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Será por debates

Rafael Torres Rafael Torres
martes, 23 de abril de 2019, 08:00 h (CET)
MADRID (OTR/PRESS)De los debates televisivos que proliferan éstos días, los electores han de dilucidar no tanto quién está en mejor disposición de resolver problemas, como quién parece el más inclinado a crearlos.

Descartada la presencia de Abascal, que ganaría de calle esa diabólica competición dialéctica por hacernos la vida más difícil, o directamente insoportable, los debates éstos no quedan huérfanos, empero, de catastrofistas, incluso en la modalidad abascaliana de crear o inventarse las catástrofes. Pablo Casado y Pablo Iglesias, tan agresivos, tan rudos, tan sectarios, diríanse especialistas en defoliar el suelo que pisan, pero Sánchez y Rivera también pueden, si los nervios les traicionan en un momento dado, acercar la tea a alguna que otra lata de gasolina. Pero si eso ocurre no es porque debatan, porque intercambien ideas y propuestas, ni porque las expresen con alguna vehemencia, sino porque son actores de un espectáculo que consiste únicamente en atizarse.

A la edad que uno tiene, algo provecta, podría contar con los dedos de una mano los debates de verdad que ha visto en su vida, bien que cargando con el pesar de haber sido partícipe de una porción de simulacros de ellos. El Señor no llamó a los españoles por la senda del debate, y no digamos del debate sereno. Sí de la bulla y del guirigay, consecuencia de no escuchar y de responder a lo que no se ha escuchado. Semejante discapacidad, inocua en las discusiones tabernarias sobre fútbol o coches, resulta desastrosa en lo tocante a la política, el escenario donde nos jugamos la libertad o la opresión, la prosperidad o la miseria, la igualdad o el neofeudalismo rampante, la alegría de vivir o la depresión por tener que hacerlo en una tierra quemada.

Será por debates. Dos en veinticuatro horas. Lamentablemente, lo que nos falta es personal que sepa debatir, que quiera debatir, que pueda hacerlo. O, cuando menos, falta en nuestros partidos políticos, que son quienes debieran suscitarlos y conducirlos, dentro y fuera de ellos, a buen fin, ésto es, a conclusiones acordadas y benéficas para el común. Tan poco debate hay en éstos debates que todo se reducirá, a raíz de ellos, a discutir quién ganó y quién perdió, y así se llegará al día de las elecciones, dándole vueltas a esa porra tardía.

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