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Etiquetas:   El envés   -   Sección:   Opinión

Agua, sol y viento

Si hemos sido capaces de producir portátiles, no es fantasía desarrollar paneles solares mucho más pequeños para proporcionar la energía más limpia a las necesidades de las poblaciones
José Carlos García Fajardo
miércoles, 4 de mayo de 2011, 06:57 h (CET)
En España, la energía nuclear aporta el 19% de la generación eléctrica total pero las renovables han llegado en el mes de marzo a ser la principal fuente de producción de electricidad.

Con una aportación del 21%, la energía eólica se convirtió en la primera fuente, por delante también de la hidráulica, de los ciclos combinados de gas natural, de la cogeneración; del 12,9% del carbón y del 2,6% de la solar. Y sin emisiones de CO2. Muchos pueblos casi abandonados están volviendo a la actividad social al crearse puestos de trabajo y a disponer de electricidad, de agua y de medios de comunicación que los ponen en contacto con el resto del mundo.

El primer computador electrónico u ordenador fue construido en la Universidad de Pensilvania. Pesaba 27 toneladas, ocupaba 167 metros cuadrados, medía 2,4 x 0,9 x 30 metros, con 160 Kw. Utilizaba 1.500 conmutadores electromagnéticos; Su programa o software, cuando requería modificaciones, demoraba semanas de instalación manual. Este ordenador elevaba la temperatura del local a 50º C. Diseñada con la intención de realizar cálculos de proyectiles, disponía de más de 6.000 interruptores que permitían reconfigurar su programa, en un proceso que podía durar semanas.

Todos conocemos los PC actuales, sus dimensiones, capacidad y posibilidades. En pocas décadas se consiguió este enorme avance para la sociedad y al alcance de miles de millones de personas. Ninguno de los sucesos sociopolíticos y económicos actuales sería imaginable sin estos formidables instrumentos.

En el último siglo, y hasta en la actualidad más inmediata, las fuentes de energía basadas en hidrocarburos, gas y petróleo, su control causa la mayor parte de las guerras más atroces.

Nos hicieron creer que los países del Tercer mundo, a los que arrebatábamos esas materias primas y mano de obra barata, alcanzarían nuestro nivel cuando lograsen su condición de estar en “vías de desarrollo”. Como si el consumismo descabellado fuera un estadio en el proceso del desarrollo, y no una excrecencia del mismo. Padecieron millones de seres humanos, se desertificaron centenares de millones de hectáreas, se contaminaron los mares, el aire y la vida sobre la tierra.

Llegó la energía nuclear y se nos hizo creer que aportaría una energía limpia, duradera y segura. Las catástrofes de Chernóbil en la URSS y de Fukushima en Japón, están demasiado presentes con sus lacerantes resultados.

Se sabía que podríamos aprovechar las energías de fuentes alternativas como el mar, el viento y el sol, cuyas posibilidades son inmensas e inagotables. Pero “no convenía” a los grupos financieros, económicos y políticos desarrollarlas, porque el precio no lo fijaban los mercados sino la escasez y el control de esas materias.

Para colmo, el mar, el viento y el sol, están al alcance de esas muchedumbres que habitan las tierras y mares entre los trópicos. Las gentes más necesitadas, a las que habíamos desprovisto de sus medios tradicionales de vida, son las que más se aprovecharían de esas energías alternativas.

España es el segundo país europeo con más energía eólica instalada, tras Alemania, y el cuarto del mundo. En 2010, China instaló 16.000 MW de nueva potencia de energía eólica, un 62% más que en 2009. Gracias a estos datos, superaba a Estados Unidos y se convertía en el país con más potencia de energía eólica del planeta.

La evolución del primer ordenador digital confirma que es posible transformar los paneles solares en la misma proporción que el de las 27 toneladas a los de 100 gramos actuales en algunos PC o tabletas.

No es fantasía imaginar los inmensos desiertos que circundan la tierra con paneles solares evolucionados, conectados y capaces de proporcionar la energía más limpia a las necesidades de las poblaciones. Resurgirán cultivos, se extenderá la educación general, se dispondrá de recursos sanitarios, de cuidados para las personas mayores y para las dependientes. Los cuatro pilares de un Estado de Bienestar basado en una población adecuada a los medios y a las necesidades, sin sucumbir ante la mayor arma de destrucción masiva: la explosión demográfica.

Podemos si ponemos los medios que nos liberen de la explotación económica y social, como en tiempos nos liberamos de la esclavitud, de la ignorancia y de los fanatismos ideológicos.

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