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Etiquetas:   Cristianismo originario   -   Sección:   Opinión

Respetando los derechos de los mas desprotegidos

Ana Sáez Ramírez
Vida Universal
martes, 7 de diciembre de 2010, 09:12 h (CET)
El próximo día 10 de Diciembre es el Día Internacional de los Derechos Humanos, en el que tambien se conmemora el Día de los Derechos de los animales, por ese motivo y en vísperas de las fiestas navideñas, donde millones de animales serán sacrificados para ser servidos como menú navideño, se hace necesario recordar que tanto los Apostoles como Jesús de Nazaret fueron vegetarianos, un dato ocultado por las iglesias institucionales pero que sin embargo ha sido desvelado en los Evangelios Apocrifos descubiertos recientemente.

Esta ocultación nada casual, ha propiciado que en los últimos 2000 años, muchos hombres pasaran y sigan pasando por en­cima de personas y animales, sobre todo si esto no les afecta personalmente. Lo que en determi­nados casos les arroga el derecho a matar a personas (basándose p.ejm. en la teoría de la guerra justa, legítima defensa, etc., desarrolladas por teólogos y juristas católicos como Tomás de Aquino y otros) y por su­pues­to a animales. ¿Pero quién tiene el derecho a quitarle conscientemente la vida al próji­mo, así como también al animal? Solamente el hombre, quién no le ha dado la vida ni al hombre ni al animal, mata la casa del alma que es el cuerpo y mata al animal. ¿Quién le ha dado pues al hombre permiso para hacer esto? ¡Jesús no habló nada de ello!

Actualmente para justificar el asesinato se diferencia entre “matar” y “asesinar”. Sin embargo, según la Ley universal, que es la fuerza que nos une a toda vida dice: lo que el hom­bre haga a otros, se lo está hacien­do a sí mismo. Porque usted mismo qué preferiria ser matado o ser asesinado; posiblemente usted dirá, «me da igual, al final me han quitado la vida». Lo mismo vale para animales que son mantenidos en jaulas para ser matados. Además Dios previó a la naturaleza como el espacio donde los animales deben vivir. El no creó jaulas pa­ra Sus criaturas. Solamente los hombres se arrogan el derecho a encerrar a los animales y hacerles que vivan vegetando en un es­pacio reducido.

Quien haya aprendido a sentir cómo les va a los otros, nota que los animales también sienten de forma parecida a nosotros, pues ellos sienten alegría, dolor y sufrimiento. Y quien desee al­canzar de otro modo la visión viva del destino que sufren los animales, podría situarse en el lugar de la vaca que es cebada o de la ga­llina en la jaula de una granja aví­cola, o en el de un bebé foca que se encuentra tranquila­mente en la orilla tomando el sol y al que se le acercan hombres con garrotes en la mano, que quieren arrancarle la piel. Quizás también se imagina us­ted qué es lo que siente la madre foca cuando vuel­ve de alimentarse y en lugar de su bebé en­cuentra una masa de carne cruda ...

Si las personas deseamos que se respeten nuestros derechos humanos, ¿no deberíamos empezar a respetar los derechos de los más inocentes y desprotegidos ?

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Si bien, en esta lucha maníquea entre movimientos que se oponen a la igualdad y sólo buscan la discordia entre los diferentes géneros, un papel clave lo juega el auge del feminismo radical. A grandes rasgos, el feminismo no es una única ideología, sino que se divide en variantes como el liberal, el socialista, el étnico y el radical. Mientras el primero defendía los derechos de las mujeres, el segundo destacaba la opresión de las mujeres de clase trabajadora y el tercero el de las mujeres pertenecientes al mundo postcolonial. Actualmente, el feminismo radical se arroga el monopolio sobre el discurso feminista, convirtiéndose en un pensamiento excluyente y etiquetando como “machista” a todas aquellas corrientes que no comparten la totalidad de sus puntos de vista. El feminismo radical culpabiliza al hombre por el mero hecho de serlo, lo feminiza en su forma de ser y lo funde bajo el signo del patriarcado. En última instancia, el fin de esta versión ultramontana del feminismo es presentar la supremacía de la mujer sobre el hombre como una supuesta y falsa igualdad. No hay que engañarse. El feminismo radical no sirve a la mujer, ni tampoco al hombre. Ha desechado como motivo de su lucha otras causas en las que también está en juego la igualdad frente a la coacción: la violencia en los matrimonios homosexuales (tanto de hombres como de mujeres), la identidad transexual, el maltrato de los niños en el seno familiar, el maltrato del hombre en el hogar, el maltrato de los discapacitados y de las personas mayores por parte de su propia familia. El feminismo radical entiende que esta violencia no existe, que es mínima y que no puede ser comparada con la sufrida por la mujer. En definitiva, el feminismo radical es la gran traición -tanto como el patriarcado- hacia el propio ser humano.

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