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Etiquetas:   La Cosa Pública   -   Sección:   Opinión

Orgulloso del progreso

Ekain Rico
Álvaro Peña
domingo, 3 de julio de 2005, 08:40 h (CET)
A lo largo de todo este año, el gobierno Zapatero nos ha ofrecido una buena cantidad de razones para recordar la diferencia entre izquierda y derecha. Frente al pensamiento único que pretende instaurar la tesis de que las ideologías han muerto, las políticas del gobierno español han conseguido despertar, ya venía siendo hora, el orgullo de sentirse progresista en cada uno de aquellos que, como diría más de un fanático derechista, padecemos esa enfermedad.

Aunque hace escasos dos años nadie lo hubiera podido creer, los gobiernos sirven para algo más que para satisfacer los intereses antropófagos de las multinacionales e, incluso, en casos contados, para hacer justicia social.

Alguien dijo que la política debía ser el arte de hacer felices a los pueblos y, fuera ya de toda discusión más propia de la Teoría del Estado que de un simple artículo de opinión, lo que es innegable es que, quienes defendemos la igualdad entre todos los seres humanos, tenemos motivos para reflejar en nuestros rostros una expresión de felicidad.

La lucha que el ejecutivo Zapatero, respaldado por la gran mayoría de los grupos parlamentarios, ha emprendido en defensa de quienes han venido siendo objeto de discriminación, comienza a dar sus frutos y, sin duda alguna, la ley que permite el matrimonio entre parejas del mismo sexo es, hoy por hoy, su mejor exponente.

Sin embargo, una vez más, la ultraderecha reaccionaria ataca de nuevo. El mismo día que esta ley era aprobada en el Congreso de los Diputados, un centenar de nostálgicos, representados en el hemiciclo por los votos en contra del PP, lanzaban improperios a todo aquel que no pensara como ellos, en una de esas patéticas manifestaciones de quienes se creen, sin que nadie los haya elegido, con derecho a representar a todas las familias españolas.

Sin que la vergüenza les sonroje, la derecha es capaz de negar que aceptar a los homosexuales en la institución matrimonial no es solo bueno, sino necesario para asegurar la no discriminación de este grupo social. El discurso actual del PP se asemeja al de aquellos que, hace pocas décadas, no negaban a los negros el derecho a estudiar en las escuelas, pero sí a que lo hicieran en las mismas que los blancos.

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