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Etiquetas:   Cristianismo originario   -   Sección:   Opinión

Todo lo creado tuvo su origen en un pensamiento

Ana Sáez Ramírez
Vida Universal
martes, 25 de mayo de 2010, 07:39 h (CET)
Es un conocimiento cada vez más aceptado el que los pensamientos tienen fuerza y tienden por sí mismos a convertirse en realidad. Los pensamientos negativos pueden conducir a una persona al fracaso y provocan golpes del destino, enfermedades, necesidades y preocupaciones y por el contrario los pensamientos positivos, desinteresados, elevan a la persona y la trasportan a alturas inimaginables.

Los pensamientos son por tanto fuerzas. Estos tienen distintas formas, cualidades, sustancias y energías, que nos influyen y tienen efecto en nuestro sistema nervioso. En laboratorios científicos se puede demostrar con experimentos que efectivamente los pensamientos son fuerzas. De ello se desprende que nuestro modo de pensar es la herramienta de una fuerza creadora, y no sólo en sentido simbólico, sino muy real. Todo lo que ha sido creado por el ser humano, es decir, todo lo que es material, ha tenido antes su origen en los pensamientos.

Por medio de los pensamientos de las personas, cada objeto ha recibido su forma y su utilidad. Todo lo que hemos creado, pensemos en edificios, obras de artes o maquinas, ha nacido y tuvo su origen en pensamientos, en la mente del hombre, antes de que encontrara su expresión sólida y su forma material.

Nuestros pensamientos son sin lugar a dudas el timonel de nuestra alma y de nuestro cuerpo. Los seres humanos somos al mismo tiempo emisores y receptores de vibraciones de pensamientos elevados e inferiores. Si orientamos nuestro receptor a ámbitos de vida espiritual más elevados, recibiremos también impulsos luminosos y nobles, es decir, vibraciones de pensamientos que nos sostienen y nos preparan para más espiritualidad.

Quien se esfuerza por ejemplo en sentir y pensar incesante de manera noble y pura, recibe por su parte de nuevo ondas de pensamientos nobles y puros, y recibe también la riqueza y plenitud de Dios, pues Dios, la fuerza eterna, emite sin descanso. Quien desee ser conducido e inspirado por este Emisor sagrado, debe orientar su receptor a lo más elevado, a la fuente eterna de energía mediante sensaciones y pensamientos correspondientes.

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Si bien, en esta lucha maníquea entre movimientos que se oponen a la igualdad y sólo buscan la discordia entre los diferentes géneros, un papel clave lo juega el auge del feminismo radical. A grandes rasgos, el feminismo no es una única ideología, sino que se divide en variantes como el liberal, el socialista, el étnico y el radical. Mientras el primero defendía los derechos de las mujeres, el segundo destacaba la opresión de las mujeres de clase trabajadora y el tercero el de las mujeres pertenecientes al mundo postcolonial. Actualmente, el feminismo radical se arroga el monopolio sobre el discurso feminista, convirtiéndose en un pensamiento excluyente y etiquetando como “machista” a todas aquellas corrientes que no comparten la totalidad de sus puntos de vista. El feminismo radical culpabiliza al hombre por el mero hecho de serlo, lo feminiza en su forma de ser y lo funde bajo el signo del patriarcado. En última instancia, el fin de esta versión ultramontana del feminismo es presentar la supremacía de la mujer sobre el hombre como una supuesta y falsa igualdad. No hay que engañarse. El feminismo radical no sirve a la mujer, ni tampoco al hombre. Ha desechado como motivo de su lucha otras causas en las que también está en juego la igualdad frente a la coacción: la violencia en los matrimonios homosexuales (tanto de hombres como de mujeres), la identidad transexual, el maltrato de los niños en el seno familiar, el maltrato del hombre en el hogar, el maltrato de los discapacitados y de las personas mayores por parte de su propia familia. El feminismo radical entiende que esta violencia no existe, que es mínima y que no puede ser comparada con la sufrida por la mujer. En definitiva, el feminismo radical es la gran traición -tanto como el patriarcado- hacia el propio ser humano.

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