar las tareas. Centró uno de sus análisis en España, donde el porcentaje de estudiantes que sufren estrés por culpa de los deberes es de los más altos de Europa. De hasta el 70% en las jóvenes de 15 años.

Esta presión se traduce en dolores de cabeza, dolores de espalda, malestar abdominal y mareos, que somatizan tristeza, tensión, y nervios, y que en muchos casos se juntan con casos de abuso y acoso.

Las secuelas en la salud física y mental aumentan a medida que los alumnos crecen, informa la OMS en su última encuesta realizada a jóvenes en edad escolar, en la que han participado más de 11.000 estudiantes. A los 15 años, cuando ya están terminando la educación obligatoria, un 70% de las chicas dicen sentirse angustiadas por los deberes frente al 60% de los chicos. Eso coloca a los españoles, que según la OCDE dedican una media semanal de seis horas y media a hacer trabajos escolares fuera del horario del colegio.

Pueden parecer exageradas las consecuencias de las tareas en determinados contextos. Además, la forma de organizar el tiempo escolar y extraescolar va de la mano de factores culturales y geográficos. Pero las advertencias de la OMS y de la OCDE pueden servir para reabrir un necesario debate no sólo sobre la mejor manera de compaginar escuela con otro tipo de actividades, sino también de cambiar la forma de entender el tiempo libre dentro de las familias. En el centro del debate debe estar el derecho de los menores a una educación integral para el desarrollo de sus capacidades. Educcere, sacar lo mejor que tienen.

Aumenta la presión publicitaria y de la sociedad para tener a los niños entretenidos todo el tiempo, de que no se aburran, cuando precisamente el silencio e incluso el aburrimiento pueden convertirse en combustible para la creatividad. En los ’80 y ’90 existía cierta alarma por el abuso de los Atari, los Game Boy, los Nintendo o los Sega. Pero la proliferación de tablets, de ipads y de una gama de nuevos aparatos con acceso a videos, a programas de mensajería y a centenares de posibilidades para comunicarse y para jugar ha complicado la ecuación. Se dispara la dependencia a los aparatos para divertirse y se advierten nuevas consecuencias, como los accidentes provocados por un mal uso de las tecnologías, o la multiplicación de casos de acoso por las redes sociales.

No se trata de llenar “huecos” en las tardes, sino de hacer tiempo para desarrollar aquellas actividades que contribuyan al bienestar de los menores y que les ayude a convertirse en personas más íntegras, más sensibles a la cultura y al arte, y mejores deportistas no sólo por ganar, sino también por saber hacerlo, por saber perder y por saber producirse como buenos compañeros de equipo.
jueves, 15 de septiembre de 2016.
 
Redes contra la caída de nuestros mayores
Los mayores no tienen por qué padecer una soledad ni deseada ni asumida durante la última etapa de su vida, cualquiera que haya sido su pasado
El año pasado, el cuerpo de bomberos de Barcelona, en España, abrió las puertas de 132 casas que encerraban a una persona muerta en el interior, la mayoría mayores. En este 2016, ya van 44.

Esta situación se repite cada año no sólo en Barcelona o en Madrid, sino también en otras grandes ciudades europeas y del llamado “primer mundo”. Crece la indignación de organizaciones que trabajan con personas mayores, pero también de quienes ven impotentes los telediarios y se preguntan: “¿encontraron a estas personas más por el olor de la descomposición que porque alguien las echara de menos?” “¿Esto me puede pasar a mí?”

La clave está en la respuesta a esa pregunta. No lo sabemos porque la soledad objetiva depende de varios factores, muchos de los cuales obedecen a circunstancias que la vida a veces impone o de decisiones tomadas muchos años atrás sin anticipar el vasto desierto en que puede convertirse la vejez. A la expansión de la línea cronológica de las personas se suman circunstancias de la familia, de amistades, económicas e incluso culturales. En algunas culturas les cuesta más a las personas mayores buscar compañía de personas fuera de su círculo familiar.

Ante esta soledad en ciudades como Madrid, Barcelona, París, Bruselas y otras en Europa, en ciudades de Japón o en Australia se han planteado alternativas de convivencia intergeneracional. En muchas de ellas, estudiantes universitarios comparten vivienda con mayores mientras se hacen compañía. En años recientes se han multiplicado estos programas en países donde el envejecimiento de la población se erige como uno de los principales desafíos no ya de futuro, sino de presente.

Incluso se han creado redes como Homeshare International con el fin de compartir experiencias y prácticas para gestionar mejor esas convivencias. En España se dan los primeros pasos para una posible red territorial de programas de convivencia intergeneracional con vistas a tener un plan de trabajo para cuando se celebre el 5º Congreso Mundial de Homeshare en Madrid, en mayo del próximo año.

Desde hace años, la visita de personas voluntarias al domicilio de un mayor para dar un paseo, para charlar, para ver la tele o para jugar a las cartas, o a residencias de ancianos, se han erigido como respuestas a la soledad objetiva y vivencial que sufren cientos de miles de personas. Aunque esta labor solidaria sirve para paliar la soledad y para dar visibilidad a uno de los más graves problemas a los que empezamos a enfrentarnos como sociedad, estas iniciativas por sí solas no pueden abordar la soledad de cientos de miles de personas que conviven con la soledad, sobre todo en grandes ciudades.

El voluntariado, así como otras iniciativas intergeneracionales, pueden y deben tender hacia la creación de nuevas redes sociales en las que las propias personas mayores se erijan en protagonistas. Se trata de convivir no sólo con otras personas de su misma edad y circunstancias, sino también con gente joven de distintas procedencias. Las redes intergeneracionales acaban por convertirse en enriquecedoras experiencias interculturales de enriquecimiento mutuo.

Canalizado por medio de organizaciones de la sociedad civil, el voluntariado y otras iniciativas tienen enormes posibilidades a la hora de crear o fortalecer los vínculos de las personas mayores con su entorno más cercano, de forma que se puedan relacionar con vecinos y con personas del barrio. De lo contrario, pueden reforzar el encierro de las personas en sus hogares, que es contra lo que luchaban en un principio. Se trata de que cuenten con una auténtica red social para que puedan desarrollar actividades culturales, formarse en el uso de nuevas tecnologías, hacer deporte y otras actividades al aire libre dentro de las limitaciones de la edad, participar en actividades culturales y viajar.

Uno de los más ignorados valores del voluntariado social radica en sus posibilidades a la hora de crear ese tejido social que, como una red de circo, evita cada vez más la caída de personas en situación de soledad o en riesgo de exclusión. Los mayores no tienen por qué padecer una soledad ni deseada ni asumida durante la última etapa de su vida, cualquiera que haya sido su pasado.
viernes, 5 de agosto de 2016.
 
 
Proyectar nuestro gordo humillado
La salud entendida como un estado general de bienestar comienza por la aceptación de uno mismo, y esto comienza con lo que comunican los padres a sus hijos: con sus chistes, con sus críticas y hasta con sus silencios de tensión
martes, 5 de julio de 2016.
 
Redes sociales para vender política
Por eso no podemos limitarnos a criticar la forma de comunicar de los candidatos. Hay que permanecer atentos al mensaje en sí, fundamental en la comunicación. El resto es humo de sofistas
lunes, 27 de junio de 2016.
 
Una respuesta al envejecimiento de la población
Los programas de convivencia intergeneracional se erigen como una respuesta seria a los desafíos que presenta el envejecimiento de la población en España, con más de 1,7 millones de personas mayores de 65 años, y del resto del mundo
domingo, 26 de junio de 2016.
 
Padres sándwich
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martes, 14 de junio de 2016.
 
Expatriados en su ciudad
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martes, 7 de junio de 2016.
 
Hacer amigos en el voluntariado
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martes, 31 de mayo de 2016.
 
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777.600 minutos en una cárcel: traspasar los muros
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