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Opinión
Etiquetas:   Artículo opinión  

Responsabilidades penales

Cuando menos, la iniciativa del ministro Montoro, merece el más cerrado aplauso
Ángel Ruiz Cediel
@angelruizcediel
jueves, 19 de enero de 2012, 09:11 h (CET)
El ministro Montoro se ha propuesto que las autoridades políticas que saqueen el Estado puedan ser juzgados por vía penal, y, curiosamente, cuenta con el benepácito, además del cerrado aplauso, de la sociedad, con la única excepción de los políticos de ese anacronismo meramente formal que son las llamadas izquierdas. Incluso muchos de estos políticos se han tirado de los cabellos y mesado las barbas, cosa de lo más natural si consideramos que donde y cuando quiera que han gobernado esto ha sido un sindiós, un saqueo permanente del Erario que nos ha traído a mal traer, además de la ruina, claro.
A quienes tenemos alguna edad ya y vivimos aquellos nefandos tiempos del infumable Felipe González y su cohorte, todavía nos duele el alma de aquel desmadre continuado que comenzara con el Caso Flick y nos condujera a través de sus sistemas de escándalo permanente hasta los famosos Times Sport, BOE, etc., en una interminable sucesión de atracos que fue como estar sentados en la silla eléctrica… ¡funcionando!, a la vez que se perdieron en la tiniebla de esa marabunta miles y miles de millones en profusión incalculable que inundaron los bolsillos de los vivos y los muy vivos. ¿Cómo, por el amor del Cielo, va a querer esta peña que puedan tener responsabilidades penales por sus actos?..., ¡pues faltaría más!

Cosa que en su ausencia se atenuó mientras no gobernaron, pero que se mantuvo en aquellos predios –eso son para ellos sus áreas de gobierno- donde siguieron ostentando el poder, convirtiéndolo en una especie de cortijo en la que han hecho lo que les ha venido en gana con los dineros de todos –el dinero público no es de nadie, llegó a decir una iluminada del PSOE-, llegándoles para lo más disparatado, fondos de reptiles incluidos y chanchullos de todos las clases imaginables. Cosa que multiplicó con el retorno de este Yeti, con Zapatero y su clack, convirtiendo este país en una barra libre donde cualquier sinvergüenza, en vista de que no pasaba nada, se perpetrara la barbaridad que se perpetrara, hizo de su capa un sayo y de los dineros públicos fortunas para sí, amiguetes, troncos, partidarios, parientes y lo que fuera. Saqueo generalizado en que, esta vez, no sólo participaron de pleno aquéllos, sino que se metió en harina toda la ralea política, desde el más burdo concejal de urbanismo de pueblo a los presidentes de autonomías y aún ministros, sindicatos y hasta adláteres de la Casa Real, sobre los cuales las sospechas parecen ser tan fundadas que ahí los tenemos dándose un oreo por los tribunales a pesar de que todavía no están implantadas esas reformas penales, y a los que no lo están todavía, deberían estarlo. El sindiós ya no tenía límites, y el saqueo al que han sometido a España sobrepasa de largo incluso a la locura más irrecuperable. ¿Cómo, por el amor del Cielo, va a querer esta peña, también, que puedan tener responsabilidades penales por sus actos?..., ¡pues faltaría más!

Duele hoy moverse por España y comprobar en vivo en qué se han dilapidado el dinero de todos, y aun los que, no teniéndolos, han pedido prestado para generarnos una deuda eterna. Como los restos de un monstruo antediluviano, por todas partes de la geografía patria amarillean los huesos de ese atropello perpetrado por una clase política indigna de otra cosa que de ser enviados a galeras, no sin antes arrebatarles cada miga de sus propiedades y haberes, fruto sin duda de su sin par sinvergonzonería: aeropuertos fantasma por doquier, polideportivos de astronómicos costos pero sin uso práctico, macroobras faraónicas absurdas, avenidas inundadas de rotondas coronadas por esculturas fruto de mentes retorcidas y sin criterio alguno de lo que es el arte o la estética pero pagadas a precio de oro puro, fondos de reptiles, subvenciones a tronquetes, delirantes palacios de gobierno para alcaldes que debieran usar gorro de papel, hospitales fantasma, universidades ornamentales, metros que llegan a barrios con menos de cien usuarios por día, legiones de subvencionados por pensiones de compra, cohortes de parientes colocados a trasmano en las administraciones…, etc. Una lista interminable que nos lleva nuevamente a la misma cuestión: ¿Cómo, por el amor del Cielo, va a querer esta peña que puedan tener responsabilidades penales por sus actos?..., ¡pues faltaría más!

Estos son nuestros políticos, y no otros. Y, como premio de este latrocinio que nos ha sumergido en la miseria mientras estos miserables se forraban el hígado a base de bien y se lo forraban a los suyos, tarjetas visa ilimitadas, vacaciones de lujo, pensiones vitalicias de un pastón para siempre, y, cómo no, a la hora del retiro puestecito de copiosa retribución y ninguna responsabilidad para seguir viviendo como una maharajá el resto de sus miserables vidas, apenas por haber tenido un carguillo desde el que saquear unos cuantos años, entretanto la población ve cómo le bajan lo sueldos, le suben los impuestos, pierde sus empleos y le alargan la vida laboral hasta la imposible senectud de los sesenta y siete años.

No, por Dios, a esta gente no hay que pedirle responsabilidades políticas, ni siquiera responsabilidades penales, sino que habría que…, en fin, moderándonos un poco, quitarles inmediatamente cada real que tengan, cada propiedad, cada objeto y hasta el aliento, en tanto no repongan el inconmensurable latrocinio que han perpetrado hasta el último céntimo. Sí, sí creo que haya que reformar el Código Penal, y habría que hacerlo de modo que todo esto sea retroactivo desde el inicio de la democracia, para que todos estos que se han servido de nosotros e incluso de nuestro trabajo futuro, no se vayan de rositas, como esos pillos que robaron miles de millones, pasaron un par de añitos a la sombra a cuerpo de rey y ahora son multimillonarios.

Más de mil quinientos de nuestros chicos y titulados superiores han abandonado el país, en muchos casos para siempre, durante 2010, sin duda empujados por la necesidad y la náusea. Los que permanecemos todavía en él, lo hacemos por la necesidad y la náusea también. Algunos, como es mi caso, por suerte, viajamos mucho por el mundo, y, a la vez que nos desintoxicamos de esta cochambre, podemos comprobar en vivo y en directo que la imagen que tienen de España fuera de nuestras fronteras es la del tratantes de blancas, la de los sinvergüenzas, la de los vivos y pandereteros: el hazmerreír del mundo. Algo que para corregirlo hace imprescindible que llenemos algunos penales con esta panda de delincuentes que nos han convertido en esta miseria. Es más, si hubiera entre todos ellos alguno que todavía le quedara algún resto de dignidad –si es que sabe lo que es eso-, él mismo pediría plaza en el más oscuro penal en el que purgar sus gravísimas faltas. Pero no lo harán, claro, incluso intentarán por todos los medios que esa propuesta del ministro Montoro no prospere, y menos ahora que tienen asegurada una vida de indolencia y lujo a costa de pensiones públicas y prebendas incontables. Hasta es posible que el nuevo gobierno les imponga medallas y condecoraciones, como Rajoy ha hecho con la nefanda troupé salientes.

Puedes conocer toda la obra de Ángel Ruiz Cediel: Un autor que no escribe para todos (Sólo para los muy entendidos)
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