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18º ANIVERSARIO
Fundado en noviembre de 2003
Francisco Muro de Iscar
Francisco Muro de Iscar
Columna de opinión
Francisco Muro de Iscar nació en Madrid en 1948. Estudió Derecho y es periodista. Hasta septiembre de 2005 fue director general y de Contenidos Editoriales de Quindici Editores, así como columnista de 'La Rebotica' de la COPE, programa del que fue director y por el que ha obtenido diversos premios. Fue director del diario Ya (1989-90) y de La Información de Madrid (1994), así como subdirector de Arriba (1976-1979). También dirigió la revista Economía y Finanzas y fue coordinador editorial del Grupo Economics. Fue asesor de Comunicación en el Gabinete de Prensa del Ministerio de Educación con la UCD, de la revista Información Comercial Española y del Ministerio de Economía entre 1991 y 1992. Durante 2005 publicó una entrevista semanal en El Mundo de Castilla y León, trabajo que quedó recogido en el libro 'Castellanos y Leoneses por Derecho'. Fue director general de la Agencia de Comunicación Grupo Quator y ha trabajado en la planificación de la estrategia de comunicación de varias empresas. Además de la Campaña 'Mira por tus ojos' para la ONCE, ha organizado numerosos eventos. Ha impartido Cursos de Comunicación y de Organización de eventos, de situaciones de crisis y de formación de portavoces. Ha dirigido y colaborado en la puesta en marcha de portales como Educnet, Saludigital o 'La Rebotica', así como de numerosas publicaciones como 'Salud Madrid' (Comunidad de Madrid, 62.000 ejemplares), la revista científica Medicina Estética y Seclaendosurgery.com, revista de la Sociedad Española de Cirugía Laparoscópica. Es autor de los libros 'Ética en la Información', 'Víctor de la Serna, compañero', 'España: su inmediato futuro político', 'La Universidad de las puertas cerradas', 'Un enfermo en casa', 'Universo Alzheimer' y 'Leche Pascual: Empresa, memoria y corazón'. Es miembro del Consejo Asesor de la ONG Aldeas Infantiles y lo fue de la Comisión Deontológica de la Asociación de la Prensa de Madrid.
Francisco Muro de Iscar
Últimos textos publicados
Por qué funciona mal España
MADRID, 17 (OTR/PRESS)Que nuestro país funciona mal es una obviedad. Lo sabemos nosotros y Europa ya ha dicho que teme que España no sea capaz de utilizar todos los fondos europeos que nos van a regalar para salir de esta crisis. Ya ha pasado en ocasiones anteriores y con Gobiernos de diferente color. El Covid llegó, nos pilló desprevenidos, se reaccionó tarde, se gestionó mal, se politizó en lugar de buscar soluciones y los resultados ya se han visto. Ni siquiera somos capaces de fijar el verdadero número de muertos. La gestión de la pandemia, primera, segunda y las olas que vengan, está siendo penosa. Los estados de alarma son más una herramienta para que el Gobierno eluda sus responsabilidades que un instrumento de eficiencia. La vacunación, otro tanto, independientemente de que las responsabilidades sean del Gobierno central o de los autonómicos. Y si nos vamos a Filomena, basta salir a la calle casi una semana después para ver que tampoco hubo previsión, aunque había datos, se actuó tarde y el colapso va a provocar daños difícilmente reparables para muchos. Si hablamos de la crisis económica de hace años y del Plan E del expresidente Zapatero, podemos escribir un libro. Ojalá no se repita ahora, aunque los indicios no son buenos.

Una de las razones importantes de esta ineficiencia reiterada es lo que el profesor Alejandro Nieto llama "la organización del desgobierno". Una de las grandes reformas que verdaderamente necesita España es la de la Administración o, si quieren, de las Administraciones públicas. No hay que acabar con el Estado de las Autonomías, que yo creo que fue un acierto, pero sí con todas las ineficiencias y disfuncionalidades que los políticos han creado durante estos años, multiplicando órganos innecesarios, duplicando leyes y funcionarios, transfiriendo competencias por razones políticas y creando un Estado ineficiente en el que unos y otros dicen que la culpa es siempre del contrario. En lugar de reducir la burocracia, se ha multiplicado y en lugar de la primacía de la ley, lo que ha crecido es la inseguridad jurídica, con dieciocho legislaciones diferentes en muchos casos, un laberinto en el que ciudadanos, inversores y empresarios caminan con los ojos cerrados o, mejor, tapados.

Tenemos una Administración vieja, más cerca del siglo XIX que del XXI, incapaz de prever, lenta en la tramitación, pasiva en la respuesta, tecnológicamente en la edad del papel y ante la que para el ciudadano sigue siendo muy difícil recurrir decisiones injustas. Hay excepciones, como la Administración Tributaria, lo que significa que si se quiere reformar, se puede. La descoordinación de las Administraciones es casi absoluta. Muchas, por ejemplo la de Justicia, operan con sistemas diferentes que no pueden comunicarse ni interoperar con los demás. Falta un esquema de responsabilidades concretas, compartidas o individuales y eso permite a los políticos echar la culpa a los otros y no asumir sus responsabilidades. Y, por si fuera poco, crece el número de altos cargos de la Administración -- y de "asesores", con este Gobierno más que con ninguno anterior-- que, contraviniendo la ley, carecen de conocimientos, competencias o preparación para asumir esas responsabilidades y que, además, están dispuestos a ceder lo que sea para mantenerse en el poder.

Antes que muchas otras leyes, urge la reforma estructural y la modernización de la Administración, acabar con la mala organización de los recursos públicos y con la peor gestión de los mismos, la duplicidad de muchos y la carencia de otros. Y eso, otra vez más, necesita consensos importantes no solo parlamentarios sino también de los funcionarios --muchos excelentes, la gran mayoría hartos de parches y de estar mandados por incompetentes--, de sindicatos, y fuerzas económicas y sociales. Pero de esto, que hace funcionar mal a todo un país, y que es Política con mayúsculas, no escucharemos hablar a los políticos.

lunes, 18 de enero de 2021.
 
Por qué funciona mal España
MADRID, 13 (OTR/PRESS) Que nuestro país funciona mal es una obviedad. Lo sabemos nosotros y Europa ya ha dicho que teme que España no sea capaz de utilizar todos los fondos europeos que nos van a regalar para salir de esta crisis. Ya ha pasado en ocasiones anteriores y con Gobiernos de diferente color. El Covid llegó, nos pilló desprevenidos, se reaccionó tarde, se gestionó mal, se politizó en lugar de buscar soluciones y los resultados ya se han visto. Ni siquiera somos capaces de fijar el verdadero número de muertos. La gestión de la pandemia, primera, segunda y las olas que vengan, está siendo penosa.

Los estados de alarma son más una herramienta para que el Gobierno eluda sus responsabilidades que un instrumento de eficiencia. La vacunación, otro tanto, independientemente de que las responsabilidades sean del Gobierno central o de los autonómicos. Y si nos

vamos a Filomena, basta salir a la calle casi una semana después para ver que tampoco hubo previsión, aunque había datos, se actuó tarde y el colapso va a provocar daños difícilmente reparables para muchos.

Si hablamos de la crisis económica de hace años y del Plan E del expresidente Zapatero, podemos escribir

un libro. Ojalá no se repita ahora, aunque los indicios no son buenos. Una de las razones importantes de esta ineficiencia reiterada es lo que el profesor Alejandro Nieto llama "la organización del desgobierno". Una de las grandes reformas que verdaderamente necesita España es la de la Administración o, si quieren, de las Administraciones públicas. No hay que acabar con el Estado de las Autonomías, que yo creo que fue un acierto, pero sí con todas las ineficiencias y disfuncionalidades que los políticos han creado durante estos años, multiplicando

órganos innecesarios, duplicando leyes y funcionarios, transfiriendo competencias por razones políticas y creando un Estado ineficiente en el que unos y otros dicen que la culpa es siempre del contrario.

En lugar de reducir la burocracia, se ha multiplicado y en lugar de la primacía de la ley, lo que ha crecido es la inseguridad

jurídica, con dieciocho legislaciones diferentes en muchos casos, un laberinto en el que ciudadanos, inversores y empresarios caminan con los ojos cerrados o, mejor, tapados.

Tenemos una Administración vieja, más cerca del siglo XIX que del XXI, incapaz de prever, lenta en la tramitación, pasiva en la respuesta, tecnológicamente en la edad del papel y ante la que para el ciudadano sigue siendo muy difícil recurrir decisiones injustas. Hay excepciones, como la Administración Tributaria, lo que significa que si se quiere reformar, se puede. La descoordinación de las Administraciones es casi absoluta. Muchas, por ejemplo la de Justicia, operan con sistemas diferentes que no pueden comunicarse ni interoperar con los demás. Falta un esquema de responsabilidades concretas, compartidas o individuales y eso permite a los políticos echar la culpa a los otros y no asumir sus

responsabilidades. Y, por si fuera poco, crece el número de altos cargos de la Administración - y de "asesores", con este Gobierno más que con ninguno anterior- que, contraviniendo la ley, carecen de conocimientos, competencias o preparación para asumir esas responsabilidades y que, además, están dispuestos a ceder lo que sea para mantenerse en el poder.

Antes que muchas otras leyes, urge la reforma estructural y la modernización de la Administración, acabar con la mala organización de los recursos públicos y con la peor gestión de los mismos, la duplicidad de muchos y la carencia de otros. Y eso, otra vez más, necesita consensos importantes no solo parlamentarios sino también de los funcionarios -muchos excelentes, la gran mayoría hartos de parches y de estar mandados por incompetentes-, de sindicatos, y fuerzas económicas y sociales. Pero de esto, que hace funcionar mal a todo un país, y que

es Política con mayúsculas, no escucharemos hablar a los políticos.
jueves, 14 de enero de 2021.
 
Salir de esto... pero no como sea
MADRID, 10 (OTR/PRESS)Nos dijeron que había que reajustar las expectativas... para colmarlas. Nos dijimos que peor no podía ser y que ya habíamos pasado lo más gordo... ¡Pues vale! En apenas diez días han pasado tantas cosas y tan imprevistas como no habíamos imaginado: el asalto al Capitolio; la locura desatada de un presidente de Estado Unidos; la mayor nevada en 50 años en España; las heladas que han venido después para rematar la faena climatológica; el consecuente retraso en la vacunación --además de la lentitud en muchas autonomías-- que nos iba a devolver la "normalidad"; las nuevas cepas del Covid y el desborde de los contagios, otra vez, nuevos confinamientos, los sanitarios y los climatológicos; más cierres perimetrales; la impresentable subida de la luz y el silencio de los que protestaban antes; la incógnita de si habrá o no elecciones en Cataluña y el desembarco de Illa, ministro de Sanidad a tiempo parcial en medio de la mayor crisis sanitaria de la historia y candidato en Cataluña, sin renunciar a la cartera... por si acaso no hay elecciones. Y, por si fuera poco, Pablo Iglesias sigue en el Gobierno. ¿Es que no puede salir nada bien? Y nos quedan 350 días por delante...

En serio, hay que salir de esta situación como sea. Lo que sucede es que ese "como sea" solo es posible si, de una vez, unos y otros se ponen a trabajar juntos, olvidan la crispación y las rencillas y negocian, acuerdan y pactan un verdadero Plan para la Recuperación, que trate de no dejar a nadie atrás. Esta situación es mucho mas grave que la que se encontró España en plena transición, cuando el Gobierno de Suárez y muy especialmente su vicepresidente Fuentes Quintana y su equipo fueron capaces de alumbrar los Pactos de La Moncloa que tenían una parte política, pero, sobre todo, económica. Todavía quedan algunos de los que representaron a esa generación de españoles que más hizo por la democracia, por la reconciliación y por la construcción de una España próspera, más igualitaria y con más oportunidades para todos. Entonces no contaban, como ahora, con la impresionante e imprescindible ayuda de la Unión Europea. Ni siquiera formaban parte del club que nos ha posibilitado llegar a ser una nación moderna, con plenitud de derechos y libertades. Entonces lo hicieron solos, pero unidos.

¿Y ahora? El Gobierno ya adelanta que, previsiblemente solo será capaz de "gastar" en 2021 la mitad de las ayudas que nos va a dar en este ejercicio la Unión Europea, confirmando los temores de la propia Unión sobre Italia y España. Además, ha aprobado unos Presupuestos que son irrealizables en los capítulos de ingresos y de gastos. Solo es un salto en el vacío, con los compañeros de viaje menos fiables, para mantener el poder. Todavía el presidente Sánchez --desaparecido en esta última crisis-- está en condiciones de rectificar, de convocar en La Moncloa a los grandes empresarios, a los sindicatos, a los autónomos, a todos los partidos, a los principales operadores jurídicos y, con transparencia y publicidad, crear ese "proyecto de país", de todo el país, para la reconstrucción y para la adecuada utilización de los recursos propios y de los fondos aportados por Europa. Sólo un acuerdo generoso, plural y compartido, que aúne el esfuerzo público y privado, nos puede sacar de esta situación. Todo lo demás es pan para hoy --y no para todos-- y hambre para mañana, aquí sí para todos. Si no queremos dejar a nadie atrás --y esta crisis está dejando a millones de ciudadanos y de familias a la intemperie-- hay que vencer los problemas para no ser vencidos por ellos. Donde todavía hay una oportunidad, todo lo que no sea trabajar juntos es desperdiciarla.

lunes, 11 de enero de 2021.
 
 
Todo es frágil, leve, superficial
jueves, 7 de enero de 2021.
 
Un instante de sosiego
lunes, 4 de enero de 2021.
 
Gracias, Europa
jueves, 31 de diciembre de 2020.
 
Memoria y elogio de una generación
lunes, 28 de diciembre de 2020.
 
Este año, más Navidad que nunca
jueves, 24 de diciembre de 2020.
 
El año en el que no aprendimos (casi) nada
lunes, 21 de diciembre de 2020.
 
El perverso descrédito de los jueces
jueves, 17 de diciembre de 2020.
 
La vida no vale nada
lunes, 14 de diciembre de 2020.
 
El botox del poder
jueves, 10 de diciembre de 2020.
 
Defensa, civil, de la Constitución
lunes, 7 de diciembre de 2020.
 
Lo imprescindible que no hacemos
jueves, 3 de diciembre de 2020.
 
¿Lo armonizamos todo?
lunes, 30 de noviembre de 2020.
 
Esa enorme vegüenza
jueves, 26 de noviembre de 2020.
 
El infinito deseo de limitar la libertad
lunes, 23 de noviembre de 2020.
 
Desleales
jueves, 19 de noviembre de 2020.
 
Lo que viene ahora
lunes, 16 de noviembre de 2020.
 
¿Por qué siguen en el Gobierno?
jueves, 12 de noviembre de 2020.
 
Los nuevos pobres
lunes, 9 de noviembre de 2020.
 
La educación, amenazada
jueves, 5 de noviembre de 2020.
 
ETA y la memoria democrática
lunes, 2 de noviembre de 2020.
 
Razones para estar indignado
jueves, 29 de octubre de 2020.
 
El viaje al centro y a la moderación
lunes, 26 de octubre de 2020.
 
Los 'otros' problemas de la justicia
jueves, 22 de octubre de 2020.
 
Un Pacto por la Dignidad
lunes, 19 de octubre de 2020.
 
Archivo
15/10/2020 Por qué tiene razón Pablo Iglesias
12/10/2020 El tsunami que viene
08/10/2020 El roncer y las mentiras
05/10/2020 El Manifiesto y la incompetencia
01/10/2020 Las responsabilidades políticas
28/09/2020 Harto
10/09/2020 El escándalo de la justicia
07/09/2020 Manual de izquierdas para los que viven bien
03/09/2020 ¿De quién depende la estabilidad del Gobierno?
31/08/2020 Despiértame cuando acabe septiembre
27/08/2020 Cosas que un presidente sí puede hacer
24/08/2020 Que nos traten como adulto?
20/08/2020 Y el Gobierno, de vacaciones
03/08/2020 ¿Conferencia de presidentes?
30/07/2020 Nueve lecciones negativas del COVID
27/07/2020 La peligrosa cultura del instante
20/07/2020 Un verano diferente pero que no sea peor
16/07/2020 El derecho de los ciudadanos a saber
13/07/2020 El misterio de porqué estamos todos locos
09/07/2020 Feijóo y Urkullu, por qué van a ganar
06/07/2020 Desescalada contra la concertada
02/07/2020 Libertad, censura y sectarismo en Cataluña
29/06/2020 O es recíproca o no es lealtad
25/06/2020 ¿Y ahora, qué reconstrucción?
22/06/2020 Caritas y el agujero de la crisis
18/06/2020 Allegro ma non troppo
15/06/2020 Ministros absolutamente prescindibles
11/06/2020 Sosiéguese, señor Iglesias
08/06/2020 Y después de los aplausos, ¿qué?
04/06/2020 Imbéciles con síntomas y asintomáticos
01/06/2020 A setas o a rolex
28/05/2020 Viejos a la intemperie
25/05/2020 La sospecha, el rencor y el odio
21/05/2020 ¿Qué hacemos con los colegios en septiembre?
18/05/2020 Irresponsable(s)
14/05/2020 Yo me lo guiso, tú te lo comes
11/05/2020 Prestigiar la política
07/05/2020 Extender la solidaridad: 2 X en el IRPF
04/05/2020 Las residencias de Pablo Iglesias
30/04/2020 El descrédito de la verdad
27/04/2020 Indignado y orgulloso
23/04/2020 Las fracturas de la crisis
20/04/2020 El Covid como una oportunidad
16/04/2020 Menos mal
13/04/2020 ¿Solo lo público nos sacará adelante?
09/04/2020 La Pasión de este tiempo de dolor
06/04/2020 Preguntas que piden respuestas
02/04/2020 La solidaridad, última Casa de Misericordia
30/03/2020 El presidente que no habla con nadie
26/03/2020 Empecemos a hacer las listas
23/03/2020 "Aló presidente" Sánchez
19/03/2020 Otros pactos de Moncloa
16/03/2020 Pasan cosas además del coronavirus
12/03/2020 ¿Quién va a pagar todo esto?
09/03/2020 La vergüenza de Europa
05/03/2020 Educación, otra oportunidad perdida
02/03/2020 Los jueces y la inmunidad del poder
27/02/2020 Coronavirus: una sociedad vulnerable
24/02/2020 Aquí mando yo
20/02/2020 El estado del Estado de Derecho
 
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