Plaza mayor sin dulzainas, iglesia mayor sin domingos, Calle Mayor sin chiguitos.
Cada silencio tiene un apellido, cada sombra tiene una familia, cada ladrillo, un resquemor
Con las últimas lluvias por el arroyo vuelve a correr el agua, turbia mustia, perezosa. Poco más allá el palomar blanco contrasta con la cargada oscuridad de las nubes. Al fondo, solo, orgulloso y desnudo, el chopo contempla, hierático como un cristo románico, la amenaza del otoño. El negro cielo tiene un único ojo por el que se cuela, heraldo del anochecer, un lisonjero rayo que mima las paredes de adobe del pueblo.