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El Podemos del PP

Rafael Torres Rafael Torres
jueves, 6 de diciembre de 2018, 08:02 h (CET)
MADRID, 5 (OTR/PRESS) No desbarran, ciertamente, quienes establecen una analogía entre la relación del PSOE y del PP con Podemos y Vox respectivamente, pero más allá del trazo grueso que pinta a éstos como espacios de confort, o de fuga, para los "indignados" de izquierdas y de derecha, se necesitaría afinar lo suficiente para percibir, junto a los parecidos, las diferencias.

La primera diferencia que salta a la vista, una vez orillada la obviedad de que tanto Podemos como Vox persiguen ideológicamente objetivos totalitarios, bien que de distinto signo, es la estrategia empleada para la consecución de ese fin por cada uno de ellos: en tanto el partido de Iglesias se reputa defensor de la democracia, el de Abascal pasa enteramente, sin complejos y a calzón quitado, de ella. Así, la parroquia electoral de cada uno de ellos difiere radicalmente, pues en tanto la de la formación morada impregna sus votos de la exigencia o la necesidad de una democracia real, aunque de imprecisa nueva planta, la parroquia del emergente partido de ultraderecha parte de la convicción de que el origen de todos los males es la democracia precisamente. En consecuencia, el producto ideológico de consumo rápido que demanda la clientela de Podemos y de Vox, tan disímil, determina la diferente deriva, y eventualmente la peligrosidad, de uno y otro.

Si bien Iglesias y Abascal son dos antisistema que han vivido y viven bien del Sistema, mientras que el partido del primero ha sido ya fagotizado, amansado y asimilado por éste, el de Abascal vive aún del gamberrismo ideológico que le es inherente, pues esa su brutal rusticidad política se ha revelado como el más potente imán para las adhesiones que necesita y que Podemos, más madrugador, ya tiene estabuladas.

Si al PSOE, por su inanidad y aburguesamiento, le salió un Podemos en tiempos de crisis, y entre sus electores se dio una inicial estampida hacia éste, al Partido Popular de Rajoy, demasiado liberal, prudente y consentidor a ojos de sus bases más ultras, le ha salido un Vox en tiempos de otra clase de crisis, y ese es ahora el problema y la amenaza no del Partido Popular, que ve con simpatía filial al hijo espúreo, sino de la sociedad española, que no está, ni política, ni territorial, ni cultural, ni económicamente, para muchos dibujos. Y menos para esos que evocan el haz de líctores, las flechas y el yugo.

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