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Etiquetas:   Entrevista   -   Sección:   Entrevistas

"En España, colarse se considera como algo gracioso, nada indignante"

Esther Tusquets, escritora
Redacción
lunes, 13 de diciembre de 2010, 14:47 h (CET)
‘Pequeños delitos abominables. Catálogo irreverente de buenas maneras’ (Ediciones B) es el último título publicado por la escritora barcelonesa Esther Tusquets en el que plantea "una serie de cuestiones cotidianas que no suelen ser tratadas en los libros, ni siquiera en los medios de comunicación, donde se muestra, entre otros muchos delitos más o menos abominables, la mala educación, la falta de sensibilidad y de sentido del ridículo, el egoísmo, la indiferencia ante el dolor ajeno, la tacañería, la vanidad, el arribismo y la incultura". El título contiene dos vocablos que podríamos considerar contradictorios: pequeños y abominables. "Esas palabras están colocadas ahí a propósito para compensar. ‘Pequeños delitos abominables’, parece indicar que se trata de algo grave y al incluir el adjetivo pequeños, la cosa se suaviza, se relativiza. Siempre me han gustado las paradojas".




Esther Tusquets.


Herme Cerezo / SIGLO XXI

A nuestros antepasados en su educación escolar les impartían una asignatura titulada ‘Urbanidad’, este ‘Catálogo irreverente’ podría ocupar fácilmente su lugar. "Yo pienso que no es necesario. Los niños se pondrían inmediatamente en su contra. Creo que quienes tienen que enseñar la urbanidad con su ejemplo son los maestros". Por lo tanto, este libro no tiene vocación de manual. "No, no pretende ser un manual. Para serlo tendría que estar más ordenado, más completo. El libro trata, simplemente, de temas más bien caprichosos, que nos fastidian la vida y que a mí me han interesado. Cada persona añadiría delitos que no están en mi libro y quitaría otros de los que yo he incluido, porque no los consideraría como tales". Y tampoco obedece a una degradación de la educación en los últimos veinte años en España. "No creo que se haya deteriorado la educación en los últimos veinte años. Yo no tengo una mala opinión sobre la juventud, al contrario. No son tan diferentes de nosotros, únicamente se divierten de otro modo".

La vida, un día tras otro, con su devenir ofrece constantemente circunstancias que nos molestan, pequeños detalles que nos irritan, que alteran la convivencia, como el simple hecho de entrar en una cafetería a tomarse algo. "Algo que me molesta mucho es cuando un camarero no me ve, como si no existiera, como si yo fuera invisible. Tratas de llamar su atención pero él, porque lleva un mal día o por lo que sea, ha decidido ignorarte. Y, francamente, al final piensas que es algo personal contra ti". Tampoco son fáciles de sobrellevar, en ocasiones, las relaciones con los vecinos. "La verdad es que yo me comportaba de un modo antipático con mis vecinos, pero es que había cosas que no comprendía y normas de la comunidad que no compartía. Al final opté por mudarme de casa".

Los temas conflictivos se suceden en el libro. Uno de los avances de la tecnología moderna, que tampoco hace la vida demasiado, es el teléfono. "Hay gente que vive colgada todo el día del teléfono y a mí ese aparato no me ha resultado nunca agradable porque me gusta hablar viendo la cara de mi interlocutor". El teléfono móvil no ha hecho sino acentuar esta molestia. "Con el teléfono móvil te interrumpen en cualquier momento para todo tipo de tonterías. La mayor parte de las llamadas son para que algunos servicios te salgan más baratos o para que te apuntes a cualquier curso. Son muy tenaces: insisten e insisten e insisten ... Cuando viajas en tren, por ejemplo, te enteras de todo tipo de conversaciones de los demás que no te interesan en absoluto".

Algunos ejemplares humanos que se echan a faltar en este Catálogo son los políticos. "Es cierto, los políticos no salen en el libro, los he dejado aparte. Me parecen unos ineptos y podía haber incluido cosas suyas, pero pensé que si hablaba de uno tendría que hablar de todos, porque todos han dicho disparates. Es como si se hubieran grillado de repente". Aunque no sean políticos, tal vez en alguna de las anécdotas que Esther Tusquets relata en su libro puedan reconocerse determinadas personas. "Es difícil, porque algunas de las cosas que cuento son mías y otras no. Las he mezclado y no creo que se puedan reconocer. Ya hubo quien se enfadó cuando publiqué ‘Confesiones de una vieja dama indigna’, mi anterior libro".

Uno de los "atractivos" de la vida laboral moderna son las reuniones. "La gente se reúne mucho y trabaja poco. Las reuniones que sobrepasan los veinte minutos no sirven para nada. En ese tiempo hay de sobra para cerrar un negocio, una fusión o lo que sea". Sin olvidar las jornadas de trabajo intensivas, desarrolladas en marcos diseñados y pensados al efecto. "Cuando dirigía la editorial, por mi cargo tuve que entrar en una multinacional. Aquellas macrorreuniones eran grotescas, ridículas y tampoco servían para nada. Me parecían un horror". Y no podemos olvidar dos temas importantes en la vida nacional, dos vicios más bien: las colas y la falta de puntualidad. "En España las colas no gustan, no hay afición a ellas. Colarse, en lugar de indignación, se considera como algo gracioso, sobre todo si la que se cuela es una mujer y, encima, pija. La impuntualidad es una falta de respecto para el que espera y que a mí me irrita profundamente. En los conciertos y en los teatros, afortunadamente, ya se aplica esa ley de no dejar entrar hasta los entreactos e intermedios".

Hay muchos más asuntos tratados en estos ‘Pequeños delitos abominables. Catálogo irreverente de buenas maneras’. Esther Tusquets, al final del libro, ha escrito una Propuesta de Decálogo para el buen comportamiento de los seres humanos. Como ella misma dice, estas diez normas, igual que los diez mandamientos, se resumen en dos: "Respetarás y amarás lo suficiente al prójimo para que la convivencia entre los hombres sea posible". Así sea.

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