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Etiquetas:   Cristianismo originario   -   Sección:   Opinión

Preparativos de Navidad

José Vicente Cobo
Vida Universal
martes, 15 de diciembre de 2009, 03:15 h (CET)
La fiesta del amor se ha convertido el la fiesta de la matanza

¿Cómo se prepara la celebración del cumpleaños de Jesús? Atiborrando y sacrificando cruelmente a aquellos que Le acogieron cuando nació, a los animales. ¿Creen de verdad que con ello Le están dando una alegría, Le están haciendo un buen regalo de cumpleaños?

Terneros, gansos, pollos, patos, ciervos, jabalíes y conejos entre otros son torturados y asesinados para estos días, yendo a parar a nuestros platos como pedazos de cadáveres preparados de forma exquisita. Cada año mueren unos 345 millones de animales para satisfacer el paladar de las personas. En este sentido la Navidad es la fiesta más señalada del año, por darse las cotas más altas de asesinatos a los animales. Un perverso punto culminante de la gula humana.

Jesús vino al mundo entre los animales. Ellos fueron los únicos que dieron cobijo a María y a José. Para conmemorar este hecho cada año ponemos el belén con una vaca y un buey mirando al Niño Jesús. ¿Cómo se ha consolidado este hecho en el occidente cristiano? ¡En agradecimiento y conmemoración de este suceso los animales son devorados por la cristiandad!, rindiendo homenaje al dios de la matanza.

La Navidad se ha convertido en una fiesta cruel, en un culto en el que son sacrificados muchos animales. Las Iglesias institucionales son responsables de esto, pues aseguran que los animales no tienen alma y por tanto pueden ser devorados sin escrúpulos. ¡Además la mayoría de las autoridades eclesiásticas disfrutan mucho comiendo los pedazos de cadáveres de animales bien condimentados!, ¿No es macabro comerse precisamente en Su cumpleaños a aquellos que estuvieron en El?

Justamente la fiesta de la Navidad, el nacimiento del gran Espíritu en el niño Jesús, debería de ser un símbolo para nosotros, pues El nació entre los animales. Los animales le acogieron, no las personas. ¡Acojamos a los animales en nuestro corazón! Dejemos vivir al mundo animal y sentiremos lo que significa la Navidad: La gran fiesta de la Luz. La gran fiesta de la unidad. Entonces encenderemos las velas, miraremos la luz y nos preguntaremos “¿qué quiere Dios?”. El quiere que cumplamos las legitimidades de la vida y encontremos el camino hacia la vida, que son los Mandamientos de Dios, las enseñanzas de Jesús, el Cristo. Así se engrandece el corazón – también para la Madre Tierra con todas sus muchas formas de vida, para las plantas y para los animales.

¡Estas Navidades no coma animales!, ellos son nuestros hermanos menores. Dejémosles vivir pues ellos llevan en sí la respiración que proviene de Dios al igual que la de los hombres. No cometan maldades, destruyendo una parte de su propia vida interna, matando y comiendo animales. Dios nos ha dado a las personas la naturaleza y los animales para que volvamos a encontrar la unidad, pues todo lo que Dios visualizó y creó nos es dado desde la gran unidad del amor. Acabe también usted con la locura de asesinar y matar en Navidad y rehúse del pedazo de cadáver de animal en su plato. Hay especialidades vegetarianas deliciosas en las que no hay que matar a nadie. ¡Regale una vida por Su cumpleaños, a Aquel que nació por hombres y animales!

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Banalización

Si bien, en esta lucha maníquea entre movimientos que se oponen a la igualdad y sólo buscan la discordia entre los diferentes géneros, un papel clave lo juega el auge del feminismo radical. A grandes rasgos, el feminismo no es una única ideología, sino que se divide en variantes como el liberal, el socialista, el étnico y el radical. Mientras el primero defendía los derechos de las mujeres, el segundo destacaba la opresión de las mujeres de clase trabajadora y el tercero el de las mujeres pertenecientes al mundo postcolonial. Actualmente, el feminismo radical se arroga el monopolio sobre el discurso feminista, convirtiéndose en un pensamiento excluyente y etiquetando como “machista” a todas aquellas corrientes que no comparten la totalidad de sus puntos de vista. El feminismo radical culpabiliza al hombre por el mero hecho de serlo, lo feminiza en su forma de ser y lo funde bajo el signo del patriarcado. En última instancia, el fin de esta versión ultramontana del feminismo es presentar la supremacía de la mujer sobre el hombre como una supuesta y falsa igualdad. No hay que engañarse. El feminismo radical no sirve a la mujer, ni tampoco al hombre. Ha desechado como motivo de su lucha otras causas en las que también está en juego la igualdad frente a la coacción: la violencia en los matrimonios homosexuales (tanto de hombres como de mujeres), la identidad transexual, el maltrato de los niños en el seno familiar, el maltrato del hombre en el hogar, el maltrato de los discapacitados y de las personas mayores por parte de su propia familia. El feminismo radical entiende que esta violencia no existe, que es mínima y que no puede ser comparada con la sufrida por la mujer. En definitiva, el feminismo radical es la gran traición -tanto como el patriarcado- hacia el propio ser humano.

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