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De justicia

Julia Navarro Julia Navarro
jueves, 6 de diciembre de 2018, 08:00 h (CET)
MADRID, 5 (OTR/PRESS) No se puede contar la Transición sin el papel trascendente que desempeño el Rey Juan Carlos. Por eso es de justicia que el rey emérito participe en los actos conmemorativos del cuadragésimo aniversario de la Constitución.

En cualquier vida, también en la de los Reyes, hay aciertos y errores, también en la de don Juan Carlos, pero eso no quita para que se le reconozca aquello que hizo bien y que sin su impulso hubiera sido más difícil como fue ayudar a pasar de la Dictadura a la democracia, y por tanto ayudando a empedrar el camino de la Transición que dio lugar a la Constitución.

Por eso es obligada la presencia del rey emérito en los actos que estos días conmemoran aquellos años y causa perplejidad que se haya quienes hubiesen preferido obviar la presencia de don Juan Carlos.

A ningún hombre se le juzga por un solo acto, sino que la mirada debe de ser amplia y así poder evaluar el conjunto de toda una vida. La vida de Juan Carlos I ha estado repleta de sinsabores, aciertos, errores, reconocimiento y gloria. Quizá llegó a sentirse intocable, quizá no supo otear los cambios de paradigmas que se estaban dando en nuestra sociedad y eso le llevo a cometer unos cuantos errores de bulto. Pero esos errores no pueden nublar los aciertos.

No, no podemos olvidar que fue motor en la puesta en marcha de la Transición. Tampoco podemos olvidar que su actuación fue determinante para parar la intentona golpista del 23 de febrero de 1981. Ni podemos olvidar sus cualidades diplomáticas abriendo España al mundo. Desde luego hay que reconocerle que no se rodeó de una "corte" al uso, y que supo empatizar con los ciudadanos. Y no le resulto fácil porque los españoles no le tenían precisamente una gran simpatía sino que le fueron descubriendo poco a poco una vez muerto Franco.

También es de justicia reconocer el papel de la reina Sofía. Ella también era una gran desconocida que poco a poco, de manera natural, se metió a una inmensa mayoría de ciudadanos en el bolsillo. Sobria, siempre elegante, siempre en su sitio, sin una sonrisa de más pero tampoco sin una sonrisa de menos, culta, profesional, doña Sofía ha dejado el listón muy alto sobre lo que significa ser reina.

Y todo esto lo estoy escribiendo yo que soy republicana, y que creo que la Monarquía es un anacronismo. Pero al César lo que es del César. Por tanto a don Juan Carlos y a doña Sofía lo que les corresponde que es el reconocimiento por el papel desempeñado en los años difíciles en que España se intentaba abrir paso hacia la democracia.

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