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Columna de opinión

Indecisos y debates

Fermín Bocos Fermín Bocos
martes, 23 de abril de 2019, 08:01 h (CET)
MADRID, (OTR/PRESS)De creer a las encuestas, estando ya en puertas de las elecciones, todavía hay cerca de cuatro millones de electores que no tienen decidido a quién van a votar. Irán a votar, pero todavía no saben a quién votaran. Para ése segmento de ciudadanos que puede tener en sus manos inclinar hacia uno u otro extremo el resultado de los comicios los debates pueden ser definitivos. Y, al ser dos, mejoran las expectativas que permitirán a los candidatos llegar con sus mensajes a un número mayor de ciudadanos.

Sobre los debates hay todo tipo de teorías. Aunque no hay dos candidatos iguales y la personalidad de cada uno juega un papel importante, incluso determinante en caso de políticos dueños de una oratoria superior, por lo general, tiende a creerse que suelen vencer aquellos que saben distanciarse de las posiciones maximalistas y procuran evitar los enfrentamientos personales. El público de la televisión, al igual que sucede en los mítines, jalea a los demagogos pero a quienes respeta es a los políticos que exponen con claridad sus ideas y las defienden sin caer en la pedantería.

Que nadie espere del debate a cuatro entre Pedro Sánchez, Pablo Casado, Pablo Iglesias y Albert Rivera, exceso de rigor expositivo porque los candidatos actúan bajo la doble presión de la escasez de tiempo y la tensión que generan los adversarios, pero perderá aquél que pierda el autocontrol y al perder los nervios deje de argumentar con lógica e inteligencia.

La credibilidad del candidato juega un papel importante. Si el político cree en lo que dice, el público será más propenso a creer lo que ve y escucha. Está muy estudiado que la naturalidad a la hora de dirigirse a los espectadores se traduce en capacidad de convicción . El primer objetivo de quienes participan en un debate es conseguir que el espectador pase de mirar y oír a ver y escuchar. De ahí la importancia de la primera intervención y también de la última. Hasta los gestos -el contra plano que muestra el rostro o las manos de quien en un determinado momento no está en el uso de la palabra- juegan un papel importante en la percepción que tiene el espectador. Por lo general, el público rechaza la agresividad. No así la vehemencia a la hora de defender convicciones o posiciones políticas. Es sabido que en todo debate hay vencedores y vencidos. En este caso al estar previsto un segundo debate, que es una segunda oportunidad, quienes erraron de estrategia en su primera actuación pueden intentar corregirla. Teniendo siempre presente la primera regla de oro de los debates: un solo error, anula todos los aciertos. Atentos, pues, a la pantalla.

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