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Etiquetas:   Cristianismo originario   -   Sección:   Opinión

Pasaremos de quitarle importancia al espanto

Ana Sáez Ramírez
Vida Universal
martes, 6 de julio de 2010, 06:10 h (CET)
Cada vez más personas sienten que de año en año nuestro clima cambia con mayor rapidez. Inundaciones inesperadas, olas de calor sofocante y lluvias inusitadas son titulares al orden del día. Pero, ¿es cierto que el clima cambia cada vez más rápidamente?

La Revista Focus publicaba en febrero de 2009 que el cambio climático se acelera: "El recalentamiento global podría ser mucho más fuerte y tener consecuencias más graves de lo pronosticado en 2007 si no se produce una acción decisiva y rápida”. Meses más tarde en el Spiegel Online de septiembre de 2009 se leía: “La superficie del hielo ártico se reduce por tercera vez al máximo desde 1979. Los investigadores están seguros de que ya es imposible su recuperación”. En Agosto nuevamente en Focus: “La crisis mundial del agua se incrementa entre otros motivos a causa del cambio climático. Tan sólo en Asia varios cientos de millones de personas están amenazados de escasez de agua, porque el glaciar del Himalaya se derrite."

Actualmente 884 millones de personas, de los cuales la mitad viven en Asia, no tienen acceso al agua limpia y potable. Al respecto la ONU informó de que 10.000 personas mueren diariamente por enfermedades causadas por el agua contaminada. Ya en marzo del 2009 el investigador del clima Hans-Joachim Schellenhuber de Postdam, cuando se le preguntó sobre cual es la importancia que tienen los investigadores del clima, contestó: "Me temo que un día no muy lejano, pasaremos directamente de una fase de quitarle importancia a los problemas climáticos, a una fase de espanto.”

El octubre de 2009 el biólogo medioambiental Jürgen Schneider dijo en relación al cambio climático, que los gobernantes deberían ir pensando qué van a hacer con aproximadamente 100 millones de emigrantes climáticos cuando se desplacen de sus actuales zonas de vida por sequías, inundaciones o falta de alimentos, algo que dará lugar a un incremento de conflictos bélicos y violencia. Sin lugar a dudas se puede afirmar que ante una fase de espanto, las personas son simplemente inducidas a la huida y los medios de comunicación ya empiezan a hablar de migraciones climáticas ¿podría ser esto una realidad futura? Al respecto en octubre de 2009 el diario TAZ publicaba: "Si los desiertos africanos siguen su avance, en los próximos 50 años tendrán que huir 60 millones de personas”.

Refugiados y desertización pueden ser escenarios dramáticos, a pesar que desde hace 35 años se han dado avisos a la humanidad por medio de la profecía actual a través de Gabriele de Würzburg (Alemania). Hoy día se entiende lo que ya se anunció hace 20 años, una época en la que todavía nadie hablaba de refugiados climáticos o cambio climático. Algunas frases de lo anunciado dan luz al respecto: «La humanidad mantiene todavía muchas cosas externas, de ello se ocupan vuestros políticos y las autoridades eclesiásticas. Todo lo que ya existe se oculta para que los hombres apenas se enteren de ello. Y sin embargo grandes partes de la Tierra se están convirtiendo en estepa. El hambre irrumpe aquí y allá. Muchos seres humanos se ponen en camino para encontrar alimentos, para encontrar otra vez un techo. Al mismo tiempo vienen las catástrofes, no sólo las catástrofes de la naturaleza, sino también las catástrofes de pueblos enteros, pues aquellos que pasan hambre, todos aquellos a los que se les ha quitado lo externo, se vuelven más y más agresivos...»

Por suerte los científicos actuales ya saben que el cambio climático ha sido provocado por el ser humano, algo que se podía haber frenado a tiempo cuando hace más de 20 años ya se avisó a la humanidad del estado dramático al que podría llegar la Tierra si el ser humano no cambiaba su comportamiento, lo que era una llamada al cambio en las personas. Hemos destruido este mundo y no solo con venenos, gases y basuras, lo hemos destruido también con nuestros pensamientos. La fuerza de nuestros pensamientos, los contenidos de nuestros pensamientos y palabras son exactamente igual de venenosos y destructivos que nuestras actuaciones. Un cambio en nuestro “clima interno” que es al fin y al cabo el clima que llevamos en nosotros, es lo que podría hacer que cambie el clima y todo el aura del planeta.

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