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Enterarse

ZEN
lunes, 6 de agosto de 2012, 07:47 h (CET)
Cuando alguien no se entera de algo pude ser por diversas circunstancias. Bien porque no tiene capacidad para reconocer el mensaje, bien porque el que emite el mensaje no sabe o no quiere hacerse comprender porque entra dentro de sus intereses que nadie le entienda.

En el Ayuntamiento de Castellón se está sufriendo el que podríamos llamar el Síndrome del “No te enteras de nada”. Nuestros dirigentes se creen unos incomprendidos. No los comprende la oposición, que no se entera. No los comprende el Tribunal Supremo, que no se entera con sus sentencias contra el urbanismo del PP de Castellón. No se entera el TSJ de Valencia, que se ve obligado a ejecutar las sentencias del Supremo. No se entera el Consell Valencià de Cultura cuando recrimina al Alcalde que intente pasar un autobús eléctrico por en medio del Conjunto Histórico Artístico del Parque Ribalta, partiéndolo en dos.

Es posible que los demás “no nos enteremos” de nada porque el PP de la capital no se sabe explicar y sus incomprensibles decisiones nos llevan a tener unos gastos estratosféricos en honorarios de abogados que defienden lo indefendible. O en obras que no servirán para su fin, como son las del TRAM en el Ribalta. O en Planes Generales y Planes Parciales que son reiteradamente tumbados por la Justicia.

Por eso cuando Amparo Marco, la jefa de la oposición en el Ayuntamiento de Castellón, se escucha pleno tras pleno, por boca del Alcalde Bataller, que no se entera. La pregunta es ¿no será que el equipo de gobierno está haciendo denodados esfuerzos para que nadie entienda nada? Si es así, parece que no están teniendo demasiado éxito. Y si lo que ocurre es que no saben explicarse, la Sra. Marco parece que está logrando explicar los desmanes municipales de forma muy clarita.
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Si bien, en esta lucha maníquea entre movimientos que se oponen a la igualdad y sólo buscan la discordia entre los diferentes géneros, un papel clave lo juega el auge del feminismo radical. A grandes rasgos, el feminismo no es una única ideología, sino que se divide en variantes como el liberal, el socialista, el étnico y el radical. Mientras el primero defendía los derechos de las mujeres, el segundo destacaba la opresión de las mujeres de clase trabajadora y el tercero el de las mujeres pertenecientes al mundo postcolonial. Actualmente, el feminismo radical se arroga el monopolio sobre el discurso feminista, convirtiéndose en un pensamiento excluyente y etiquetando como “machista” a todas aquellas corrientes que no comparten la totalidad de sus puntos de vista. El feminismo radical culpabiliza al hombre por el mero hecho de serlo, lo feminiza en su forma de ser y lo funde bajo el signo del patriarcado. En última instancia, el fin de esta versión ultramontana del feminismo es presentar la supremacía de la mujer sobre el hombre como una supuesta y falsa igualdad. No hay que engañarse. El feminismo radical no sirve a la mujer, ni tampoco al hombre. Ha desechado como motivo de su lucha otras causas en las que también está en juego la igualdad frente a la coacción: la violencia en los matrimonios homosexuales (tanto de hombres como de mujeres), la identidad transexual, el maltrato de los niños en el seno familiar, el maltrato del hombre en el hogar, el maltrato de los discapacitados y de las personas mayores por parte de su propia familia. El feminismo radical entiende que esta violencia no existe, que es mínima y que no puede ser comparada con la sufrida por la mujer. En definitiva, el feminismo radical es la gran traición -tanto como el patriarcado- hacia el propio ser humano.

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