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La 'Operación Ostrava' y la derrota del Tercer Reich

Raúl Sánchez Costa / Corresponsal en Europa del Este
Redacción
jueves, 27 de octubre de 2005, 23:45 h (CET)
Se conmemora en estos días el conflicto bélico más sangriento que el hombre ha vivido. La Segunda Guerra Mundial, que estalló el 1 de septiembre de 1939, se cobró más de 50 millones vidas y su huella perdura en las personas que sufrieron la barbarie. El miedo, el hambre y la muerte reflejan el terror de aquellos supervivientes.

El Ejército soviético inició el 10 de marzo de 1945 en Polonia la 'Operación Ostrava' con el fin de capitular la Alemania nazi. Los contigentes soviéticos, en transcurso, tenían que alcanzar la frontera de Bohemia y Moravia, liberar desde el noreste con un ataque frontal Ostrava, seguir hasta la ciudad de Olomouc en Moravia Central, donde el Cuarto Frente Ucraniano se reuniría con el Segundo Frente Ucraniano y emprenderían la marcha hacia el Oeste para liberar Praga. Éste era el plan. 'En caso de rendirse Ostrava, se rendirá Alemania', pronunció Adolf Hilter durante su visita en Moravia en marzo de 1945, puesto que dicha ciudad aportaba al término de la Segunda Guerra Mundial el 35 por ciento de la producción industrial alemana. Tras la recuperación por parte de los Aliados de las zonas industriales del Ruhr y el Rhin, Ostrava se convirtió en la última ciudad donde funcionaban las minas y las fábricas siderúrgicas, cuya industria pesada consitutía el principal suministro para el armamento del Tercer Reich.

Sin embargo, los ejércitos de liberación toparon con una resistencia atroz en el norte de Moravia, puesto que Hitler ordenó a sus tropas que defendieran a todo coste su último bastión. Según explica el experto en los combates por Ostrava, Jaromír Breuer, la Operación fracasó por causas estratégicas. 'Los ejércitos no se encontraban preparados y tampoco se utilizó la suficiente técnica militar. Durante el ataque, el que emprende la ofensiva debe gozar de una ventaja notable, lo que en ese momento no era el caso', aclaró.

Los ataques del Ejército Rojo fueron suspendidos después de que los soviéticos consiguiesen avanzar sólo unos cuantos kilómetros al día debido a la resistencia empedernada del enemigo. El general y posterior mariscal Jeremenko sustituyó al comandante del Cuarto Frente Ucraniano, el general Petrov, tomando el control del contigente. El motivo de este retroceso se debió a que el enemigo estaba alzando desde enero de 1945 en Moravia del Norte un sistema de defensa de unos cincuenta kilómetros de longitud. Para la construcción de los refugios, las barreras antitanque y la excavación de las trincheras, se reclutaron a jóvenes checos de Bohemia y Moravia del Sur, personas que no residían en la región con el objeto de evitar los sabotajes.

Pero la lucha siguió. El mariscal Jeremenko cambió la táctica y decidió la liberación de Ostrava por el noroeste, empleando una maniobra de envolvimiento de cien kilómetros rodeando la ciudad de Opava. 'Ostrava debe ser liberada con las menores pérdidas posibles en la industria', declaró Jeremenko. En ese momento, se concentraron en el campo soviético casi 260 mil militares, número que subió hasta 300 mil, mientras que el Ejército alemán del General Schorner, que reunía a unos 210 mil al principio, ascendió en los siguientes días a 250 mil.

Segunda fase de la Operación Ostrava
La segunda fase de la Operación Ostrava se inició en la vecindad de la ciudad polaca de Zory, el 18 de marzo de 1945. En los combates participó activamente la Primera Brigada Independiente de Carros de Combate Checoslovaca, que contaba con 65 tanques. Casi el 50 por ciento de la Brigada lo formaban los checos de Volynia, cuyos antepasados se habían ido a la Rusia zariana para encontrar una vida mejor. El 15 de abril de 1945, las tropas cruzaron en Sudice la frontera del entonces Protectorado de Bohemia y Moravia. Hitler anunció el 16 de marzo de 1939 en Praga la creación del Protectorado que constituye, actualmente, la República Checa, dejando a un lado Eslovaquia.

Irónicamente, sin embargo, el Ejército alemán no dudó en utilizar a su favor el sistema de fortificaciones de hormigón levantadas por la Checoslovaquia de preguerra como defensa contra el peligroso Tercer Reich. No obstante, el experto Jaromír Breuer asegura que ese desafortunado apoyo indirecto no tuvo una influencia esencial en el transcurso de los combates, con la excepción de que la conquista de las fortificaciones se cobró muchas vidas, sobre todo del Ejército Rojo.

'Yo diría que fue algo importante, pero no pudo detener a los ejércitos atacantes. Cuando se construyó la fortificación en 1938, pertenecía a las más modernas de Europa. Sin embargo, durante los siguientes años, la técnica militar registró grandes progresos, los ejércitos asaltantes tenían más experiencia. Un ejemplo: Las fortificaciones estaban equipadas en el 38 con cañones modelo 36 con un calibre de 47 milímetros capaces de romper el blindaje de los tanques alemanes a una distancia de un kilómetro. Pero con el tiempo empezaron a fabricarse blindajes más fuertes. Esos cañones se continuaron fabricando durante el Protectorado y fueron utilizados durante el desembarco de los aliados en Normandía, pero contra la infantería', afirmó.

Ofensiva roja
Se luchó durante una semana a finales de abril por Hrabyne, un pueblo casi invisible en el mapa, a unos veinte kilómetros al oeste de Ostrava, que proporcionó al Ejército alemán las condiciones perfectas de defensa gracias a su ubicación estratégica en una meseta a 400 metros de altura y bosques densos.

Stanislav Exner, habitante de Hrabyne, que cumplía entonces 10 años, recuerda que todavía antes de comenzar la desafortunada ofensiva del Ejército Rojo se estrelló en un bosque vecino un Messerschmitt alemán (una leyenda de la aviación de combate). El piloto alemán tenía a su disposición durante la recuparación sus heridas en el dormitorio de la familia de Exner, incluso a su propio cocinero, que obsequiaba a los niños con chocolate, o frutas exóticas. Mientras tanto, las primeras granadas caían en Hrabyne a principios de abril, provocando la huída de los habitantes.

'Entonces se decía que el frente estaba en Raciborz, Polonia. Una granada cayó en el cementerio local, otra cerca del actual depósito de bomberos. Allí fue herido un compañero nuestro de la escuela, Felus Krejcí. Le alcanzó la metralla. Todos los habitantes empezaron a prepararse para refugiarse en los sótanos, donde pasamos luego unos quince o diecisiete días. Nuestra casa fue incendiada, tuvimos que huir y al correr por el centro del pueblo junto a la escuela los alemanes nos gritaron 'halt'. Cruzamos la carretera, y allí ya nos gritaron los rusos 'stoj'. El frente pasaba prácticamente por el centro del pueblo', explica Stanislav Exner.
La cronista de Hrabyne, Anna Kozaná, grabó en los anales del pueblo: 'En las pausas del combate, que volvió a estallar por la noche, escuchamos de los campos un llanto y gemidos prolongados de una voz masculina. Allí en la oscuridad había alguien reclamando socorro, pero no era posible salir a ese infierno. A ratos se escuchaban también resonancias y golpeos extraños como si chocaran bolas de cristal contra las paredes de las casas. El día 21 de abril fue muy agitado, y la noche fue aún más horrorosa. Las explosiones eran tan fuertes que la gente tenía que cubrirse los oídos con almohadas. Era el llamado fuego de tambor, 'el afamado órgano de Stalin', que lastimaba terriblemente los nervios y los oídos. La gente se ponía de rodillas y rezaba. En el sótano del palacete el cura dio la absolución sacramental a todos, ya que pensaban que les iba a llegar su hora. El fuego de artillería destruyó la torre de la iglesia, que primero se movió hacia el sur colgando en el aire, y luego se cayó'.

A pesar de escucharse las explosiones de las granadas por las luchas violentas, los niños continuaron saliendo a la calle para jugar 'a la guerra'. 'Cuando regresaba a casa, lo primero que tenía que hacer era mostrar los bolsillos a mi papá. Recogíamos en la calle cartuchos, vainas e incluso pistolas olvidadas', se acuerda Stanislav Exner. Pero los juegos se conviriteron en cruda realidad: 'Un tanque alemán estaba estacionado en el cementerio. Mi hermano mayor tenía trece años, yo tenía diez y mi hermano menor había cumplido los cinco. Un día, al haber calma, nos escapamos del sótano y fuimos a mirar ese tanque. Cuando volvieron a disparar, los dos mayores nos fuimos corriendo y dejamos al pequeño allí. Un soldado alemán lo trajo luego al sótano diciendo: ¡Tomen al chico, nos está saltando sobre el tanque! Simplemente, ya éramos chicos experimentados y no teníamos tanto miedo del frente. Pero luego ocurrió un desastre. Dos chicos, uno de la misma edad que yo y otro que era tres años menor, encontraron una granada de mano alemana. Esa granada de ataque con un asa de madera. Se pusieron a desmontarla. Al tirar del cordel levantaron el seguro de la granada. La explosión les hizo volar a ambos por los aires. Luego también cogimos miedo', prosigue Exner, ahora abrumado de años y tristes recuerdos.

Por otra parte, el piloto de caza Anton Dropa, oriundo del pueblo eslovaco de Lazisko, se incorporó a la Primera División Aérea Mixta Checoslovaca durante el Levantamiento Nacional Eslovaco en 1944, después de desertar del Ejército de la Eslovaquia fascista al campo soviético. En la Operación Ostrava tomó parte desde mediados de abril de 1945 hasta el final de la guerra. El piloto, que tenía entonces 24 años por entonces, manifestó que su 'tarea consistía en proteger nuestros aviones de batalla ante los caza alemanes, para que pudieran lanzar bombas contra objetivos enemigos. Sin embargo, en esa época la Luftwaffe, la aviación alemana, estaba ya tan debilitada que al aparecer sus aviones en el horizonte y tratar nosotros de destruirlos, ellos huían. Suponíamos que eran pilotos jóvenes sin experiencia que temían a los aviones señalizados con la estrella roja soviética'.

Liberación de Ostrava
Los tanques checoslovacos avanzaron desde  Hrabyne hasta alcanzar Klimkovice –en la orilla del río Oder– donde el mando sovíetico les delegó el honor de ser participantes activos en la liberación de Ostrava. 'Tuvimos que vadear el río porque no había allí ni un puente. Logramos encontrar el vado gracias a los soldados que procedían de esa región y lo conocían. El lugar se llamaba 'U Korýtka' - 'A la canaleta'. Antes pasaban por allí las vías, era una cañada cubierta. Así que sin ser descubiertos logramos desplazarnos hasta Ostrava-Zábreh y los alemanes se quedaron espantados porque aparecimos a sus espaldas', relata el coronel Bedrich Opocenský.

Su objetivo consistía en proteger el legendario tanque 051, el primero que cruzó el río Ostravice a través del Puente de Milos Sýkora, el único de Ostrava que los nazis no lograron devolar. Después de la Guerra el puente fue denominado según su salvador, Milos Sýkora, un joven que desactivó los explosivos que habían colocado los alemanes para volarlo por los aires.

Asimismo, Josef Plonka, de Ostrava, hoy de 82 años de edad, era desde el año 1939 miembro de un grupo de resistencia que imprimía carteles antinazis, escribía lemas de protesta y colgaba banderas checoslovacas en los tranvías o los carriles que transportaban el carbón sobre la ciudad. Los alemanes le detuvieron en mayo de 1940 pero después de salir de las cárceles hitlerianas, volvió a incorporarse a las mismas actividades, que además incluían sabotajes. El activista recuerda el día del fallecimiento de su querido amigo, Milos Sýkora:

'El primero de mayo, lo recuerdo como si fuera hoy, apareció en la mina un compañero mío y me dijo: Milos Sýkora murió al salvar el puente. Fue un gran golpe. Conocía a Milos desde que éramos alumnos, él era dos años mayor. Era una persona excelente, modesta. Su cuerpo fue depositado primero en la casa de su madre, que vivía junto al parque cerca del Ayuntamiento Nuevo de la ciudad. El día de su funeral, llevamos su ataúd a la entrada del Ayuntamiento, donde estuvo expuesto por cierto tiempo, y luego le enterramos en el cementerio provisional frente al Ayuntamiento, donde descansaban también oficiales soviéticos. Posteriormente fue exhumado y enterrado en el cementerio central de Ostrava. Hoy la tumba de Milos Sýkora se encuentra en el cementerio de Ostrava Silesiana'.

Las tropas rojas se introdujeron en Praga a primeras horas del 9 de mayo, donde tuvieron que combatir contra la resistencia alemana que aún no reconocía la derrota del Tercer Reich. Las unidades alemanas abandonaron Checoslovaquia y se entregaron al ejército estadounidense para no caer prisioneros de los soviéticos. Desde entonces, Checoslovaquia perteneció a la órbita soviética hasta que cayó el muro de Berlín en 1989.

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