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Columna de opinión

Un bloque de gobernabilidad

Antonio Casado Antonio Casado
jueves, 14 de noviembre de 2019, 08:01 h (CET)
MADRID, 13 (OTR/PRESS) Si no admitieron preguntas en la comparecencia conjunta, cabe deducir que todo está atado y mal atado en el abrazo Sánchez-Iglesias del martes. Pero hemos de razonar a partir del preacuerdo "abierto a otras fuerzas políticas" y cerrado a "quienes defienden el odio y la confrontación entre españoles".

La primera declaración de intenciones (incorporar a otros) sugiere el intento de formar un bloque la gobernabilidad que desborda la mayoría absoluta (hasta 180 escaños) sin el PP (88 escaños). La segunda excluye al independentismo furioso ("independencia o barbarie", gritan sus activistas) y a esa alternativa antieuropea, homofóbica y xenófoba que califica de "golpe bolivariano" el venidero Gobierno de izquierdas.

Ese bloque de gobernabilidad pretendido por los guionistas de Sánchez cuenta con los 10 escaños de Ciudadanos, no con los 13 de ERC. Me consta la voluntad de los negociadores socialistas de atraer al partido naranja, aunque se haya desmarcado oficialmente después de calificar de "nefasto" el preacuerdo PSOE-UP.

No creo que sea la última palabra de un partido desconcertado tras la espantada de Albert Rivera. Muchos de sus dirigentes se llenan la boca hablando de la necesidad de recuperar el centro perdido. Me sorprendería que, llegado el caso, no fueran sensibles al riesgo de que su rechazo suponga empujar a Sánchez a endeudarse con los separatistas de ERC y Bildu.

Hay otros inconvenientes. Ciertas incompatibilidades. La del PNV con Cs por cuenta del foralismo. La de Nadia Calviño con Iglesias (¿futuros vicepresidentes?) respecto a las políticas sociales. O la dudosa adhesión de UP al orden constitucional, en relación con el llamado conflicto catalán.

No son inconvenientes insalvables, a sabiendas de la infinita capacidad de los profesionales de la política para adaptarse a la cruda realidad. Especialmente si es por una buena causa. En estas circunstancias lo exige el reto de la gobernabilidad, divino tesoro, como condición necesaria de la estabilidad.

Por eso no se entiende el rasgado de investiduras porque Sánchez lograse en una hora lo que no quiso lograr en tres meses por su empeño en reforzarse para poder gobernar en solitario. Claro que perdió la apuesta, frívola y un tanto irresponsable. Pero eso ya es llorar sobre la leche derramada. Acabar con la interinidad sigue siendo una asignatura pendiente. Saludemos lo que se proponga en ese sentido. No veo mejor alternativa al bloque de estabilidad que planean los guionistas de Moncloa.

¿Tal vez una coalición de partidos de estricto compromiso con la Constitución? Imposible. El PP ha cerrado esa puerta a cal y canto.

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