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Columna de opinión

Parte de guerra

Antonio Casado Antonio Casado
jueves, 26 de marzo de 2020, 08:01 h (CET)
MADRID, 25 (OTR/PRESS) El parte de guerra nos deja camino de los 50.000 afectados y los 3.500 muertos (ya superamos a China). O sea, que la curva de Simón se resiste al aplanamiento, excepto en las líneas referidas al número de fallecidos y de hospitalizados en las Unidades de Cuidados Intensivos (UCI).

Por contra, es alarmante el aumento de infectados entre personal sanitario. Así que toca seguir esperando el pico de la epidemia como los labradores esperan las lluvias de abril y el sol de mayo. Según Fernando Simón, el conocido coordinador de las emergencias sanitarias, ya estamos muy cerca del pico, según declaró en su comparecencia del miércoles.

Puertas adentro son días de introspección individual y catarsis colectiva. El confinamiento será un antes y un después en lo uno y en lo otro. En lo colectivo, todo va a cambiar en el campo de las relaciones internacionales (China asumirá un nuevo papel frente a EEUU y Europa).

En lo personal hemos pasado de la placentera sensación de los inicios a la sensación de desamparo y vulnerabilidad que se ha instalado en nuestras mentes durante el encierro. Una especie de exilio atravesada por "dos flechas abrasadoras", como escribe Albert Camus en 'La Peste'. Una, el deseo de volver atrás. Otra, el deseo de apresurar la marcha del tiempo.

España sigue luchando con desigual acierto en el doble frente contra el Covid-19: el sanitario y el económico, sin que la actuación en un terreno invalide la actuación en el otro. Siempre bajo el mandato líquido de salvar vidas (estado de alarma) perdiendo el menor número posible de puestos de trabajo (planes de choque, avales, exenciones). O, si se quiere, salvando puestos de trabajo sin poner demasiadas vidas en peligro.

De fondo continua larvada la polémica, absurda, a mi juicio, sobre si procede o no procede el confinamiento total de los territorios, lo que significaría el cierre casi tal de la maquinaria productiva, a excepción de algunos servicios esenciales. No llegaremos a eso. Sería una medida redundante, aunque es cierto que lo reclaman setenta científicos en un comunicado público y lo han pedido las Comunidades de Cataluña y Murcia.

Esa polémica tiene su deriva política, pues se han puesto en circulación algunos planteamientos oportunistas sobre los inconvenientes de combatir la epidemia en un Estado tan descentralizado como el nuestro.

Lo malo es que se han producido inocultables faltas de coordinación entre el Gobierno y las Autonomías, sobre todo en abastecimiento de material necesario para combatir el virus.

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