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Etiquetas:   El crisol   -   Sección:   Opinión

Cuando los zorros se reúnen

Pascual Mogica
Pascual Mogica
martes, 21 de diciembre de 2010, 08:25 h (CET)
Cuando los zorros se están reuniendo para modificar y endurecer las directrices del Pacto de Toledo; cuando se congelan las pensiones; cuando se rebaja el sueldo a los funcionarios; cuando hay empresarios que dicen que los trabajadores tienen que trabajar más y cobrar menos; cuando se van a ampliar los años de jubilación; cuando se quieren ampliar los años de cotización para el cálculo de la pensión y cuando todo pinta muy mal para los españoles de a pie, resulta que van los del PP y se cabrean, y se rebotan porque las Cortes de Castilla La Mancha han aprobado que ningún diputado que sea senador pueda cobrar más de un sueldo como actualmente lo hace la números dos del Partido Popular, María Dolores de Cospedal, que cobra 254.000 euros anuales por la suma de varios cargos. Los del PP no han ocultado el enojo que esto les ha producido y han tachado este acuerdo de “ilegalidad”, de “cacicada” y de “cacería política”, hasta tal punto se irritaron que se marcharon del Pleno sin votar.

La verdad es que suele ocurrir que cuando a quien mucho tiene se le toca el bolsillo el individuo en cuestión suele sublevarse, en cambio aquel que tiene lo justo para ir tirando, cuando lo tiene, suele quejarse menos porque tan acostumbrado está a perder que le sienta mal cuando gana, si es que gana alguna vez.

De todos modos yo no veo mal, como pensionista que soy, la congelación de las pensiones como ha decretado el Gobierno, decreto al que se le une el intenso frío que nos azota lo cual contribuye sin duda alguna a que las pensiones no se “echen a perder” y se “conserven bien” pues sabido es que los alimentos congelados, y las pensiones son la base alimentaria para los jubilados, suelen durar mucho cuando se congelan, dado lo cual tenemos pensiones hasta que nos toque la hora de dejar este mundo cruel. Bueno lo de que las pensiones son la base alimentaria es un decir pues en muchos casos es una plataforma un tanto débil dada la cuantía de la pensión.

Es como cuando los ingenieros técnicos, los aparejadores de siempre, no calculan bien el peso que tiene que soportar la estructura de un edificio, pero en el caso de Cospedal y de unos cuantos “afortunados” más, los cálculos van muy por encima de las necesidades. Vamos, que pueden aguantar lo que le echen. Mientras tanto recordemos aquello que dice: “Reunión de zorros, perdición de gallinas”.

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Si bien, en esta lucha maníquea entre movimientos que se oponen a la igualdad y sólo buscan la discordia entre los diferentes géneros, un papel clave lo juega el auge del feminismo radical. A grandes rasgos, el feminismo no es una única ideología, sino que se divide en variantes como el liberal, el socialista, el étnico y el radical. Mientras el primero defendía los derechos de las mujeres, el segundo destacaba la opresión de las mujeres de clase trabajadora y el tercero el de las mujeres pertenecientes al mundo postcolonial. Actualmente, el feminismo radical se arroga el monopolio sobre el discurso feminista, convirtiéndose en un pensamiento excluyente y etiquetando como “machista” a todas aquellas corrientes que no comparten la totalidad de sus puntos de vista. El feminismo radical culpabiliza al hombre por el mero hecho de serlo, lo feminiza en su forma de ser y lo funde bajo el signo del patriarcado. En última instancia, el fin de esta versión ultramontana del feminismo es presentar la supremacía de la mujer sobre el hombre como una supuesta y falsa igualdad. No hay que engañarse. El feminismo radical no sirve a la mujer, ni tampoco al hombre. Ha desechado como motivo de su lucha otras causas en las que también está en juego la igualdad frente a la coacción: la violencia en los matrimonios homosexuales (tanto de hombres como de mujeres), la identidad transexual, el maltrato de los niños en el seno familiar, el maltrato del hombre en el hogar, el maltrato de los discapacitados y de las personas mayores por parte de su propia familia. El feminismo radical entiende que esta violencia no existe, que es mínima y que no puede ser comparada con la sufrida por la mujer. En definitiva, el feminismo radical es la gran traición -tanto como el patriarcado- hacia el propio ser humano.

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