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Etiquetas:   La Cosa Pública   -   Sección:   Opinión

Política de Iglesia

Ekain Rico
Álvaro Peña
domingo, 8 de mayo de 2005, 22:30 h (CET)
Más allá de valoraciones de tipo teológico, hoy la Iglesia Católica merece ser criticada desde un punto de vista netamente político. Resulta que, ahora, la Conferencia Episcopal española ha decidido que quienes no cumplan las leyes que a los obispos no les gustan, tienen bula. ¡Habemus bula!

Si ya es en sí vergonzoso, que esta institución de tan rancio abolengo, nos venga a decir lo que se ha de hacer o no hacer en la sociedad civil, mediante un texto de no desperdiciable título: “Acerca de la objeción de conciencia ante una ley radicalmente injusta que corrompe la institución del matrimonio”; peor es que concluyan el mismo con afirmaciones tales como que «En la aplicación de una ley que no tiene fuerza de obligar moralmente a nadie, cada cual podrá reivindicar el derecho a la objeción de conciencia».

Es terrible, sin duda, que la institución eclesiástica venga a meterse en política para hacerle campaña al PP. Pero en realidad, no debiera extrañarnos tanto o ¿acaso hemos olvidado los 40 años de nacionalcatolicismo en los que la derecha fascista gobernó bajo los auspicios del Palio? Aunque lo que queda patente es que, en la actualidad, actuaciones como ésta, no dejan de ser un claro ejemplo de cómo la ultraderecha española, sea en su vertiente política o en su manifestación eclesiástica, no asume los principios básicos ni del Estado de Derecho: sumisión de todos a las leyes; ni del Estado Democrático: igualdad de todos los ciudadanos.

Pero, además, lo que de ninguna manera debiéramos admitir los ciudadanos, es que nos den clases de presunta moralidad, quienes como institución han faltado tantas veces a los principios éticos más básicos. ¿Qué enseñanzas morales puede ofrecer una institución que ha utilizado dinero para acallar los casos de pederastia, a manos de sacerdotes católicos en los EEUU? ¿Qué tipo de obligación moral pueden representar los dictados de una Iglesia que prefiere sumir en el infierno del SIDA a media humanidad, antes de admitir las virtualidades del preservativo?

En definitiva, ya que parece ser que, ahí, es donde les hace verdadero daño, ¿qué hace una institución que no permite la Igualdad en su seno, que discrimina a mujeres y homosexuales, que se entiende a sí misma por encima de toda ley... recibiendo dinero del Estado?

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