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Etiquetas:   El minuto más engreído   -   Sección:   Opinión

Bin Laden y la guerra de cuarta generación

De la teoría de la guerra de cuarta generación y cómo Al Qaeda la está siguiendo conscientemente

En la guerra contra el terrorismo es más importante la fibra moral de un pueblo que la muerte de Osama Bin Laden
Felipe Muñoz
martes, 3 de mayo de 2011, 07:40 h (CET)
Carl von Clausewitz continúa siendo el más clásico teórico de la guerra, hasta el punto de que aún es estudiado en las Academias militares.

Claro que las tácticas, las estrategias, los medios tecnológicos y el contexto político han cambiado infinitamente desde el primer tercio del siglo XIX, en el que desarrolló su actividad el militar y filósofo prusiano. Sin embargo, su mantenimiento como clásico actual parece indicar que muchos de sus principios se mantienen.

Qué es la guerra

Fue Clausewitz quien escribió la famosa frase: “La guerra es la continuación de la política con otros medios”. Para él, la guerra, como tal, podía definirse por tres rasgos: 1) Hostilidad y enemistad entre los bandos, que estarían en la base del conflicto. 2) Aplicación de la violencia, en un contexto radicalmente indeterminado y dominado por el azar. 3) Un objetivo político, que se persigue a través del uso de la violencia.

Clausewitz sitúa estos tres elementos, respectivamente, en el pueblo, el ejército y el gobierno. Es decir, la enemistad nacería entre los pueblos enfrentados, la violencia sería aplicada por el ejército y el objetivo político sería fijado por el gobierno.

El sistema de equilibrio europeo

Muchos historiadores sitúan la vigencia de esta definición de la guerra en el contexto histórico de la Paz de Westfalia (1648), que, tras la Guerra de los Treinta Años, impuso un sistema de equilibrio europeo en el que se ratificaba históricamente el monopolio de la violencia por parte del Estado.

Han transcurrido más de tres siglos desde entonces y todo, casi absolutamente todo, ha cambiado. También la guerra. En 1989, un grupo de analistas de defensa de la Marina norteamericana trataron de comprender la evolución de la guerra en la Historia Moderna y definieron el concepto de “guerras de cuarta generación”. Su obra se titulaba “El rostro cambiante de la guerra” y fue publicaba cuando la Unión Soviética se retiraba de Afganistán.

Guerras de primera generación

La primera generación de guerras comenzaría, en la Historia Moderna, con la aparición de las armas de fuego y llegaría a su culminación con las guerras napoleónicas, a principios del siglo XIX. Sus principales características residirían en las formaciones militares lineales y en el orden y la regulación de los campos de batalla.

Guerras de segunda generación

Las guerras de segunda generación empiezan a partir de la Revolución Industrial y, por tanto, de la aparición de los medios para movilizar grandes cantidades de soldados y para multiplicar poderosamente la capacidad de fuego de la artillería.

En esta generación ya toma un importante papel la búsqueda del terror y la desmoralización del ejército enemigo. De ahí, que se produzcan muchos enfrentamientos en los que ambos contendientes descargan toda su potencia y emplean una cantidad de recursos nunca antes vista. Aquí, el ejemplo más claro estaría en la Primera Guerra Mundial.

Guerras de tercera generación

La tercera generación de la guerra se prepara a partir del perfeccionamiento del carro de combate y de la aviación. Se trata, en este caso, de “guerras de maniobra”, que huyen del choque frontal y, a cambio, buscan las debilidades del enemigo, sobre las que, esta vez, descargaran toda su potencia militar.

En consecuencia, el objetivo ya no será tanto la destrucción física del enemigo, como la anulación de su capacidad militar. Esto comporta el desarrollo de rápidas maniobras (guerra relámpago) y la descentralización de la estrategia militar en diferentes centros tácticos. Por supuesto, la principal representante de esta generación será la Segunda Guerra Mundial.

Guerras de cuarta generación

Finalmente, en las guerras de cuarta generación, representadas por el terrorismo actual (pero también por las guerras de “insurgencia” y la “guerra contra el terrorismo”), el campo de batalla se amplía al conjunto de las sociedades enfrentadas. Si ya en la segunda y la tercera generación se iba incluyendo, cada vez más, el ataque a la población civil, las guerras de cuarta generación la toman como objetivo prioritario.

En este caso, las “acciones tácticas” de guerra son llevadas a cabo por unidades operativas muy pequeñas: las células. Éstas no podrán ser mantenidas logísticamente desde ninguna base, por lo que su posibilidad de actuación dependerá, en gran medida, de su capacidad de supervivencia e integración dentro del entorno enemigo.

En las guerras de cuarta generación ya no hay grandes ejércitos (o ya no son operativos), no se producen grandes batallas en formación, ni son válidas las tácticas y las estrategias que se utilizaban cuando un ejército podía identificar inequívocamente a su ejercito oponente. Se trata, entonces, de lo que se ha llamado “la guerra asimétrica”, cuyo mayor representante es el terrorismo actual y, eminentemente, el de Al Qaeda.

El terrorismo de Al Qaeda como guerra de cuarta generación

El terrorismo instaura una situación política en la que resulta difícil determinar la frontera entre la guerra y la paz. No se distingue, tampoco, entre civiles y militares. Por lo demás, la potencia económica de los Estados pierde la relevancia decisiva que tenía, hasta ahora, en las guerras.

Curiosamente, o nada curiosamente, esta teoría de las guerras de cuarta generación cuenta, entre sus defensores, con destacados miembros de Al Qaeda, como el analista Al-Qurashi o el doctor Al-Zawahiri, posible sucesor de Bin Laden.

La impotencia militar y la coartada democrática
Las bases principales de este tipo de conflicto serán, según los propios documentos y declaraciones de la red terrorista, la siguiente:

En primer lugar, atacar al enemigo “en la retaguardia”, en su propio país, tornando irrelevante la potencia militar del enemigo. En este caso, de Estados Unidos o de Occidente en general.

En segundo lugar, lo que se denomina “la llave de judo”. Se trata de utilizar el carácter democrático del oponente contra él mismo. Esto significa, por un lado, aprovechar las libertades democráticas para integrarse y protegerse dentro de los países enemigos. Y por otro lado, el objetivo principal de las acciones "tácticas” será conseguir que los votantes obliguen a sus gobernantes a hacer lo que los terroristas se han marcado como objetivo. Por ejemplo, retirar las tropas de Irak.

Guerra contra el Terrorismo
Como se puede ver, es cierto que estamos inmersos en una Guerra contra el Terrorismo: sigue habiendo hostilidad entre los bandos, profesionales de la violencia y objetivos políticos. Se trata, de todo punto, de lo que Clausewitz denominaba como una guerra, cuyo fin, en este caso, es marcadamente psicológico: convencer al pueblo de que no merece la pena luchar por ciertos objetivos y, a partir de ese convencimiento, en los países democráticos, obligar a los gobiernos a conceder los objetivos políticos que se buscaban.

La idea no es, en absoluto, nueva. Ya desde que Hitler ordenara el bombardeo masivo de Inglaterra, pasando por la Guerra de Vietnam y las actuales de Irak, Afganistán o Libia, las estrategias se basaban, y se basan, en conseguir que el pueblo obligue a su gobernantes a retirarse de un país, firmar una paz, dejar de luchar por un objetivo porque ya no compensa, o conceder una independencia.

Defensa contra las guerras de cuarta generación
Contra estas guerras, llevadas a su máxima expresión por Osama Bin Laden, sólo cabe una defensa, la que mostró Inglaterra en la Segunda Guerra Mundial: la fibra moral de un pueblo. Desde luego, España no la ha demostrado. Ni con ETA ni con Al Qaeda.

Bin Laden ha muerto. Pero nuestro valor moral como pueblo sigue igual. En caída libre.

Con nosotros, los terroristas lo tienen fácil.

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