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Columna de opinión

Los temporeros

Charo Zarzalejos Charo Zarzalejos
viernes, 31 de julio de 2020, 08:01 h (CET)
MADRID, 30 (EUROPA PRESS) Se habla poco de ellos. La realidad que nos circunda nos invita a estar preocupados por los m√ļltiples y prematuros brotes del covid-19, la incertidumbre extrema en torno al futuro m√°s inmediato nos paraliza a la hora de realizar planes y nos agobia la falta de trabajo y la anunciada y segura severa crisis econ√≥mica. Con toda esta realidad convive otra m√°s silenciosa que apenas si ocupa espacio en las televisiones y dem√°s medios de comunicaci√≥n. Y me refiero a los temporeros.

Son miles de personas procedentes de países más que deprimidos, en su mayoría estados fallidos y en los que la vida parece importar poco o nada. Son personas, hombres y mujeres, que vienen a nuestro país para la recogida de fruta, esa que tanto nos recomiendan los nutricionistas y que tanto nos gusta ver fresca y bonita en las estanterías de los supermercados.

Pues bueno, si no fuera por los temporeros, nosotros, los espa√Īolitos, a quienes al parecer nos duele la espalda con solo pensar en recoger un kilo de melocotones, no podr√≠amos alimentarnos como nos gusta hacerlo. Ellos y ellas, los temporeros, pasan horas en los campos soportando temperaturas t√≥rridas, alejados de sus familias y que vienen porque con lo que ganan, quiz√°s tengan para vivir unos cuantos meses.

Los temporeros vienen a trabajar all√≠ donde, al parecer, espa√Īoles j√≥venes y robustos no quieren hacerlo y lo hacen en condiciones que nos deber√≠an avergonzar. Sin vivienda diga, sin higiene segura... sin nada, casi abandonados a su suerte. Mal viven hacinados en cuchitriles inmundos y ¬Ņsaben?, se me cae la cara de verg√ľenza de s√≥lo pensarlo.

Espa√Īa es un gran pa√≠s, es verdad. Como todos, tiene sus carencias y sus motivos de orgullo pero el trato y condiciones de vida de los temporeros es un agujero negro, una verg√ľenza inasumible que parece hemos aceptado como algo inevitable, algo que ya forma parte del paisaje. Y no, no forman parten del paisaje. Son personas, hombres y mujeres, que por serlo son dignas de un trato justo y humano, de unas condiciones de vida que, efectivamente, garanticen su dignidad.

Hay que dar por hecho que en muchos casos este trato justo y digno se les dispensa por parte de quienes les contratan pero todos sabemos que son los menos. Nos preocupamos mucho del medio ambiente, que est√° muy bien y consideramos que la digitalizaci√≥n es algo urgente para poner en pie la econom√≠a espa√Īola. Nos preocupa, con raz√≥n, el aumento de la obesidad en nuestros ni√Īos y nos quita el sue√Īo el saber cu√°ntos y cu√°ntos espa√Īoles se van a ver en la calle una vez que acaben los ERTES.

Nada de esto nos debe de dejar de preocupar y a todo ello hay que atender pero si me dan elegir entre una playa m√°s o menos limpia y un s√≥lo temporero con mejores condiciones de vida en Espa√Īa, sin dudarlo, elijo lo segundo. Este dilema, en el fondo, es falso. No es necesario elegir. Basta con que por parte de los poderes p√ļblicos se establezca una estricta vigilancia para que estas personas sean tratadas como nos gustar√≠a que nos trataran a nosotros en sus circunstancias; y empresario que no cumpla, que asuma las consecuencias de no dotar a sus trabajadores temporeros de la misma dignidad y cuidado que si dar√≠a si quienes recogieran la fruta fueran espa√Īolitos j√≥venes y fornidos, que de estos hay muchos y comen encantados la fruta que recogen los temporeros.

Muchos de estos temporeros probablemente tengan la edad de nuestros espa√Īolitos j√≥venes y fornidos que a escasos kil√≥metros de donde los que nada tienen y se dejan la piel para tener un poquito, celebran, de manera alegre e irresponsable, botellones ,que en muchos casos, _no digo en todos_ pagan con dinero que reciben de los poderes p√ļblicos, es decir, de usted y de m√≠. Para recoger la fruta ya est√°n los que nada tienen.¬°¬°¬°Verguenza¬°¬°¬°.

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